Miercoles, 08 de Julio del 2020
Miércoles, 18 Marzo 2020 01:27

DE JOVEN A DELINCUENTE

DE JOVEN A DELINCUENTE Escrito Por :   Alexis Da Costa

A partir de este día publicaremos semanalmente los capítulos de una micro historia sobre la delincuencia en jóvenes, las causas, los antecedentes, la prevención, focalización, acompañamiento y rescate de los mismos.


 

PARTE I

 

Roberto ve un telenovela en un viejo televisor acompañado de su madre, lo hace cada noche después de trabajar o "ayudarle" como ella le dice a la jornada de más de ocho horas con la cara pintada haciendo malabares con un par de limones en un crucero de la gran ciudad

 

—Ya se puso el alto Betito, cuenta hasta treinta, pon cara triste y diles que te den para un taco, tú insiste, tienes que ayudarnos en la casa Beto. —escuchaba Roberto una, diez, veinte o hasta cincuenta veces al día.

 

 Así fueron todos los días durante diez largos años.

 

La jungla vehicular era muy variada e impredecible, existían aquellos automovilistas que bajaban el vidrio y daban unas monedas, también había quien decía: "te doy comida mejor" y obsequiaba algún alimento o una botella de agua. Estaban los "locos" —como Betito les decía— aquellos que al verlo se apresuraban a subir la ventanilla y giraban la cabeza en sentido contrario, además existían los "opinadores" quienes le decían:

 

—ponte a estudiar,

 

—lo que hace tu mamá es delito,

 

—dile a tu mamá que le voy a hablar al DIF.

 

¿Qué es el DIF? —Se preguntaba Roberto— y ¿Por qué tanta gente me dice que va a hablarle?

 

Con el paso del tiempo Betito aprendió que el DIF era una instancia del gobierno para ayudar a las familias, pero que (según) se llevaban a los niños que eran maltratados o explotados por sus padres. Roberto conoció muchos niños como él, que bailaban, cantaban, vendían chicles y hacían acrobacias, pero no conocía a ninguno al que se hubiera "llevado el DIF"

 

Es como el señor del costal —pensaba Betito.

 

Creció con la influencia de la calle, amigos que vivían en la misma condición que él, quiénes solo conocían "la vida normal" —como ellos la llamaban— a través del televisor, de los programas y las telenovelas, ilusionados cada vez que en los comerciales escuchaban a un tipo de traje o chaleco "flotador" diciendo:

 

—Ayudaré a los que menos tienen, ya no habrán más pobres en México.

 

La primera vez que escucho aquella sentencia fue corriendo a ver a su padre para contarle que ya no tendría que irse al trabajo y ausentarse por varios días, que ya no llegaría con golpes y heridas, que ya no tendría que esconderse de los "puercos" —como llamaba a los policías.

 

El padre solo se río y dijo:

 

—Si ellos son los verdaderos rateros, por eso tu ponte chingon para que no te chinguen Beto.

 

A partir de ese día Roberto se reía de los comerciales políticos, aunque una parte de él aún conservaba la "esperanza de la juventud" aún soñaba con vivir en una casa grandota, con comerse una pizza entera él solo, con ir a ver una película en una "pantallota", con dejar de ver llorar a su madre y en ocasiones también con no volver a ver a su padre.

 

El padre, quien algunas veces hacia cambiar de trabajo a Roberto y lo llevaba a "ayudarle" en la chamba. Solo debía entrar por una ventana y abrir alguna puerta o buscar algo de valor en cajones y vitrinas.

 

—Ellos tienen mucho Beto, por su culpa estamos jodidos —le decía su padre antes de meterlo a través de una ventana rota —Roberto solo asentía con la cabeza.

 

En una ocasión, una de esas noches de “ayuda a papá” en que Roberto debía entrar a un hogar y robar, sin saber que cada objeto sustraído, cada ventana rota, cada moneda robada lo iban convirtiendo en un nuevo criminal, escucharon el sonido de las sirenas de policía muy cerca de la casa allanada, el padre se puso muy nervioso y le dijo a su amigo Pedro, quien era el compañero de la “chamba"

 

—Ya valió, vámonos antes que nos agarren esos perros.

 

Roberto seguía dentro de la casa cuando escuchó los gritos de su padre a lo lejos y corrió hacia la ventana.

 

—¡Beto córrele, bríncate! —gritaba su padre exasperado.

 

—¿Y las cosas Papá? —dijo Roberto sin entender lo que sucedía.

 

—¡Deja todo ahí cabrón, córrele que ya vienen! —siguió gritando su padre.

 

—No alcanzo la ventana papá, voy a buscar una silla para subirme —dijo Roberto con la voz entrecortada.

 

—Ya están llegando Beto, tu diles que estabas haciendo una travesura y te quedaste atorado aquí, no hables de mi, diles que le llamen a tu mamá. ¡No me menciones Beto o nos chingan!

 

 —grito el padre de Roberto antes de salir corriendo.

 

Pedro, un oficial de policía se disponía a ir a cenar con su compañero unos tacos de cachete y trompa, cuando su ritual culinario fue interrumpido por el sonido del radio portátil, la voz de una mujer, la cabinera de la Comandancia de Policía Municipal, pedía a su unidad, la 16 dirigirse a la calle Hidalgo #19 pues había reporte de actividad sospechosa y un posible robo a casa.

 

—Oh que la chingada —dijo Pedro, mientras hacía un sonido que se asemejaba a un gruñido.

 

—Vamos a ver rápido y regresamos, ha de ser un pinche mariguano nomás —contesto Juan, su compañero mientras subía a la patrulla policiaca.

 

Llegaron al lugar, la cabinera había recibido una llamada de los vecinos por ruidos sospechosos y la presencia de unos hombres fuera del domicilio, los dueños de la casa eran una pareja madura que habían salido hace tan solo un par de horas, como cada viernes por la noche, regresarían de madrugada a su hogar pues tenían la costumbre de ir a cenar y después a bailar salsa a un salón , lo hacían desde jóvenes, decían qué solo así los matrimonios duraban para siempre.

 

—Buena noche, policía, nos reportaron actividad sospechosa ¿Hay alguien en casa? —Decía con voz gruesa y en tono alto Pedro mientras tocaba la puerta con la base de su linterna de aluminio.

 

Nadie atendía al llamado de la puerta, Roberto estaba en un rincón escondido llorando y temblando de miedo mientras se repetía a sí mismo —Es una travesura, te quedaste atrapado, háblale a mamá…

 

Espera cada martes un nuevo capítulo.

 

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