Se fajan Peña y AMLO


-Crónica-


Martha Anaya/24 Horas


¡Qué cosa, por momentos parecía que estábamos viendo un partido de futbol. Y no cualquier partido, sino la final. En la sala de prensa del World Trade Center, más de 100 periodistas seguían con gritos, risas, burlas y exclamaciones el debate en el que se trenzaron Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.


Porque fueron ellos dos -el candidatos del PRI y el de las izquierdas- quienes al final de cuentas atraparon la atención, mientras la figura de Josefina Vázquez Mota se difuminaba a medida que levantaban vapor el mexiquense y el tabasqueño, y aunque en la parte final intentó la panista volver por sus fueros, se topó con rudas respuestas de Peña que la pusieron en su lugar.


Prácticamente nada de lo que se decía ante las cámaras tenía que ver con las preguntas que planteaba la conductora. Se salieron del guión a placer, cosa que tenía realmente sorprendido al candidato de Nueva Alianza, Gabriel Quadri. Pero precisamente eso fue, la rebeldía de los actores, lo que puso la sal y la pimienta al debate.


¿Quién ganó, quién perdió? En una rápida encuesta entre los propios periodistas al final del debate recogimos esta impresión: Peña Nieto queda “tablas”, Andrés Manuel gana puntos, Josefina pierde y Quadri gana también.


Tales impresiones no eran compartidas del todo por los equipos de campaña de los candidatos, ni por sus invitados. Obviamente, cada grupo se decía ganador al salir de las instalaciones, y tenían a sus propias porras aguardándolos a las afueras, cantando sus respectivas victorias.


Pero en la sala de prensa, mientras escribíamos estas líneas, el ambiente era sabroso, intenso. Se destacaban varios hechos y momentos:


Las primeras carcajadas las arrancó López Obrador cuando habló del grupo de poder creado por Carlos Salinas, con personajes que tienen yates, dijo, “que cuestan el equivalente a 18 mil Tsurus”. Fue aquí que las risas resonaron.


El primer golpe contra Peña fue de Josefina -inmediatamente después de las risas que arrancó el tabasqueño-, con un “me sorprende la posición del candidato del PRI” (siempre se refirió así a Peña, nunca por su nombre). Se refería a su posición en torno a la competencia y a su oposición a las reformas, particularmente la laboral.


Nada grave hasta ese momento. “Golpecillos” apenas frente a lo que escenificarían más adelante Peña y Andrés Manuel, ante el aliento contenido de los líderes de los partidos: Pedro Joaquín Coldwell (PRI), Gustavo Madero (PAN), Jesús Zambrano (PRD), Luis Castro (Panal); de los coordinadores de las campañas: Luis Videgaray, Roberto Gil Zuarth y Ricardo Monreal.


Igualmente, prácticamente al borde de las sillas, personajes como el rector de la UNAM, José Narro, el exrector Juan Ramón de la Fuente; Xóchitl Gálvez, Miguel Osorio Chong, Marcelo Ebrard, Carlos Alberto Pérez Cuevas, Miguel Ángel Mancera, Beatriz Paredes, Pablo Gómez, Jorge Emilio González, Arturo Escobar, Mónica Arriola, Enrique Jackson, Agustín Ortiz Pinchetti, Ernesto Cordero, Cecilia Romero y muchos más.


Poco después, Quadri volvería a calentar la arena al sacar una gráfica sobre el aumento de la corrupción en el país en los últimos 12 años. Un país, desde entonces, “doblemente corrupto”, diría.


Y luego vendría la mejor parte: Al dicho de AMLO que ya tanto conocemos de que las televisoras querían imponer ahora al presidente de la República, Peña sorprendería con su respuesta y provocaría también las risas de los compañeros: “si la televisión hiciera presidentes, usted sería presidente. Como jefe de gobierno destinó más de mil millones de pesos a comunicación social”.


López Obrador no dejó pasar aquello. Dijo que mostraría luego cómo Peña Nieto gastó 600 millones de dólares tan sólo en su primer año como gobernador, y agregó una frase que volvió a hacer reír al respetable: “¡no nos dejemos apantallar, nos puede llevar al despeñadero!”


Entraron entonces a buscar láminas uno y otro. Dieron la espalda a la cámara, López Obrador mostraría una al revés, luego corregiría. El tiempo los rebasaba a uno y otro. Peña decía que tenía que responder por partida doble -a Josefina y a López Obrador- mientras que sus contrincantes tenían el doble de tiempo puesto que eran dos.


Otro gran momento fue cuando Peña le sacó a relucir a López Obrador las pillerías de gente tan cercana a él como Bejarano. López Obrador respondería que Bejarano había purgado cárcel, que Ponce seguía en el reclusorio; en cambio el exgobernador Montiel “está aquí”. Ese golpe levantó murmullos.


Duro por ambos lados. Tablas, terminarían entre ellos.


La parte más fuerte y constante que se llevó Josefina fue gracias a lo que Cordero sacó a relucir durante la campaña interna del PAN: las ausencias de Josefina en la Cámara de Diputados. Josefina devolvería con el caso Paulette: “sigue el misterio”.


Pero terminaría con un descontón la panista porque en un momento dado Peña la invitó a ir con él personalmente a verificar que había concluido sus compromisos en el Estado de México. Josefina contestó: “aprecio la invitación, pero eso es lo que no quiero para México, alguien que pida que se le venga a revisar la tarea”.


Lo que ya no esperaba era una respuesta en este tono: “si no puede revisar la tarea, no la califique. Los mexiquenses ya lo hicieron”.


Ese sí fue descontón. Bueno, al menos así se vio desde la sala de prensa.




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