Martes, 28 de Septiembre del 2021
Indicador Político

Aunque a muchos le parezca muy pomposo hablar de la refundación de la república, cuando menos un dato revela que el sistema/régimen/Estado que fundó el PRI es inoperante: el PRI podría ganar las elecciones presidenciales con el 30% de los votos o perderla pero seguir dominando la estructura de toma de decisiones como primera fuerza legislativa.

Con eficacia de los demagogos, el dirigente panista Ricardo Anaya es muy dado a inventar ‘peces rojos’ para distraer la atención ante sus tropiezos políticos. El cual es un animal inexistente para llevar el debate a escenarios artificiales.

Experto en eludir definiciones ideológicas claras porque carece de marco teórico y repetitivo en sus argumentos elementales porque buscan al mexicano inculto y dependiente de programas sociales asistencialistas, el proyecto de nación de Andrés Manuel López Obrador es lombardista, pero de derecha.

Como llegó a la gubernatura sin realmente buscarla, el mandatario sinaloense Quirino Ordaz acaba de dar un paso audaz hacia una verdadera reforma no sólo de la política sino del poder: abaratar la política, disminuir la parafernalia de los tiempos de campaña y reducir dinero a partidos.

A partir de su condición de profeta al que todos le creen lo que dice –sea o no verdad–, Andrés Manuel López Obrador ha comenzado a construir un proyecto político que lo mismo incluye a los grupos anti sistema, anti Estado y anti establishment, que a representantes clásicos de esas tres formas de expresión del viejo PRI.

El problema con López Obrador es que tiene casi treinta años diciendo y haciendo lo mismo. El discurso, los anuncios y los comportamientos poselectorales por las elecciones en el Estado de México, Coahuila y Nayarit son los mismos desde 1988: radicalización de las amenazas para sacar ventajas y al final rendirse como personaje del sistema político priista.

Con evidencias de que por sí mismo y cada quien por su lado el PAN, el PRD y Morena no van a ganar la elección presidencial del 2018, el Estado de México será el laboratorio político del conflicto pre electoral del año próximo.

Como si el tiempo político no hubiera transcurrido, Andrés Manuel López Obrador, el PRD, Morena y el PAN han iniciado marchas contra el fraude electoral priista… como hace cincuenta años, pero ahora ante un PRI peñista empequeñecido, ineficaz y desarticulado. Y ni así pueden.

Nacido a iniciativa de la maestra Elba Esther Gordillo cuando tenía todo el control del Sindicato de maestros, el Partido Nueva Alianza acaba de emerger como fuerza política propia, mientras los resabios del magisterio gordillista se hundieron en el Estado de México con Morena de López Obrador.

El saldo por partido en las elecciones en el Estado de México prendió las alarmas en el PRI: casi 60 mil votos menos que Morena. El mensaje ha quedado bastante claro: como partido, el PRI es minoría y tiene que aliarse con partidos chicos para más o menos permanecer en el mismo lugar de primera minoría.

Como una calca de sí mismo, López Obrador parece no experimentar en cabeza propia. Con menos capital político, en una elección local y en un sistema electoral más funcional, ahora amenaza nuevamente con el conflicto poselectoral.

Como ha ocurrido en los últimos años en la política mexicana, las victorias estatales son batallas que no aseguran la guerra nacional. El saldo favorable al PRI en la elección mexiquense en nada garantiza el triunfo priísta en las presidenciales del 2018.

Cualquiera que sea el saldo electoral de ayer 4 de junio por cuestiones de cierre editorial esta columna se escribió sin conocerse los resultados, la única certeza radica en el hecho de que la política mexicana es de ciclos y que no siempre unos determinan los otros. Ello quiere decir que la batalla del 2018 apenas comienza.

Más que la victoria electoral de la candidata de Morena al gobierno del Estado de México, Andrés Manuel López Obrador usó el proceso electoral local para medir tres cosas: el estado de desánimo nacional, el sentimiento anti PRI y su condición de caudillo ‘deseado’.

A López Obrador se le puede acomodar su propia frase: hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan; el pantano de López Obrador es de esos.

Las acciones desestabilizadoras de la Sección 22 de Maestros ilustran el México que propone López Obrador si gana la presidencia en el 2018; a partir del compromiso de entregarles el Instituto Estatal de Educación Pública y cederles la educación de los niños, la 22 sigue armando sus movilizaciones ilegales: el sábado se apostaron en la salida del aeropuerto de Oaxaca e impidieron salir a los viajantes.