México detrás de Turquía en impuestos más elevados

11:15

La política tributaria de Ankara convierte algunos productos en los más caros del planeta

 

ABC

 

El pasado 4 de octubre, Ömer Faruk Sönmez completó la solicitud para el Libro Guinness de los Récords como consumidor del petróleo más caro del mundo. «Nuestros precios son superiores a los de Noruega, un país próspero», explicó este ciudadano, quien no aclaró si la petición iba en serio o era una original forma de protesta.

 

Técnicamente, tenía razón: desde principios de mes, Turquía es el país en el que el litro de combustible es más caro de todo el planeta. La comparación con Noruega, además, es sangrante: el país escandinavo tiene una renta per cápita anual de 100.000 dólares, mientras que la turca es diez veces inferior.

 

Y eso a pesar de que Turquía tiene asegurado el suministro desde el norte de Irak y Azerbaiyán, e incluso tiene un pequeño yacimiento en la región de Batman, en el sureste del país.

 

El problema, sin embargo, son los impuestos. Con un gobierno propenso al gasto público, y con una evasión fiscal rampante, el país recauda de donde puede, gravando algunos productos «no estratégicos» o de alto rendimiento impositivo, como la gasolina, el alcohol, el tabaco, los vehículos y la telefonía móvil.

 

Esto está dando lugar a extraños récords: la gasolina, por ejemplo, ha subido de precio nueve veces desde principios de año, hasta los actuales 2,08 euros por litro. Cifras «insultantes» Más insultante para algunos turcos es que el «raki», la bebida nacional turca, sea el segundo más costoso del mundo, tan sólo por detrás de Gran Bretaña, donde es una bebida importada más bien exótica.

 

Pero, con los sucesivos incrementos al precio del alcohol en los últimos años, ahora una botella de 70 centilitros cuesta unos 22 euros, mientras que en el vecino Irak, por ejemplo, apenas llega a 8, y en Siria, Azerbaiyán y Macedonia, 9,5. Lo mismo sucede con la telefonía.

 

La Asociación Internacional de Telefonía Móvil (GSMA) publicó un informe el pasado mayo en el que los consumidores turcos pagan los impuestos proporcionalmente más altos del planeta.

 

En 2011, las tasas supusieron el 48,2 % del precio total de propiedad, mientras que la media mundial fue de apenas el 18,2 %, por lo que, según este grupo, la penetración de la telefonía móvil en este país está muy por debajo de los países europeos y vecinos.

 

Esta práctica impositiva ha sido duramente criticada desde el sector empresarial, que considera que convierte los productos en anticompetitivos. «Con la última subida de impuestos, la proporción de impuestos indirectos en Turquía se aproxima al 70%.

 

En los países de la OCDE, la media es del 30%, lo que muestra que una proporción muy pequeña de contribuyentes paga las facturas de los servicios públicos», se quejó recientemente Ümit Boyner, directora general de la Asociación de los Negocios y la Industria Turca (TÜSIAD), la principal agrupación de empresarios del país.

 

«Lo peor del incremento de impuestos indirectos es que hace retroceder los intentos de combatir la economía informal, e incluso la promueve. A medida que se incrementa la proporción de impuestos indirectos recaudados en la economía registrada, se daña el concepto de libre competencia», aseguró.

 

«Bajar los impuestos será bueno para los consumidores, bueno para el gobierno y bueno para la industria», asegura Gabriel Solomon, jefe de Política de Regulación de GSMA, cuyo estudio indica que una tasación menor incluso repercutiría positivamente en las arcas del estado en fecha tan temprana como 2015. Para la directora de TÜSIAD, sin embargo, la situación actual es simplemente «insostenible, puesto que golpea de forma desproporcionada a aquellos con bajos ingresos».

 

Por ahora, el piadoso gobierno de Recep Tayyip Erdogán ha conseguido que muchos buenos musulmanes no sólo beban menos alcohol, sino que también fumen menos (algunos islamistas, como la ONG «Yesilay», o «Creciente Verde», consideran pecaminoso también el consumo de tabaco).

 

El problema, para los asesores de Erdogán, es que la doctrina islámica no tiene nada en contra de que los creyentes usen el coche o el teléfono móvil.


 
 
Todos los Columnistas