Viernes, 18 de Septiembre del 2020
Miércoles, 05 Agosto 2020 03:18

¿Serán, acaso, los mejores tiempos para gobernar?

¿Serán, acaso, los mejores tiempos para gobernar? Escrito Por :   Silvino Vergara

“El Estado apenas puede escapar de la exigencia de dar a conocer sus acciones y modos de funcionamiento. El Estado es hoy más observado que observador” Daniel Innerarity


 

Desde los tiempos modernos —porque para algunos ya no vivimos en la modernidad, sino en la denominada post-modernidad o bien, la modernidad tardía—, nos habíamos habituado a la certidumbre en la vida, más o menos en cuanto a las actividades de cada persona; cada quien tenía un proyecto meridiano de la vida: lo que iba a llevar a cabo en el corto plazo, en el mediano y, a veces, hasta en el largo plazo, aunque —a decir verdad—, ese último, normalmente, lo dejamos a la imaginación y no lo materializábamos en muchas de las ocasiones.

 

De esa misma forma sucedía con las empresas y las naciones. Los proyectos de las empresas son a corto y a largo plazo. Existen toda una serie de estudios respecto de las proyecciones de las empresas, sobre todo las financieras; en el caso de las naciones, las proyecciones se encuentran hasta en sus propias constituciones como parte de los derechos de los gobernados. En México, las encontramos en el artículo 26° de la Constitución, que establece que, una vez que el ejecutivo toma posesión, cuenta con un plazo perentorio para emitir un programa que deberá de prevalecer durante toda su administración, al que se le denomina como “Plan Nacional de Desarrollo”.

 

En estos tiempos que estamos viviendo, todo da a entender que estamos regresando a los tiempos premodernos; pues proyecciones, planes a largo o corto plazo, proyectos de empresas, de las propias personas se están quedando en la incertidumbre. Desafortunadamente, con esta desastrosa enfermedad, incluso, no se sabe si habrá actividades el siguiente día o, bien, si seremos uno más de la estrepitosa estadística de los contagiados, de los que no pueden salir de sus casas, de los que tienen paralizadas sus actividades comunes, etc.

 

Esto mismo está sucediendo con las empresas y negocios, están a la expectativa de poder operar, de abrir, de contar con su personal, de no saber si sus empleados están contagiados o enfermos, si hay recursos económicos en la siguiente quincena para mantener el pago de la nómina, etc. Lo cierto es que la certidumbre para cualquier proyección desapareció con esta enfermedad, aun para la más conservadora de las empresas que se pudiera prospectar; y esto es más agudo en el caso de las medianas y pequeñas, pues muchas de éstas viven prácticamente al día.

 

En el caso de las naciones, está sucediendo lo mismo. Por lo menos, los proyectos de nación se han venido abajo; sean gobernadas por políticos de izquierda o de derecha, todo es por darle prioridad a la contención de contagios de esta enfermedad, atender a los enfermos, a los fallecidos, a los deudos de éstos, a los desempleados, a los que han caído en la pobreza aún más extrema, es decir, a todas las víctimas de esta pandemia; para la cual, desafortunadamente, parece que, a cuatro meses de esta situación catastrófica, cualquier medida es insuficiente; no hay esfuerzo gubernamental que alcance. Aun el mejor de los gobiernos y más capacitado está siendo superado, como si se tratase del más raquítico de los gobiernos, el menos preparado o capaz. Todo es insuficiente y no se ve el final en el horizonte.

 

Así, con el paso del tiempo, lo que sucederá es que la historia permitirá que muchos de los gobiernos actuales, por más inoperantes o más brillantes que sean, por un lado, quedarán como los incapaces de haber sacado a su población de este problema y, por el otro, se vestirán de mártires, pues la mejor justificación de sus inoperancias, de sus torpezas, de sus limitaciones, de las políticas insuficientes o de la ausencia de políticas que sacarán para el promedio de la población es que estuvieron en los tiempos más difíciles del gobierno, en los tiempos de la pandemia, y que esto no les permitió demostrar su capacidad para gobernar; pues había que atender ese problema y que, con sus buenas voluntades, enfrentaron la enfermedad de la mejor forma que se pudo. Por ende, no habría que achacarles nada a estos gobiernos, pues nunca en la historia reciente del mundo (salvo los países con problemas graves de guerras o de terrorismo) habían pasado estos eventos tan desastrosos. Pues bien, todo pareciera que éstos serán los mejores tiempos para gobernar para aquellos, sobre todo para los más malos gobiernos, que son los que abundan. Su justificación está echada.

 

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