"Confusión", balacera de Tres Marías

10:22

Los policías federales implicados en la persecución y balacera a diplomáticos de EU son 13, no 12


Milenio

 

Mucho tuvo que ver el hallazgo, el jueves de la semana pasada, de las últimas piezas del caso Tres Marías, y el subsecuente cruce de información entre las autoridades y gobiernos implicados, en el magnífico ánimo que mostraron antier el embajador de Estados Unidos en México, Anthony Wayne; el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, y en especial el presidente Felipe Calderón, durante la inauguración del nuevo penal federal en Sonora: Dos misteriosas camionetas particulares que fueron fotografiadas en la escena donde quedó la de placas diplomáticas que fue balaceada, y que, desde la mañana del explosivo incidente, no aparecían, están ya en manos de la Procuraduría General de la República, así como otros tres agentes de la Policía Federal, uno de los cuales, el de mayor rango, cometió la estupidez de entregar uniformados a la PGR a los 12 que se encuentran arraigados, cuando en realidad iban vestidos de civil y con la sola chamarra de la PF. Ni “emboscada” ni “operativo de sicarios” ni “crimen organizado” ni el refrito que hizo el martes la agencia AP de una volada sin fuentes en La Jornada sobre supuestas ligas de los federales con los Beltrán Leyva, pero sí, cuando menos, inaudito uso excesivo de la fuerza. La averiguación previa de la PGR incluye ahora la información obtenida por la Unidad de Asuntos Internos de la Policía Federal, y declararon ya ministerialmente nuevos agentes implicados en el incidente, entre éstos una mujer. Asimismo, cuenta ya con los testimonios de otras personas que tuvieron conocimiento de los hechos. Con las nuevas evidencias, la PGR confirma que los policías no forman parte de ninguna organización criminal, y que no fueron 12 sino 13 los que participaron en la persecución y balaceo a la camioneta; también que el porta placas del vehículo les impidió ver su condición de diplomático y que, por ser azules, como las del estado de Morelos, supusieron que se trataba de un transporte local. Asimismo, queda claro que los federales de la Estación Tlalpan, DF, como se dio a conocer en estas páginas una semana después del suceso, en cumplimiento de su deber, se afanaban en un operativo de localización de los secuestradores del director de Protocolo del Instituto Nacional de Antropología, Salvador Vidal Pérez Flores. Cuando la procuradora Marisela Morales dijo que se requería de un equipo especial para analizar los videos con que cuenta la PGR, se refería a que en ellos ha sido imposible ver las placas de las dos camionetas que habían estado buscándose, sobre todo en el estado de Morelos. Se trata de una Chrysler verde botella con placas del Estado de México que condujo un suboficial y que, se sabe ahora, estuvo durante los tres días inmediatos a los hechos estacionada… frente a las instalaciones de la Delegación Tlalpan de la PF, al otro lado de la autopista México-Cuernavaca, y que al cuarto día fue llevada a un taller de reparaciones. También de una Nissan X-Terra amarilla propiedad de otro de los policías, a quien se la pidió prestada un superior jerárquico para utilizarla en la búsqueda de los plagiarios. Este segundo vehículo no aparecía porque otro suboficial, después de la balacera, le pidió guardarla, cosa que hizo en la casa de su mamá en el estado de Hidalgo. La dificultad para localizar estas dos unidades alimentó en la PGR y en las autoridades estadunidenses la sospecha de que fuesen de probables “sicarios”, y alimentó las especulaciones periodísticas que desdeñaban lo único cierto: los policías las utilizaron en la búsqueda y localización de verdaderos integrantes del crimen organizado. Se sabe ya también que, considerando el tipo de terreno agreste donde se toparon con la camioneta que balacearían, presumieron pudiera tratarse del vehículo que acababan de robarle al funcionario del INAH secuestrado y liberado en esa zona (Salvador Vidal). Mañana en este espacio, paso a paso, el detalle de lo sucedido ese viernes en Tres Marías en que, como afirmaron 10 días después los secretarios de Marina y Gobernación, por “errores” pero sin intención homicida, en una lamentable y bochornosa confusión, se suscitó el caso que los insidiosos denostadores del secretario Genaro García Luna han insistido en explotar para demoler su imagen pública, así como la de la institución policiaca que construyó de la nada, la menos desconfiable de todas las que hay en el país.


 
 
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