Marín resucita en manos de Peña Nieto


El exgobernador poblano acudió a la gira del presidenciable como invitado especial


Para el otrora mandatario hubo de todo: lugar especial, presentación pública, abrazo, plática, aplausos y rechiflas. El precandidato único no escatimó atenciones para el priista que logró la animadversión de propios y extraños


Selene Ríos Andraca



Su figura diminuta ensombreció la primera visita de Enrique Peña Nieta a Puebla. Mario Marín Torres, el exgobernador investigado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el hombre que le entregó Casa Puebla a la oposición se exhibió desfachatado de la mano del presidenciable priista en el hotel Presidente Intercontinental y el Centro de Convenciones.


La presencia del exgobernador poblano provocó el encono entre algunos priistas que le recibieron con rechiflas y abucheos y entre los líderes de Nueva Alianza, al grado que Gerardo Islas y Guillermo Aréchiga determinaran que su partido se ausentara de la gira, por lo que la cuestionada y criticada alianza PRI-Verde-Nueva Alianza quedó coja en plena visita del presidenciable.


Para el otrora mandatario hubo de todo: lugar especial, presentación pública, abrazo, plática privada, aplausos y rechiflas. El precandidato único a la Presidencia no escatimó atenciones para el priista que logró en un sexenio la animadversión de propios y extraños.


Enrique Peña Nieto evidenció su ignorancia sobre la coyuntura política en Puebla, al revivir al hombre que se ganó la animadversión de los poblanos por la violación de los derechos humanos de la periodista Lydia Cacho y por imponer al candidato a la gubernatura que concluyó con la gran derrota priista en los comicios de 2010.


La consideración de Peña Nieto para Mario Marín fue innegable. Además de invitarle a la reunión de la “unidad priista” y de sentarle en un lugar privilegiado en la mesa principal del evento privado, le agradeció públicamente su apoyo ante unos 5 mil seguidores en el Centro de Convenciones.


Peña Nieto dejó atrás el gran escándalo que envolvió a Marín y que le valió el mote del “góber precioso”; omitió la necedad del exmandatario por imponer a Javier López Zavala en la candidatura pese a ser el peor posicionado entre los cuadros priistas. Y sin más revivió al “precioso”, cuyas apariciones públicas desde que dejó el cargo han sido casi nulas.


Con su acostumbrada chamarra negra de cuero y como en los viejos tiempos, custodiado por su séquito de seguridad, arribó Mario Marín al hotel Presidente Intercontinental. Su llegada captó la atención de los medios de comunicación, pero el exmandatario se rehusó a soltar una sola palabra.


Los encargados de la seguridad de Marín provocaron un caos en las escaleras del hotel. Los reporteros trataron de entrevistar al exmandatario y en su intento, dos periodistas gráficos resultaron lesionados, mientras que las preguntas: “¿Cómo será su participación en la campaña de Peña Nieto?, “¿No cree afectar la imagen de Peña Nieto?” y muchas más quedaron en el aire.


Más tarde, unos 5 mil simpatizantes del tricolor se dieron cita en el Centro de Convenciones para la toma de protesta de la estructura territorial, donde Enrique Peña Nieto aseguró que los gobiernos de derecha han incrementado la violencia, el desempleo y la pobreza.


Mientras Peña Nieto saludaba a algunos de sus fans, el orador principal presentó a los “miembros distinguidos” del presídium: Melquiades Morales Flores, José Luis Márquez, Enrique Doger, Blanca Alcalá Ruiz y los exgobernadores Guillermo Jiménez Morales y Mario Marín.


El nombre de Mario Marín tuvo una respuesta dual: unos cuantos aplausos recibieron al otrora gobernador pero las rechiflas desde la explanada del Centro de Convenciones —armada con pantallas gigantes— hasta el salón La Luz arroparon a la diminuta figura de Mario Marín, que desde la segunda fila del presídium se puso de pie y esbozó su extraña sonrisa forzada.


En vano fue tratar de sacarle alguna palabra a Mario Marín. Acostumbrado al asedio de la prensa y entrenado para ignorarla, el priista pasó entre el tumulto de reporteros, con las grabadoras en la boca y las cámaras sobre su rostro, sin decir una sola palabra en respuesta a los cuestionamientos.


La “unidad priista”


En la mesa principal de la reunión con la élite priista poblana se encontraban: Juan Carlos Lastiri, Mario Marín, Enrique Doger, Javier López Zavala, Blanca Alcalá, Jorge Estefan Chidiac, Jorge Juraidini, Lucero Saldaña, Fernando Morales y Enrique Agüera, el aspirante “tapado” al Senado de la República.


Los oradores del evento fueron Lastiri, Melquiades Morales, Claudia Hernández y el propio presidenciable, quien pidió el apoyo de sus correligionarios para mantener la unidad y para construir las candidaturas que le acompañarán en los comicios del próximo 1 de julio.


Ninguno de los presentes emitió un discurso memorable. Claudia Hernández, Melquiades Morales y Juan Carlos Lastiri llamaron a la “gran familia” a priista a mantenerse unida en torno a Peña Nieto y a evitar las traiciones intestinas.




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