Jueves, 09 de Julio del 2020
Martes, 16 Junio 2020 02:58

Las preocupaciones en el palacio

Las preocupaciones en el palacio Escrito Por :   Silvino Vergara

“El mundo que queremos es uno donde quepan muchos mundos. La patria que construimos es una donde quepan todos los pueblos y sus lenguas” Comité Clandestino Revolucionario Indígena. EZLN, Enero de 1996


 

A tres meses del confinamiento, desempleo —en el mejor de los casos—, saqueos, manifestaciones sin la denominada Sana Distancia, robos al por mayor, hambruna y más hambruna, negocios cerrados, otros abandonados, policías rondando, pero no vigilando, más negocios cerrados; talleres, restaurantes, locales abandonados o en renta; fábricas sin obreros y obreros sin fábricas, escuelas sin alumnos y profesores sin escuelas; indicadores económicos sin el fenómeno de la inflación porque no hay consumidores: hay deflación; incremento súbito del dólar; disminución súbita del precio de la gasolina; calles vacías, carreteras abandonadas; comercios, mercados y centros comerciales sin comerciantes. Así es la realidad en las ciudades del territorio nacional en tiempos de pandemia. En el mejor de los casos, hay depresión en los hogares; en otros, violencia, muertos por la inseguridad pública, que ya se instaló en el país desde hace muchos años y que cada semana ocasiona un nuevo récord de muertos y más violencia, pero, sobre todas las cosas: corrupción. Esas son las preocupaciones de la población de a pie.

 

Enfrente de esas nimiedades están como tarea diaria la preocupación por la fecha en que inicie su vigencia el nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos de América y Canadá, las licitaciones sin licitación para las obras y etapas del denominado tren maya, las suspensiones de amparos que esquivar, así como los discursos del ezln en contra de aquel proyecto turístico. Otra preocupación es la de la reacción de las poblaciones en el Istmo de Tehuantepec por la construcción del tren inter-oceánico en tierras veracruzanas y oaxaqueñas; quienes dejarán sus luchas contra la explotación que han sufrido por la instalación de las plantas eólicas para objetar, ahora, esa nueva construcción. En tanto, más preocupaciones, como la construcción del nuevo aeropuerto y la aparición de restos de mamuts y centros ceremoniales de los pueblos pre-hispánicos: asuntos que hay que esconder o dejar de muestra; así como, el perturbador momento de la recaudación de impuestos, que consiste en la lucha contra las chicanas de los contribuyentes de a pie y en las perturbadoras gestiones de cobro contra las grandes transnacionales (que algo traman, al permitir la violación de su derecho a la privacidad respecto de sus enormes adeudos con el fisco); también está el nerviosismo por la existencia de un grupo de oposición con nombre y apellido: “Boa”. En tanto, una nueva perturbación que comunicar: cómo se alimentaba Benito Juárez en sus tiempos de gobierno en Veracruz.

 

Siempre se ha sostenido que México cuenta con varios “méxicos”; un país multi-cultural, pero que no se ha admitido de forma oficial: las altas clases políticas de un lado y las altas clases económicas por otro, mientras que la clase media cada día más clase baja, por su parte, y la clase baja en condiciones de precariado y el precariado debajo de aquellos. Evidentemente, las preocupaciones y necesidades de unos son distintas a las de otros. Nadie se ha entendido con nadie en los últimos 200 años, menos aún en los 300 años de colonia ni mucho menos, en los tiempos del imperio Azteca. Los del norte son distintos a los del centro y los del centro son despectivos con los del sur; los de la costa son humillantes con los de la montaña. Cada quien tiene su propio léxico y forma de “cantar” el idioma castellano; y de los dialectos ni mencionar. Nada nos une. Ateos contra seglares, izquierdos contra derechos, conservadores contra liberales; todos siempre en pugna aunque no se enteren de que en realidad son más ateos, seglares, liberales, conservadores que sus propios opositores; al grado de que el más radical liberal actúa como verdadero conservador. Esa es la realidad mexicana.

 

Así, las preocupaciones siempre de unos es indiferente para los otros, las ansiedades de unos son gratificaciones de los otros, el buen humor de unos es la cólera de los otros. Pero había algo que aún nos unía. A veces fue la religión, en otras ocasiones la independencia, en otras el nacionalismo, después fue el partido político, finalmente fue la selección nacional de fútbol o el anti-yanquismo. Pero hoy, verdaderamente, hoy, las preocupaciones en el palacio no son las preocupaciones de la población.

 

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