Monday, 10 de August de 2020


Una reforma sin mucha energía




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La semana pasada, el presidente Enrique Peña Nieto envió al Congreso de la Unión el paquete de reformas en materia energética que teóricamente impulsa el sector en el país por los próximos lustros, si no es que décadas. Sin embargo, la redacción e idea fundamental de la propuesta del gobierno federal está basada en la primera mitad del siglo XX, con Cárdenas como Presidente. En efecto, para proyectar a México al futuro, nos basamos en el pasado.

Ahora bien, el pasado cardenista no se trata de cualquier pasado: en principio, el General Cárdenas gobernó al país hace ya 73 años. La friolera de 73 años, por sí misma, pone los pelos de punta sobre todo si se esperaba que la reforma energética viera francamente hacia el futuro. Pero independientemente de lo rancio de la propuesta, lo cierto es que la propuesta de aquel lejano 1940 fue de Lázaro Cárdenas, uno de los peores presidentes de la república mexicana pero que cuenta con el beneplácito de la romántica historia oficial que se produce por millones en las estampitas de papelería. Son tres por lo menos los tópicos por los cuales será recordado Lázaro Cárdenas como un mal presidente, a saber: 1) la expropiación de la industria petrolera; 2) la promoción de la educación socialista en la Constitución Política Mexicana y; 3) el impulso del ejido. Dejamos el tema petrolero al final, por ser el que nos convoca al presente artículo, y vamos con la educación socialista y los ejidos de la infame reforma agraria.

 

 

En cuanto a la educación, Cárdenas impulsó la reforma al artículo 3º constitucional desde el inicio de su mandato, para determinar que la educación fuera socialista y ajena a cualquier doctrina religiosa, alejada de todo fanatismo. La Constitución mexicana fue la primera de toda Latinoamérica en recoger principios socialistas para la educación. El socialismo, doctrina que cercena los derechos humanos y libertades del pueblo, fue promovido por Cárdenas y afortunadamente corregido en lo que hace a la educación posteriormente. Imagine usted, querido lector, a los maestros obligados a enseñar a los niños los principios de Lenin, Marx, la revolución rusa, la lucha de clases, la dictadura del proletariado y otras lindezas.

 

 

En lo que respecta al programa ejidal, Cárdenas destrozó el país para congraciarse con los campesinos y acallar las protestas y reclamos históricos justos del campo mexicano. En un intento –según Cárdenas- de organizar el trabajo en el campo, dividió al país en 18 millones de hectáreas, dando propiedad común a los campesinos en los ejidos con una supuesta capacitación técnica y apoyo financiero que nunca se reflejaron en tierras productivas. El ejido, al ser de todos, nadie lo procuraba y se violentaba un derecho humano fundamental: la propiedad privada. Otro fracaso más del cardenismo que, como se trataba de una intención “loable”, fue aplaudida por propios y extraños no obstante la contra reforma agraria emprendida por su sucesor Ávila Camacho.

 

 

Y finalmente, la expropiación petrolera, ese acto histórico del Estado mexicano que está lleno de mitos. Uno de los mitos precisamente es el de la imposibilidad absoluta de la inversión privada en el ramo petrolero, mito que acaba de ser destruido a raíz de la propuesta de Peña Nieto que demostró que hasta el mismo Cárdenas tenía esa visión. Otro mito: lo que se expropió en 1938 fue la industria petrolera, no el petróleo. En otras palabras, fue la maquinaria e instalaciones lo que se expropió y no el insumo que se extrae, pues desde 1917 –e incluso antes mediante leyes secundarias- la propiedad del suelo y subsuelo correspondía a la nación. El último mito: los mexicanos pagaron la deuda petrolera: es de risa ver en el clásico video oficial a la gente formada entregando sus pertenencias al gobierno, que seguramente desfalcó a los mexicanos que actuaron de buena fe.

 

 

Con estos antecedentes, Peña Nieto intenta legitimar su propuesta de reforma energética basado en el discurso cardenista. Sin embargo, ni la izquierda compró ese argumento. El gobierno federal creyó que con la imagen de Cárdenas se ganaría la voluntad y los votos de López Obrador y sus secuaces, pero le salió mal el cálculo. Se les olvidó que están frente a auténticos talibanes de la política que dicen no a todo. En lo que respecta al PAN, como partido consideramos que la propuesta de Peña Nieto se queda corta, es tímida y poco arriesgada para ir en búsqueda de un México sólido en el futuro. El PAN apuesta por las concesiones, para garantizar a los particulares la rentabilidad de su inversión sin perder nunca la rectoría del Estado en la materia. El petróleo es nuestro y no se privatizará, pero sin inversiones por vía de concesión sería impensable contar con mejores tecnologías para extraer más crudo, como lo hacen decenas de países en el mundo. La reforma planteada por Peña Nieto pretende quedar bien con todos, pero no termina quedando bien con ninguno.

 

 

 

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