Tuesday, 24 de November de 2020


¿Quién fue el traidor? ¿Fernando Morales o Pablo?




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En su momento fue defenestrado. Incluso multi señalado.

La tarde del domingo 25 de noviembre de 2012, en una atropellada rueda de prensa Fernando Morales Martínez declaraba su salida del Comité Directivo Estatal del PRI. En ese momento el linchamiento se desató, se desbordó.

 

 

Se aseguró que a Fernando Morales lo estaban expulsando de la dirigencia por sus nexos con el gobernador Rafael Moreno Valle y porque era “un traidor” al partido.

 

 

Durante semanas la campaña en su contra continuó.

 

 

En fechas inmediatas Pablo Fernández del Campo entró en relevo a la presidencia del tricolor.

 

 

Desde entonces se especuló ¿quién urdió la unción de Pablo?

 

 

Desde un inicio la señalada fue su protectora de siempre: la senadora Blanca Alcalá Ruíz, quien lo llevó a ese cargo para apuntalar su proyecto político personal.

 

 

Aún en medio de la apacible calma política del mes de diciembre de 2012 eran notorias las carencias de Pablo Fernández del Campo.

 

 

Un remedo de líder que adolece del conocimiento y de las facultades para dirigir un partido a nivel estatal.

 

 

Fueron nulas sus giras por el interior de la entidad, nunca se reunió con los comités municipales de Zacapoaxtla o de Ajalpan. No realizaba diagnósticos de la situación partidista en Huauchinango o en Acatlán de Osorio.

 

 

Pablo simplemente se sentó en el escritorio mayor del PRI estatal y ahí recibía a los que tenían la suerte, la fortuna de encontrarlo. Porque muchas veces ni siquiera se encontraba en el inmueble.

 

 

¿Qué hacía Fernández del Campo en esas largas horas de ausencia?

 

 

Nadie lo sabe aún.

 

 

Lo cierto es que nunca se preparó un esquema de análisis, de evaluación y de diagnóstico partidista.

 

 

Pablo nunca comprendió, jamás asimiló que la dirigencia de un partido inicia en la medición de las condiciones del mismo.

 

 

Sólo se dedicó a deambular por los pasillos de la frivolidad política.

 

 

A la banalidad con que Fernández del Campo tomó las riendas del tricolor, se sumó el autoritarismo ramplón de Fernando Moreno Peña, quien actuó de la misma manera.

 

 

Fernando se encerró en su oficina del PRI y desde ahí encabezaba largas reuniones que comenzaban en triviales análisis y luego de largas horas terminaban en lo mismo.

 

 

El delegado del Comité Ejecutivo Nacional, al igual que el presidente estatal, no realizaba giras por el interior, ni auscultaban a los probables candidatos a diputados locales.

 

 

Sólo estaban enrolando una cadena de superficiales reuniones de las que ninguna conclusión emanaba.

 

 

Sólo la incapacidad o la ligereza no podían ver lo que se estaba gestando: una enorme catástrofe priísta.

 

 

Los resultados del 7 de julio indican que la frivolidad y la irresponsabilidad de Fernández del Campo fueron más allá de lo previsto.

 

 

En toda la entidad la coalición 5 de Mayo sólo pudo obtener 3 diputaciones. Y en un caso, fue por mera casualidad.

 

 

Y hoy las voces, las auténticas voces priístas señalan a un solo responsable: al fatuo Pablo Fernández del Campo.

 

 

Con la perspectiva de las elecciones de 2012 y 2013 conviene hacer las siguientes preguntas:

 

 

¿Quién fue realmente el traidor al priismo?

 

 

¿Fue Fernando Morales Martínez o Pablo Fernández?

 

 

¿Quién entregó mejores resultados a su partido?

 

 

¿De qué le sirvió al PRI las bravatas de Pablo en contra del gobernador Moreno Valle?

 

 

Fernando Morales obviamente nunca entró en puja con el Ejecutivo estatal porque entendió perfectamente que era tarea vana.

 

 

Empero Pablo y Fernando creyeron que lanzando balandronadas los haría tener una mejor “identidad” priísta.

 

 

Quedan estos datos para el análisis del proceso 2013.

 

 

Quienes recorran el interior del estado escucharán frecuente, constantemente una frase: “Estábamos mejor con Fernando Morales”.

 

 

Los mismos priístas lo dicen.

 

 

Estamos as sus órdenes en [email protected], sin mx.

 

 

 

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