Popócatl, la fiel escudera de Lalo


Su carrera ha sido un apéndice del destino de Rivera


La ahora acusada de quebrantar la equidad en la contienda interna del PAN por la estafeta presidencial ha recorrido los cargos públicos y ha ocupado las sillas estelares de la cúpula panista gracias a un solo hombre, el alcalde capitalino


Selene Ríos Andraca


Leonor Popócatl Gutiérrez tiene la cruz en su frente con las iniciales de Eduardo Rivera Pérez. El ascenso inédito de la profesora de Atlixco obedece a su obediencia ciega para el alcalde capitalino. Donde esté Lalo Rivera, a su derecha está Leonor Popócatl.


La ahora acusada de quebrantar la equidad en la contienda interna del PAN por la estafeta presidencial ha recorrido los cargos públicos y ha ocupado las sillas estelares de la cúpula panista gracias a un solo hombre, al único que obedece: Lalo Rivera.


La estrecha relación entre ambos nació en la elección presidencial del 2000, cuando Eduardo Rivera llegó al Congreso de la Unión como diputado plurinominal e invitó como suplente a Leonor Poócatl, quien apenas tenía ocho años de militancia en las filas albiazules.


Leonor Popócatl era una profesora de primara en Atlixco y empleada en el PAN municipal de Atlixco. En el trienio de Salvador Escobedo su vida dio el giro esperado, ingresó al Cabildo como regidora bajo las siglas de Acción Nacional.


En 2003, Popócatl ya había construido una modesta estructura y llegó al Congreso del estado en la última legislatura de Melquiades Morales. Su paso por la Cámara habría pasado desapercibido, pero la salida de Ángel Alonso Díaz Caneja para convertirse en diputado federal, la encumbró a la coordinación de la bancada del PAN.


Como bancada de oposición, en la era melquiadista, el PAN fue una “perita en dulce” para el mandatario. La mayoría de las iniciativas, reformas, leyes, cuentas públicas y propuestas del Ejecutivo fueron aprobadas por unanimidad.


En pleno escándalo Marín-Cacho, Eduardo Rivera desapareció de la faz de la tierra. En plena efervescencia sobre el presunto pacto entre el exlíder nacional del PAN, Manuel Espino, con el gobernador Mario Marín para que ganara Felipe Calderón la votación en la entidad poblana, Lalo Rivera era un simple fantasma pese a ostentar el cargo de presidente del PAN.


El argumento de su desaparición fue “estudios en el extranjero”, mientras Leonor Popócatl se ocupaba de la Comisión de Elecciones del Comité Directivo Estatal del PAN, cargo en el que ha sido ratificada en tres ocasiones, gracias a que se alinea a los designios nacionales o presidenciales.


A su regreso del extranjero, Eduardo Rivera arribó al Congreso local como líder de la bancada panista y a su derecha, Leonor Popócatl, quien asumiría el liderazgo del grupo parlamentario cuando Lalo buscó la alcaldía capitalina en 2010.


Desde la coordinación, Lalo Rivera y Popócatl asumieron el costo marinista, al aprobar la reforma para blindar las cuentas públicas del exmandatario, con el objetivo de que la mayoría priista aprobara sus ejercicios fiscales para evitar que el nuevo gobierno se encargara de calificarlas.


Como presidenta de la Comisión de Elecciones, Popócatl hizo a un lado la equidad en la contienda interna por la candidatura al gobierno del estado en 2010. Aunque fue Ana Teresa Aranda la primera en solicitar su registro y en presentar sus firmas de miembros activos y adherentes, la hoy funcionaria municipal fingió demencia hasta que llegó Moreno Valle.


El objetivo de su omisión fue, según las declaraciones de Anatere en aquellos días, que si se tenían que invalidar firmas fueran las de ella y no las del hoy gobernador poblano.


La suerte de Popócatl ha estado dictada desde su llegada al partido. Con tres años de militancia obtuvo la regiduría en el primer gobierno panista en Atlixco y desde 1997 ha sido consejera estatal del PAN.


Actualmente con Eduardo Rivera en el Ayuntamiento capitalino, Popócatl descendió de coordinadora del grupo parlamentario panista en el Congreso a secretaria particular del único alcalde panista en Puebla que ha jurado amor incondicional a Josefina Vázquez Mota.




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