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Miércoles, 26 Agosto 2015 02:37

Anaya pulverizó al Consorcio: el PAN como Cuna de Lobos




Written by  Arturo Rueda

Ahora, Anaya va por el otro miembro del Consorcio: la alianza con el gobernador poblano pende de un hilo y el fondo de la disputa se verá en el papel que juegue Eukid Castañón en San Lázaro. El compromiso es entregarle al operador morenovallista número uno la presidencia de la Comisión de Hacienda que originalmente se había pactado para Roberto Moya Clemente. Si Eukid no llega, dé por sentado que el queretano ha repartido su segunda cuchillada


No se equivocaron las fuentes azules que en este espacio el 28 de julio nos hicieron advertir el largo historial de traiciones de Ricardo Anaya, por lo que el morenovallismo debería tener mucho cuidado, ya que el verdadero objetivo del queretano era la candidatura presidencial. Profecía cumplida: unos días después de asumir la dirigencia nacional, ya destripó al Consorcio que lo creó. Con un cuchillada alevosa, convirtió a Gustavo Madero en un don nadie al negarle la coordinación en San Lázaro que ya estaba comprometida. La designación de Marko Cortés es un terremoto que sigue sacudiendo la plenaria que se celebra en Tijuana.

 

Ahora, Anaya va por el otro miembro del Consorcio: la alianza con el gobernador poblano pende de un hilo y el fondo de la disputa se verá en el papel que juegue Eukid Castañón en San Lázaro. El compromiso es entregarle al operador morenovallista número uno la presidencia de la Comisión de Hacienda que originalmente se había pactado para Roberto Moya Clemente. Si Eukid no llega, dé por sentado que el queretano ha repartido su segunda cuchillada.

 

¿Segunda? Claro: la primera ocurrió con la negativa para que Marcelo García Almaguer repitiera periodo como vocero y secretario de Comunicación del CEN panista. Aunque la designación todavía no es oficial, en el cargo ya ejerce Felipe de Jesús González, personaje cercano a Santiago Creel, quien es el verdadero cerebro y operador del “Chico Maravilla”.

 

Lo que se vive en Acción Nacional es digno de un drama shakespeariano que inicia con el parricidio político cometido por Anaya en contra de su mentor Gustavo Madero, quien lo llevó a las grandes ligas nacionales y lo impulsó a todas las posiciones. “No se elige sucesor, sino verdugo”, citamos ayer a la lógica de la real politik. Más tardó en acomodarle en la silla que clavarle un cuchillo por la espalda.

 

La crónica del acuchillamiento desvela el dramatismo de la traición inesperada. Según Excélsior, durante la plenaria en Tijuana, Gustavo Madero pidió la palabra y se dirigió a Ricardo Anaya para expresarle que “yo fui generoso en rechazar la coordinación, y al día siguiente de que lo anuncié, tú me fuiste a pedir que reconsiderara y tú me ofreciste la coordinación (…) Yo he apoyado a todos los que están en esta mesa 
—estaban Josefina Vázquez Mota, Damián Zepeda, Ricardo Anaya, Marko Cortés, Santiago Creel Miranda, Marcelo Torres y Fernando Doval, entre otros— sin esperar nada a cambio.

 

Yo no soy Ernesto Cordero. Yo amo al PAN y no voy a abonar a la discordia y al encono. Voy a ser factor de unidad desde donde me toque jugar”, expresó Madero, y de inmediato los diputados federales se pusieron de pie y los ovacionaron durante varios minutos. De acuerdo con el relato de diferentes diputados panistas, Madero se convirtió en el líder natural del grupo parlamentario del PAN en San Lázaro, mientras que Marko Cortés será el líder formal. El respaldo inmediato a Madero, explicaron, fue porque asumió una actitud institucional. “No será factor de división ni se entrometerá en las decisiones que asuma el coordinador”. Hasta ahí la larga pero necesaria cita.

 

Y si alguien cree que se trata de una farsa, el rostro descompuesto de Gustavo Madero en todas las fotografías en las que aparece desnudan su verdadero sentir: parricidio, traición, puñalada trapera. En los hechos, se encuentra fuera de la carrera por la candidatura presidencial de 2018: planeó cuidadosamente su escalera de poder, pero no contaba con la perfidia del “Joven Maravilla”. No lo quiso creer, aunque muchos le advirtieron la larga estela de traiciones que el queretano protagonizó.

 

Moreno Valle permanece a la expectativa, aunque sabe que el Consorcio se ha desintegrado: Anaya se apoya en Creel, Josefina, los Adame y Juan Manuel Oliva. Ellos diseñan sus estrategias y son sus verdaderos operadores. De momento, los 20 mil votos que Puebla entregó a Anaya valen solamente como una licencia de corso para que en su estado el gobernador haga lo que quiera como juez de horca y cuchillo. Dentro de sus límites territoriales, nadie puede meterse, y por ello el nuevo dirigente calló ante las voces que le pedían intervenir para frenar la reforma “antiBronco”.

 

Acción Nacional se ha convertido en una cuna de lobos y el próximo mordisco se lo puede llevar el gobernador poblano. Cualquier cosa que no sea la presidencia de la Comisión de Hacienda para Eukid Castañón podrá considerarse un incumplimiento de acuerdos. Por eso se sospecha del fuego amigo que enfrenta el operador. Anaya se habrá apoyado en el Consorcio para llegar al poder, pero para ejercerlo, lo destruyó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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