Monday, 10 de August de 2020


Cuauhtémoc Cárdenas: ídolo con pies de barro




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Esta semana el Cabildo poblano se convirtió en una verdadera caja de resonancia para la izquierda nacional, representada en un evento protocolario por diversas tribus del PRD. El motivos: la entrega de una copia de la Cédula Real a Cuauhtémoc Cárdenas, ídolo con pies de barro de la izquierda empecinada en seguir viendo hacia el pasado en vez de apostar al futuro.

La Cédula Real se ha abaratado mucho en los últimos años desde hace varios trienios. La facilidad con que se entrega radica en la laxitud de la norma jurídica que la regula, concretamente el artículo 2277 del Código Reglamentario para el Municipio de Puebla, que a la letra dice:

 

 

Artículo 2277.- Que la Copia de la Cédula Real y de la Real Provisión, son los documentos más emblemáticos del municipio que será una distinción que conferirá el Honorable Ayuntamiento del Municipio de Puebla, a través del Presidente Municipal, a los hombres y mujeres que se hayan distinguido por su ciencia o virtud en grado eminente, como servidores de nuestra Patria o de la humanidad, así como a quienes sobresalgan en la realización de una actividad que incentive la conservación de las tradiciones, y en la promoción de acciones encaminadas al bienestar de la sociedad, de tal manera que el candidato a recibir esta distinción haya sabido aglutinar voluntades en torno a una conducta ciudadana de superación general.

 

 

            Con todo el dolor de mi corazón y a pesar de los reclamos de la izquierda retrógrada, hay que señalar que Cárdenas no cumplía con ninguno de los requisitos que establece la ley para conferirle un honor tan alto como la Cédula Real: nunca se ha destacada por su ciencia o su virtud en grado eminente, ni ha conservado tradiciones, ni siquiera promovido acciones para el bienestar de la sociedad. Por ende, la entrega de la Cédula fue gratuita, no legal.

 

 

            Cárdenas representa a esa clase política que ya debiera claudicar y dar paso a una nueva generación que piense en un país moderno, sin atavismos. Cárdenas sigue pensando en los inicios del siglo XX, en Los Pinos recién inaugurado como residencia oficial cuando él nacía, en su padre y sus ideas socialistas y socializantes, en el ejido, en la expropiación petrolera, en el México que pregonó una revolución que nunca sacó de la pobreza a millones de mexicanos.

 

 

            Lo más lamentable del evento es que Cuauhtémoc Cárdenas ni siquiera valoró la Cédula Real que se le entregó. Su discurso –además de soso y repetitivo, cual ha sido su costumbre por décadas (recuerden el debate del 94 en el que lo pisoteó el Jefe Diego)- no fue de agradecimiento, sino de promoción de su agenda personal: la obsesiva terquedad de mantener el status quo de PEMEX, tal y como la dejó su padre, es decir, ineficiente, poco productivo, corrupto y presa de un sindicato que abusa de un poder acumulado por años. La única razón por la que alguien quisiera sostener el status quo de PEMEX es la conveniencia propia. ¿Tendrá algún beneficio Cárdenas de que no se reforme la paraestatal? Porque decir que sólo con abatir la corrupción se puede sacar adelante a PEMEX es una verdadera falacia. Y, en todo caso: ¿qué hace experto a Cárdenas en materia petrolera? ¿Acaso lo convierte perito ser hijo del ex presidente que expropió la industria en 1938? Yo creo que no. Ser vástago del general no incluye convertirse en experto, por más que la izquierda le conceda una especie de “aureola moral”.

 

 

            Alguna vez el Padre José Ignacio González Molina, historiador reconocido en Puebla, nos ilustró en la clase de “Historia de las Instituciones Jurídicas Mexicanas” sobre el mecanismo por el que la familia Cárdenas se adueñó de Michoacán. No fue Lázaro Cárdenas ni su hijo Cuauhtémoc, sino el hermano de éste de nombre Dámaso quien fungió como el personaje que se allegó de no pocas propiedades en dicho estado a nombre de la familia. Por lo demás, Cuauhtémoc Cárdenas siempre se empeñó en regresar a Los Pinos ya no como un infante, sino como Presidente y para ello fue candidato hasta en 3 ocasiones y siempre perdió. El supuesto fraude de 1988 siempre será eso, “supuesto” y quien diga lo contrario que lo demuestre. Ya se quemaron las boletas, por cierto.

 

 

            Por lo anterior, me opuse a que Cárdenas recibiera la más alta condecoración que ofrece nuestra ciudad. No la merece quien no ha trabajado por el país o la humanidad y quien, por el contrario, es hijo de la élite revolucionaria y vive cómodamente desde siempre, dejó malas cuentas en los gobiernos de Michoacán y el DF, está obsesionado por el poder y quiere mantener a PEMEX en el régimen de corrupción que le conviene. Y que por si fuera poco no agradeció la Cédula sino que usó el foro poblano para promover su plataforma, acompañado por cierto del inefable Alejandro Encinas (cómplice del mesías tropical, AMLO). Nada más faltó que viniera René Bejarano, a quien quizá el regidor David Méndez olvidó invitar.

 

 

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