Monday, 10 de August de 2020


Moreno Peña y Mario Marín: ¡vaya dupla, vaya cinismo!




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El PRI está en una auténtica encrucijada: sabe que tiene la obligación política de ganar todas las elecciones del país en este 2013 a partir del arribo al poder por parte de Enrique Peña Nieto.

Es para ellos un imperativo y conociéndolos por su larga historia de alquimia y fraude electoral, van a hacer todo lo posible por concretar dichos triunfos pasando por alto cualquier limitante legal y/o ética. Sin embargo, hay entidades como Puebla y Baja California en donde se enfrentarán con bastiones panistas que, además, están generando excelentes resultados desde el gobierno.

 

 

El PRI tiene una larga historia de corrupción e inmoralidad electoral. No por nada se mantuvieron en el gobierno federal por prácticamente siete décadas, aplastando la libertad y voluntad democráticas de los mexicanos. Dando limosnas a los mexicanos a cambio del voto, propiciaban siempre el triunfo de sus candidatos a pesar de los esfuerzos democráticos del PAN y una parte de la izquierda que no era satelital o gobiernista. Crearon los sectores del partido para afianzar su fuerza y aglutinar los intereses más bastardos (sector campesino, popular y obrero), repartiendo con ello cuotas a todos los factores reales de poder y generando una sinergia en las que todos participaban de casi todo. Lázaro Cárdenas corrompió el campo, destazándolo para crear la ridícula figura del ejido, creando el fraude agrario más grande del mundo y propiciando también una falta de certeza jurídica que existe hasta nuestros días. La CTM se convirtió en un nicho de líderes sindicales corruptos: Fidel Velázquez prostituyó el derecho laboral y lo puso a disposición del gobierno en turno en vez de defender a la clase obrera. El sector popular no se quedó atrás y manipuló a decenas de miles de mexicanos que se integraron a la ilegalidad laboral en vez de adaptarse al sector productivo formal. Con estos tres sectores, más el militar que sobrevivió mientras no llegaron los “civiles” al poder, el PRI se especializó en ganar elecciones hasta que fue perdiendo a nivel estatal y federal.

 

 

Todo indicaría que después de la debacle del PRI en el 2000, el partido haría una reflexión democrática en su seno y se abriría a la sociedad. Sin embargo ello no ha sucedido y tras perder el gobierno federal, el otrora partidazo sofisticó su espíritu antidemocrático y acabó reforzando los cacicazgos estatales: estados con altísima violencia, sometidos a los caprichos del gobernador en turno y generadores de deudas públicas abyectas que lesionan los intereses ciudadanos.

 

 

Hoy el tricolor, así como lo describimos en el párrafo anterior y que bien podríamos denominar PRI reloaded, es más peligroso que nunca. Saben lo que es una derrota electoral y por ende conocen cómo no volver a perder elecciones. Tienen nuevos métodos de fraude electoral como el que llevó a Enrique Peña Nieto al poder, aparentando transparencia y legalidad cuando en realidad se trata de un partido que no ha cambiado. Además, envalentonados como se encuentran los priístas, vociferan a los cuatro vientos que van por todo casi insinuando que se vale atropellar la ley.

 

 

Fernando Moreno Peña es un verdadero representante del PRI de siempre. Los cuadros del tricolor son prácticamente los mismos que sufrieron la derrota en el 2000 y pretenden volver por sus fueros. No importa si fueron gobernadores, secretarios de Estado o legisladores, todos están repartidos a lo largo y ancho del país como auténticos alquimistas electorales queriendo arrebatar la voluntad democrática de los mexicanos. En Puebla, donde la transición democrática ha sido visiblemente exitosa, calumnian y escupen hacia arriba, intentando manchar logros tanto del gobierno estatal como de los ayuntamientos más importantes gobernados por el PAN. Moreno Peña, alborotador electoral por definición, quiere congraciarse con Enrique Peña Nieto ganando una plaza que es hoy por hoy un bastión panista. El PAN, por su lado, no permitirá un retroceso democrático por capricho, obra y gracia de los priístas ansiosos de poder y bravucones. El PRI de siempre se topará con pared en Puebla, fundamentalmente porque nuestra coalición electoral y de gobierno ha mostrado eficacia y buenos resultados, mismos que el tricolor nunca dio en su larga estancia al frente de la entidad.

 

 

Por cierto, que nadie se vaya con la finta: la voz cantante del PRI en Puebla es ahora Fernando Moreno Peña y sus entusiastas porristas, pero quien sigue controlando los destinos del partido es Mario Marín. Los delegados federales recién nombrados y operadores que pululan por la entidad son marinistas de cepa. Fernando Moreno y Mario Marín: vaya dupla, vaya cinismo.

 

 

 

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