Sábado, 18 de Mayo del 2024
Indicador Político

Washington, DC. Sin que haya sido planeado porque su organización tardó meses, la Secretaría de la Defensa Nacional de México realizó un acto institucional que sin quererlo, tuvo un alto significado político: la celebración en la capital de los EU del 104 aniversario de la fundación del ejército y el 102 aniversario de la creación de la fuerza aérea militar.

Las estrategias mexicana y estadunidense, y los acuerdos bilaterales en materia de drogas han fracasado. Así de simple. La actividad criminal en la frontera suroeste de EE UU es una “significativa amenaza a la seguridad nacional”, concluye el reporte de mayo de 2016 de la Office of National Drug Control Policy de la Casa Blanca.

WASHINGTON, D C. Todas las propuestas estadunidenses en materia de seguridad nacional deben leerse a partir de lo que no dicen pero que se encuentran en el escenario estratégico en los pasillos del poder: más que el Plan Colombia de 1999 para combatir el narco, ahora la administración Trump quiere un acuerdo militar con México como el que firmó con Colombia en el 2009.

WASHINGTON, DC. Aunque se ha querido vender la idea de que la directiva de lucha contra los cárteles va dirigida contra el presidente Peña Nieto, la comunidad estadunidense de inteligencia, militar, antidrogas, de espionaje y de seguridad nacional tiene otra idea: los EE UU quieren controlar la producción, el procesamiento, el tráfico, las ganancias y a los capos en México como una forma de poner orden en consumo dentro del territorio de Trump.

Washington, DC. La gran paradoja de los E. respecto de México ha llevado a varios presidentes a toparse con pared: desde 1983 Mexico ha sido considerado (Paul Gorman cuando era jefe del Comando Sur) como el problema número uno de seguridad nacional, pero desde 1969 con Nixon ha habido un enfoque autoritario, desdeñoso, racista.

Detrás de los distractores que representan los discursos de solidaridad con migrantes deportados, las marchas contra el presidente Donald Trump y las promesas de apoyo, la realidad que le espera a los migrantes deportados es crítica: en México no hay empleo, ni salarios ni bienestar. Los que regresan vienen a reencontrarse con la crisis económico-social que los obligó a cruzar la frontera en busca de empleo.

La marcha contra Trump programada para el domingo próximo dejará satisfechas las pasiones nacionalistas, pero no aportará elementos para resolver las desavenencias. Al nuevo presidente de los EE UU no le preocupan las protestas porque su pragmatismo lo mueve en el terreno de las realidades.

Si todo marcha conforme a las instrucciones presidenciales, México sólo buscará atender algunas quejas y preocupaciones de la Casa Blanca en la revisión del tratado de comercio libre pero con la intención de reafirmar el modelo de desarrollo subordinado. En este sentido, México perderá de nueva cuenta la oportunidad para diseñar un modelo de desarrollo de acuerdo a las necesidades nacionales.

Aunque se trató del cumplimiento de un compromiso de campaña, la prohibición de hacer válidas visas a personas provenientes de siete países con dominio político del Estado islámico dejó ver dos problemas: conflictos en la estructura de toma de decisiones de la Casa Blanca y sobre todo afectaciones al sistema de espionaje de la CIA.

En medio de la parafernalia nacionalista que exige el rompimiento de relaciones con los EE UU y la pasividad institucional del gobierno mexicano que se basa en la estrategia Rocky Balboa del punching bag para cansar al adversario, la única salida viable al conflicto con Donald Trump es el ejercicio de la autonomía en la búsqueda nacional de solución de los problemas mexicanos.

En los hechos y con promesas de campaña anunciadas y cumplidas en sus primeros diez días, el presidente Donald Trump definió ya lo que debe conocerse como la doctrina Trump: Estados Unidos para los Estados Unidos, un paso atrás al dominio imperial internacional de la doctrina Monroe-Wilson.

Frente a una de las ofensivas de los EE UU que no se había visto desde las invasiones estadunidenses de 1847 y 1914, la respuesta mexicana ha sido decepcionante:

Si el nuevo presidente de los EU tiene todo el derecho soberano a cerrar sus fronteras migratorias y a deportar a extranjeros ilegales, las cifras de migración mexicana revelan que no se trata de un asunto laboral o de temor al terrorismo infiltrado sino de una verdadera limpieza étnica.

Nadie debe decirse sorprendido: el muro, la deportación agresiva de migrantes hispanos ilegales, el trato restrictivo a los beneficiarios de subsidios sociales, el ejercicio autoritario del poder con aliados dependientes, su desdén hacia el Estado y el sistema de gobierno y su racismo radical formaron parte del perfil político de Donald Trump desde que comenzó a incursionar en política en el 2000… y nadie se preparó para su victoria.

Todos los datos filtrados a columnas para ilustrar que la comisión especial iba volando hacia Washington cuando el presidente Donald Trump lanzó su tuit anunciando la construcción del muro revelaron el principio rector de la diplomacia mexicana: la ingenuidad.

Si existe una intención oficial para culpar a Donald Trump del descuartizamiento del tratado de comercio libre, en realidad los funcionarios de los gobiernos de Zedillo, Fox, Calderón y ahora Peña Nieto tienen más responsabilidad en el fracaso de la asociación.