Mafias internacionales dominan en AICM


El análisis de funcionarios vinculados con tareas de inteligencia de la terminal señala que paralizan sistemas de seguridad, dependiendo del servicio


María Idalia Gómez/ 24 Horas


Dejar de revisar las maletas de un vuelo procedente de Centro y Sudamérica, no verificar los documentos de pasajeros internacionales, evitar el movimiento de cámaras en horarios determinados, son los servicios que las mafias internacionales pagan a funcionarios del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.


Los montos que pagan esos grupos a agentes de la Policía federal, Aduanas, Procuraduría General de la República (PGR) o Migración varían dependiendo del servicio que presenten, explicó a partir de un análisis, un funcionario vinculado a las investigaciones en la terminal aérea.


Estos servicios pueden ser proteger el tránsito de personas que ingresan ilegalmente, drogas, armas, la salida de dinero en efectivo, animales en peligro de extinción o contrabando de productos.


Los delitos en los que participan funcionarios federales -advirtió la misma fuente- forman parte de la operación de grupos internacionales radicados en Colombia, Venezuela, República Dominicana o Perú, y que están ligados con cárteles de México y que se dedican a esos delitos en el territorio y en Estados Unidos o Europa.


“Es tanto el poder de estos grupos -explicó el funcionario-, que tienen la capacidad de impedir que los equipos dejen de funcionar en determinados horarios, que el personal no realice sus supervisiones en la panza de los aviones o a las maletas de diferentes vuelos, o que las cámaras dejen de enfocar ciertas áreas en determinados momentos”.


Aeropuertos parecidos


Estas mafias también operan, comentó, en las terminales aéreas de países de embarque, como Venezuela, Honduras, Guatemala, Colombia o República Dominicana, lo que permite que los “cargamentos” ilegales transiten por líneas aéreas.


“No se debe pensar que los delitos que se comenten en el aeropuerto están desligados de operaciones de grandes grupos, lo que sucede en el aeropuerto es parte de la estrategia de esos grupos.


”Es una operación bien articulada y seguramente muy bien pagada, porque permite, por ejemplo, que los agentes de diferentes corporaciones dejen de supervisar vuelos completos procedentes de Venezuela, Honduras, Perú o Bolivia; incluso hay días que los perros no olfatean casi maletas, los fines de semana pocas supervisiones se realizan”, comentó el funcionario del gobierno consultado.


El problema es muy grave, sostiene otro exfuncionario que conoce del sistema aeroportuario, y siendo un punto de seguridad interior, debería atenderse con urgencia.


“Hay mucho dinero de por medio y todos los cárteles del narcotráfico operan en ese y otros aeropuertos de México y de Latinoamérica, lo cual es posible si no hay una vigilancia y supervisión adecuada, y en México eso no ha querido ser resuelto a pesar de los diagnósticos y de las soluciones que se han ofrecido”.


Malos resultados, por falta de supervisión


La falta de supervisión de unos 300 elementos de la Policía federal, la dependencia con más agentes en el aeropuerto del Distrito Federal y los únicos que están armados, ha permitido que prácticamente tome el control de la seguridad de la terminal aérea y, sin embargo, no reportan resultados eficientes de su trabajo.


De acuerdo con testimonios recabados 24 HORAS, los agentes que dependen del área de Seguridad Regional de la Policía federal, a cargo de Luis Cárdenas Palomino, se manejan y comportan como “dueños” del aeropuerto, sin respetar los protocolos de seguridad en las áreas de bandas, arcos, ingresos internos y externos, los recorren en contraflujo, no permiten revisiones a su persona o pertenencias o autorizan ingresos de personas ajenas a la operación de las instalaciones.


“En materia de seguridad podríamos decir que los federales se han apropiado de las instalaciones y no hay autoridad que se les ponga enfrente, que les haga contrapeso, ponga orden y se les pueda supervisar”, comentó un exfuncionario de la terminal aérea.


Otro exservidor público que llevó a cabo distintas investigaciones dentro de la terminal aérea, aseguró que no existe supervisión ni control de los agentes, contra quienes hay denuncias de extorsiones y se han recibido denuncias anónimas que los vinculan con cárteles de la droga de Sinaloa, las cuales han sido enviadas a la Secretaría de la Función Pública y la PGR, sin que se conozcan resultados.


“Los agentes federales operan en la impunidad, no respetan las reglas y manuales de seguridad interna, y en cambio son capaces de entrar o salir por cualquier ingreso, detener a supuestos sospechosos para extorsionarlos y generalmente resultan ser extranjeros sin documentos. Ocurre de todo en el aeropuerto y no se hace nada”, sostuvo el funcionario.


La Policía federal, por ejemplo, cuenta con elementos destacados en las áreas de control de cámaras, que supervisa gran parte de los edificios terminales, y se omitió hacerlo público semanas atrás, cuando fueron asesinados tres de los agentes de la corporación, y sólo se acusó a personal del aeropuerto.


Pese a que existe un gran número de cámaras que abarcan los lugares más concurridos, existen espacios “negros” que no cuentan con estos mecanismos y que se ubican en las bandas, las pistas y puertas de acceso al aeropuerto. Al final, hay áreas solas y sin vigilancia.


También ocurre, añadió, que los agentes federales brindan “apoyo” a personas para salir de la terminal aérea de forma rápida y saltando, prácticamente, todos los controles.


“Existen reportes de traslados, irregularidades de pasajeros de una sala de llegada internacional a una nacional sin autorización, o de personas de las que dicen tienen cargos o algún tipo de importancia y aceleran su salida dándoles facilidades para pasar por los puntos de revisión, contraviniendo todas las normas, y nadie les puede decir nada porque tienen todo el poder”, explicó el funcionario de gobierno.


Historia repetida


En los años 80, la entonces Policía Judicial Federal controlaba la seguridad en la terminan aérea, y con ello el tráfico de maletas con cocaína, por los que cobraba a los cárteles en dólares.


Esta operación se realizaba desde la banda de vuelos internacionales y se reportaba al entonces jefe de Policía, Arturo Durazo.


Más tarde, llegaron al aeropuerto los agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), quienes realizaban la misma operación pero sacando las maletas con cocaína directamente de la plataforma, hasta que la oficina fue cerrada.


La Policía Federal de Caminos entonces tomó el control y recibía la droga en maletas que bajaba desde las plataformas, las metía a sus patrullas y las sacaba del aeropuerto.




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