Monday, 24 de June de 2024


¿El gobernador no tiene quién le opere?




Escrito por  Javier Arellano Ramírez
foto autor
Llegó a Puebla entre loas.

No fueron pocas las plumas que abundaron sobre su“trayectoria” y“experiencia”.

 

 

En público y en privado el morenovallismo le brindaba un amplio reconocimiento.

 

 

Algunos llegaron a preguntarse el porqué había aceptado un cargo local, él que jugaba en las ligas nacionales. Hubo quien se lo cuestionó a bocajarro: ¿por qué aceptaste la invitación de Moreno Valle?

 

 

Fue entonces cuando se acuñó aquella frase pronunciada por Luis Maldonado Venegas: “es que Rafael es un encantador de serpientes”.

 

 

Se decía que era un gran operador político, que tenía una vasta experiencia como negociador, que su mano izquierda era tan hábil y efectiva como su puño cerrado golpeando la mesa.

 

 

Hoy a la distancia que dan estos breves años vemos que solo se vendió una leyenda, un mito urbano.

 

 

¿Qué queda de aquel hombre que entró a Puebla por un arco triunfal?

 

 

Sin duda queda poco, muy poco.

 

 

Se quiso hacer del autoritarismo y la represión una forma de gobernabilidad. Con uniformados, gases lacrimógenos y toletes se dispersaron decenas, así decenas de expresiones sociales, en distintos puntos de la entidad.

 

 

No hay un inventario completo de todos los despliegues policiacos que se realizaron en la entidad durante esta gestión. Sería una tarea adecuada para quienes gustan de hacer recuentos minuciosos con cifras y datos duros.

 

 

Pero los operativos policiacos no generaron gobernabilidad. Al contrario.

 

 

Se dijo que la mano de Maldonado llegaba hasta los partidos políticos. Pero no fue así. Incluso el declive de Luis se reflejó en la injerencia que buscó al interior del Partido de la Revolución Democrática (PRD) misma intentona que fracasó.

 

 

Paulatina, lentamente Maldonado Venegas fue perdiendo todas las batallas, las partidistas, las de las audiencias, pero sobre todo las más delicadas, aquellas que se libran en las calles.

 

 

Todo parece indicar que Luis creyó sus propios mitos y en verdad pensó que es un hombre cosmopolita que estaba haciendo tareas menores en una aldea provinciana.

 

 

Es del dominio público la ligereza con que toma su responsabilidad en Casa Aguayo. Pero también es inocultable su manera de hacer política “en las rocas”.

 

 

Dice el refrán “tanto va el cántaro al agua, hasta que se rompe”.La gran crisis de Maldonado llegó con Chalchihuapan la catástrofe que sacudió al gobierno estatal.

 

 

Creyeron que estaban ante un operativo menor, un incidente callejero y no se dieron cuenta de las graves consecuencias que estaban por desbordarse. Aún después de los hechos violentos el Secretario General de Gobierno no dimensionó las repercusiones de lo sucedido en esa autopista.

 

 

Se insistió en “piedras de gran calibre”, en la responsabilidad de la madre del menor, en hacer peritajes con cabezas de marrano, en acusar a las “ondas expansivas” de un cohetón. Fue una cadena de desatinos que culminaron en el mayordesastre del morenovallismo.

 

 

Y siguen en la misma línea. Ahora la crisis se ha trasladado de Chalchihuapan a Cholula. Y los poblanos nuevamente somos testigos del ánimo desbordado en la toma de vías públicas, la denuncia social enardecida ante la represión, la ira de un pueblo que ya es inocultable.

 

 

Es inobjetable que el gobernador no tiene quien le opere.

 

 

Es por esto que las horas de Luis Maldonado Venegas están contadas. Tiene que irse. Solo se cubrirán las formas de los tiempos, para no demostrar el fracaso garrafal que fue su gestión.

 

 

Como siempre estamos a sus órdenes en cupula99@yahoo.com, sin mx. 

 

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