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Peña Nieto y el abandono al priismo poblano




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Durante meses insistió en el punto.

Llegó a convertirse en un axioma.

 

 

Se repitió hasta el cansancio: “el gobierno de Peña Nieto quiere recuperar Puebla”.

 

 

Se argumentó que el gobierno federal y su comandante preparaban una gran estrategia, una enorme embestida con la intención de recuperar Puebla para su partido.

 

 

El orgullo y el optimismo priista se desbordaron: “ahora sí, ya tenemos con quien recuperar el estado”.

 

 

Comenzaron a ver de manera diferente el escenario local cuando vaticinaban “el morenovallismo tiene los días contados”.

 

 

Uno de esos entusiastas y optimistas priistas fue precisamente el Rector Enrique Agüera Ibáñez, quien veía que podía surfear en cualquier playa montado sobre esa “ola fabulosa” llamada Enrique Peña Nieto.

 

 

Ese fue el principal argumento que el doctor Agüera consideró para lanzarse al barranco… digo a la aventura política de buscar el Charlie Hall.

 

 

Si Enrique que es un académico pensante cayó bajo los influjos de la borrachera de 2012, ¿qué podemos esperar de los priistas que piensan con las diferentes vísceras, léase estómago, hígado, riñones?

 

 

El rector cayó deslumbrado bajo las presuntas “bondades” del copete triunfador.

 

 

Esa es la descripción precisa: durante meses en Puebla se vivió una borrachera peñanietista.

 

 

Sin embargo, de manera lenta pero constante el axioma comenzó a fracturarse, a fisurarse.

 

 

Algo comenzó a ocurrir, algo que el priismo poblano aun no atina a descifrar.

 

 

Peña Nieto venía a Puebla, hacía giras, pero su mano no se sentía, no había una política precisa, ni una estrategia federal en la entidad.

 

 

Era como un tour turístico; mucha forma y poco fondo.

 

 

Los priistas comenzaron a pensar que la estrategia era a mediano plazo. Pero la mano del presidente de la República simplemente no se hacía sentir en Puebla.

 

 

Mientras tanto en la otra esquina del ring no dejaban de trabajar.

 

 

El morenovallismo con un ojo monitoreaba al gobierno federal y con el otro seguía vigilando la estructura local.

 

 

Poco a poco el gobernador Moreno Valle fue dibujando su estrategia: mantener el control del congreso y las principales cabeceras municipales.

 

 

Para ello necesitaban de una alianza como la de 2010.

 

 

Cuando el régimen morenovallista lanzó la estrategia para consumar una mega coalición con los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática y Nueva Alianza, la respuesta del gobierno de Peña Nieto fue insulsa.

 

 

Inexistente.

 

 

Caso contrario ocurrió en el estado de Veracruz.Cuando el gobernador Javier Duarte de Ochoa se encontró con la intentona de una coalición de la misma naturaleza, lanzó un embate político y jurídico para impedirlo.

 

 

Y entonces si contó con el apoyo irrestricto del gobierno federal.

 

 

¿Por qué razón ese mismo gobierno federal que en Veracruz se mostró inflexible, en Puebla se ausentó?

 

 

Los tricolores locales aún no saben la respuesta.

 

 

Como otra evidencia del abandono de Peña Nieto al priismo poblano están las escuálidas delegaciones federales entregadas.

 

 

El gobierno federal, a través de las delegaciones, pudo convertirse en un frente desde el cual impulsar y respaldar candidaturas.

 

 

Pero el gobierno de Peña Nieto dejó las delegaciones en un impasse. Entregó algunas, pero todo indica que con la indicación de mantenerse ajenos al proceso electoral.

 

 

Así vemos el cuadro de Vega Rayet en Sedesol, Germán Sierra en Conagua, José Alarcón en la SEP en un espectáculo dantesco de inmovilidad política.

 

 

Los pocos delegados federales no están operando.

 

 

Vaya ni Nancy de la Sierra conocida por su singular enjundia está metiendo las manos.

 

 

A siete meses del arribo de Peña Nieto aún hay delegaciones federales en manos de panistas.

 

 

¿Cómo puede explicarse esta indiferencia del presidente de la República Enrique Peña Nieto hacía su partido político en Puebla?

 

 

Pues… ¿no que quería recuperar la entidad?

 

 

Hasta este momento no existen evidencias reales de que el gobierno de EPN quiera efectivamente recuperar Puebla.

 

 

Ni en el discurso, ni en los hechos se ha mostrado esa intención.

 

 

Aparentemente ya existe un acuerdo tácito, no expreso, entre Peña Nieto y Moreno Valle.

 

 

Un acuerdo en el que indiscutiblemente el gobernador poblano será el gran triunfador el próximo 7 de julio.

 

 

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