Jueves, 09 de Julio del 2020
Martes, 07 Abril 2020 01:29

¡A sus órdenes, jefe!

¡A sus órdenes, jefe! Escrito Por :   Silvino Vergara

“La guerra terminó con la gran depresión y la capacidad industrial estadounidense casi se cuadruplicó.” Noam Chomsky


 

“¡A sus órdenes, jefe!” El grito de guerra del genial actor mexicano Mario Moreno Cantinflas, en dos emblemáticas películas: El bombero atómico (en 1952) y El patrullero 777 (en 1978). Pareciera que toda la historia se repite. El domingo 5 de abril de 2020 era una fecha crucial para México, para cortarse el cordón umbilical de Washington, y con ello, para aplicar las mismas medidas que aplica Washington con sus ciudadanos y, principalmente, con sus empresas, que son todo lo contrario a lo que dictan los economistas liberales, desde Adam Smith, y los neoliberales: M. Friedman y F. Hayek. Teorías económicas salvajes que no se aplican dentro de EUA, y que son las que se pusieron en práctica en Chile, después en Colombia y en México desde hace 20 años, aproximadamente, bajo los denominados “Chicago boys”.

 

Se perdió otra oportunidad de demostrar que el gobierno mexicano es de izquierda, pero ¿Cómo vamos a sostener que somos de izquierda si —a decir del discurso dominical— es uno sustentado en las políticas económicas de F. D. Roosvelt? Por cierto, el denominado new deal de Roosvelt de 1933 y 1935 nunca funcionó, pues lo que verdaderamente reactivó la economía de Estados Unidos fue declarar la guerra a los países del eje (Chomsky, Noam, Cómo Funciona el Mundo, Buenos Aires, Katz Editores, 2013).

 

¿Por qué no se mencionó en la tarde del domingo 5 de abril de 2020, como guía de una economía en crisis, por ejemplo, las políticas económicas implementadas por Salvador Allende en Chile, las puestas en marcha por los revolucionarios barbudos de Cuba en 1959, las implementadas por Lula da Silva en Brasil o de Pepe Mujica en Uruguay? Y lo peor es que muchos mexicanos siguen sosteniendo que vamos con rumbo hacia la realidad de Venezuela.

 

En verdad, estamos más cerca que nunca de los Estados Unidos de América, pero bajo la doctrina Monroe de 1823, que consiste en delimitar como el patio trasero de aquel país a América latina, y principalmente México, pues, en vísperas de las elecciones presidenciales en ese país del norte, está en juego la reelección de la organización más criminal del mundo —a decir del profesor Chomsky—, a saber: “el partido republicano.” (Chomsky, Noam, Porque lo decimos nosotros. Ideal democrático, estrategias de poder y manipulación en el siglo xxi. Barcelona, Paidós). Entonces, en México estamos maniatados y firmamos el nuevo tratado de libre comercio en los términos y condiciones de las presiones políticas norteamericanas. Por eso, en el senado mexicano se aprobaron los cambios a la velocidad “yanqui”, pues, ¡desde luego!, debemos legislar restringiendo los esquemas mexicanos del outsourcing es algo mal visto desde afuera y, además, hacen más competitivo a México para el establecimiento de las maquiladoras en este país. Ya de los derechos de los trabajadores algún día nos ocuparemos.

 

Con este yugo, nuestro Gobierno está impedido para cambiar el sistema jurídico actual, como sucede de entrada, con las bases, tasas y estructura de los impuestos, y no es competitivos frente a las tasas impositivas de Norteamérica, pese a que la legislación tributaria mexicana proviene de reformas de los últimos 20 años del denominado “neoliberalismo”, impuesto por los organismos internacionales a nuestro país. ¡Y nuestro actual gobierno se dice de “izquierda”!

 

Lo peor que sucedió fue que en la tarde del domingo el discurso se sustentó en la convicción de Simón Bolívar quien era más de derecha que de izquierda (cosa de la que nunca se enteró Hugo Chávez), cuando solamente era cosa de leer las conclusiones a las que llegó el profesor norteamericano Francis Fukuyama al respecto de Bolívar. Autor que, dicho sea de paso, es el mismo de la conferencia de 1989, en la que sostuvo que, con la caída del muro de Berlín, era “el fin de la historia” (Fukuyama, Francis, El fin de la historia y otros ensayos, Madrid, Alianza Editorial, 2015).

 

Tampoco podemos revertir la reforma energética que, en parte, ha provocado la quiebra de pemex, por más que se le invierta dinero del erario público; actualmente, resulta estéril y, con el costo del barril de petróleo actual, es ridículo sostener la procedencia de un “gasolinazo”. Desde luego que debemos modificar lo que sí resulta necesario hacer por indicaciones norteamericanas, como es el sistema penal. Por ello, la reforma constitucional de los delitos de prisión preventiva, la instalación de la guardia nacional al estilo del sistema impuesto en Colombia y Chile. Y desde luego, sin perder de vista la contención de los migrantes centroamericanos. En fin, en un Estado constitucional democrático de derecho, el discurso debe ser “¡a sus órdenes, jefe!”. Nada más que el jefe en un Estado constitucional democrático de derecho es la población.

 

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