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12 de septiembre

12 de septiembre Escrito Por :   Silvino Vergara

«Ocurrimos al superior gobierno del Estado ,implorando su protección, a fin de que,si a bien lo tiene, se sirva concedernos su apoyo para sembrar los expresados terrenos sin temor de ser despojados por los propietarios de la Hacienda del Hospital». Concejo Comunal de Anenecuilco


 

Son muchas las fechas emblemáticas en el mes de septiembre, desde lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973, en Chile (el golpe de Estado a Salvador Allende), hasta llegar al 11 de septiembre de 2001 (con el atentado a las Torres Gemelas). También, este es el mes en el que varios países de América Latina festejan y conmemoran su independencia, como lo hace México el día 16 y Costa Rica, Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, el 15.

 

Pero una fecha que parece olvidada es la del 12 de septiembre de 1909, día en el que —siendo un domingo, según dice la historia— la comunidad de Morelos se reunió en el atrio de la iglesia de Anenecuilco, Morelos, para renovar a sus dirigentes, dado que, hasta la fecha, estuvo obligada a defenderse permanentemente de la apropiación de tierras y del desplazamiento que, de ellas, hacían los hacendados, particularmente respecto de la hacienda denominada “El Hospital”. Por tanto, teniendo en cuenta que era necesario renovar esa dirigencia, la comunidad propuso a uno de sus miembros de clase media baja, a alguien que pudiera responder a las necesidades de la población, sobre todo porque cada día se veían más disminuidas las tierras de labor para su supervivencia a causa de del desplazamiento del cultivo tradicional y diverso, por el de la caña de azúcar.

 

Basta recordar que, en esos tiempos, la caña de azúcar se había convertido el cultivo por excelencia en las tierras del Estado de Morelos, pues —incluso desde la colonia española— fue el cultivo que no sólo mantenía la economía de esa región, sino a la de todo el virreinato de la Nueva España, en un momento dado. Por ello, los restos de ese virreinato se mantuvieron con las haciendas en Morelos, que fueron, en parte, la insignia del progreso de la nación, la forma de mantener la economía de la región; pero también el desprecio a los pueblos de origen y la manera de explotar a los trabajadores de esas tierras.

 

Ese domingo 12 de septiembre de 1909, fue nombrado Emiliano Zapata como representante de esa comunidad, de sus miembros. Ese fue el origen, desde el sur de México, de la Revolución Mexicana y, después, del Ejército Libertador del Sur. Esa fecha no fue (ni es) cualquier cosa, pues hizo que el movimiento revolucionario del sur contara con la legitimidad suficiente para pararse en armas contra el gobierno de esos tiempos.

 

Ese 12 de septiembre de 1909, no sólo legitimó el movimiento revolucionario del sur, sino que también legitimó el «Plan de Ayala», que es el documento —a decir de la historia— político que permitió legitimar el movimiento revolucionario en Morelos, Puebla, Tlaxcala, Oaxaca y Veracruz; incluso, fue el sustento para la existencia de la denominada «Comuna de Morelos», que fue, durante unos años, la comunidad gobernada por el Ejército Libertador del Sur. Bajo su tutela, este ejército promovió la recuperación de las tierras para la población; que se sembraran los productos necesarios para la subsistencia de ella, en vez del monocultivo de la caña de azúcar; creó una moneda propia, escuelas rurales, escuelas de capacitación a los agricultores; promovió créditos a los campesinos, etc. Esto quiere decir que con ese 12 de septiembre de 1909, el «Plan de Ayala» se legitimó, no como un simple documento político, sino como uno jurídico, pues obligó a ser acatado y cumplido por todos aquellos que lo firmaron y que conformaron el Ejército Libertador del Sur.

 

Desafortunadamente, este pasaje de la historia está perdido en la propia historia monumental, la que dicta el gobierno en las escuelas, los textos y los museos. Como que el sistema actual se ha negado a difundirlo, aunque es parte del derecho propio de nuestra patria, de aquel derecho que no se copió de los europeos ni se escribió en los escritorios de los despachos de los abogados de Estados Unidos de América, como tampoco se trató de una institución jurídica impuesta por los organismos internacionales que otorgan los préstamos a las naciones del tercer mundo. Este plan nació de las propias necesidades de la nación, es un derecho propio de México para los mexicanos. (A quien interese conocer sobre este tema y este pasaje de la historia, Vergara Nava, Silvino, El Plan de Ayala desde otra mirada, Puebla, Pármenas/PaideiaMX, 2019. parmenasradio.org).

 

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