Saturday, 08 de August de 2020


La historia maniquea




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Siempre he señalado que uno de los más graves problemas culturales de nuestro país es la nefasta forma en que nos enseñan la historia nacional en el sistema educativo mexicano.

Incluso en la transición a la democracia (del segundo lustro de los noventa a la fecha), la historia de México se siguió contando desde una perspectiva maniquea, ya en los libros de texto gratuitos, en la información que fluye por la web, en las inefables láminas de papelería. Traigo esto a colación por las recientes declaraciones en las que se pretende crucificar a Vicente Fox respecto a su opinión de Benito Juárez y aclaro: no pretendo defender a Fox, pues como panista debo decir que nos ha causado una gran decepción, pero en el tópico específico de Juárez no está tan equivocado en el mensaje implícito: el oaxaqueño fue un hombre de carne y hueso, con defectos y virtudes, y no un santurrón con busto de bronce como lo promueven algunos sectores sociales.  

 

 

El maniqueísmo no se reduce a la figura de Juárez, sino desde la conquista o la independencia. En este último caso, se celebra una lucha que nunca tuvo el objetivo de independizarnos de España por el hecho de ser una nación libre, sino por el efecto de alejarnos de la influencia afrancesada que se respiraba en la península a raíz de la deposición de Fernando VII. Una lucha que inició un cura cuya formación y estilo de vida coincidía con todo, menos con la de un hombre entregado a Dios: librepensador y pecador estándar. Hidalgo era un hombre común al que, en el mejor de los casos, le debemos el arrojo de aventurarse en una lucha sin cuartel contra los españoles sea cual fuere el motivo que lo haya impulsado.

 

 

Como sea, festejamos el aniversario independentista tomando como eje el año de 1810; quizá sea por la proscripción histórica a la que ha sido sometido injustamente Agustín de Iturbide como consumador de la independencia, al que sin saberlo honramos al menos en Puebla cada que degustamos un chile en nogada por estas fechas. O bien, por la proclividad de Porfirio Díaz de homologar su cumpleaños con la fecha en la que Hidalgo inició el movimiento, aprovechando el parangón del calendario para que el país festejara en grande –por eso se festeja la noche del 15 y no el día 16, porque Díaz celebraba su onomástico el día 15 y era el día que había que festejarlo-.

 

 

Después de todo, México sigue acostumbrado a venerar las contradicciones y las verdades a medias. La historia que nos enseña el gobierno produce una profunda incapacidad de análisis del contexto en el que se desenvolvieron los personajes históricos y prefiere optar por la memorización –a veces ni eso logra- que concluye con la exaltación de unos y la defenestración de otros. Cual mural mexicano del siglo XX –Castillo Peraza dixit-, la historia divide en una línea imaginaria que parece dividir entre los que nos dicen que fueron “malos” y los que nos recuerdan que debemos alabar por haber sido los “buenos”. Tajantemente señalo que no es un asunto de triunfadores o vencidos, porque por ejemplo Hernán Cortés venció a los indígenas pero como la calidad de indígena es sociológica y políticamente destacable, Cortés es el malo del cuento. Hidalgo perdió y fue rápidamente nulificado por los realistas, pero como necesitamos un padre de la patria –al menos iconográficamente lo pintan siempre como una persona de edad avanzada aunque vigoroso, calvo prematura y cabello blanco- está del lado de los buenos.

 

 

Algunos esperábamos que un cambio fundamental de los gobiernos de transición desde el año 2000 se verificara en el ámbito de la interpretación histórica. En lo particular, estaba expectante de que las nuevas políticas educativas derivaran en el entendimiento de nuestra historia, sus causas y efectos, sin atavismos ni maniqueísmos. No sucedió así y por ello comentarios como el de Vicente Fox causan tanto revuelo. Juárez tuvo un gran acierto: consolidó el Estado mexicano en su faceta republicana, expulsando a los invasores franceses que aspiraban a instalar una monarquía. Claro que no lo hizo de manera gratuita, pues entregó mucho de su capital político a Estados Unidos, que lo apoyó a cambio de negociaciones turbias como el famoso Tratado Mc Lane-Ocampo. Benito Juárez fue presidente de México, con cosas buenas y malas. Y ni se debe anatemizar a Fox (por este tema, porque el de la legalización de la mariguana es otro cantar) ni se le debe aplaudir. A nuestro país, insistimos, le urge una revisión histórica a partir del sistema educativo nacional.

 

 

 

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