Viernes, 14 de Agosto del 2020
Viernes, 17 Julio 2020 02:27

Sólo raspones a Peña; presidentes siguen como estabilidad del régimen

Sólo raspones a Peña; presidentes siguen como estabilidad del régimen Escrito Por :   Carlos Ramirez

El caso del ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin, podría terminar en un circo que ni siquiera pudiera servir para los propósitos de Morena para las elecciones de junio de 2021. Al final como en las buenas novelas policiacas, habrá muchos culpables pero ningún condenado.


 

El punto central radica en el ex presidente Enrique Peña Nieto y la corrupción usada para financiar su campaña presidencial del 2012 y para acumular riquezas con negocios avalados desde Los Pinos. Pero los presidentes sólo pueden ser acusados de traición a la patria y delitos graves de orden común y la corrupción no alcanza.

 

Pero hay otro dato más importante: las campañas presidenciales, los presidentes en turno y los ex presidentes forman parte de la institución presidencial y ésta, mal que bien, con todas las sospechas y hasta pruebas son inimputables por razones de seguridad política del estado: la presidencia y sus titulares son garantes de la estabilidad del régimen priista vigente.

 

Un presidente o ex presidente en la cárcel implicaría el desmoronamiento, ahora sí, del régimen, aunque con los riesgos implícitos en la ausencia de un régimen de relevo. La fuerza de la presidencia de López Obrador, sólo comparable con la de Obregón, Elías Calles y Díaz Ordaz, no aguantaría un juicio judicial o por corrupción contra un expresidente de la República. Por eso Fox nunca pudo juzgar a Echeverría por Tlatelolco, un asunto mucho más grave que la compra de votos para la aprobación de una ley.

 

Y ahí se localiza otro problema: todos los presidentes de la Republica y gobernadores (el caso de Jaime Bonilla Valdez en Baja California es un ejemplo) se han visto en la necesidad de comprar votos para aprobar leyes que les interesan, y a veces no sólo con dinero en efectivo sino con escalafones de poder. Algunos políticos presuntamente incluidos en la lista de Lozoya ya están acumulando casos similares para apilar decenas de expedientes similares.

 

Lo de las grabaciones serán un circo. De tenerlas, el gobierno actual las va a dosificar a su interés. El presidente Zedillo tuvo en sus manos grabaciones de Carlos Ahumada y otras que le hicieron en Cuba en las que confesó a quienes había sobornado, pero esas pruebas fueron desaparecidas, escondidas o quemadas porque implicarían, también, el desmoronamiento del régimen.

 

En la realidad, el caso Lozoya pasará a los anales de los corruptos purificados; en los procesos legales, Lozoya aparece como el corrupto mayor, un señalamiento que ya manchó de por vida y más allá a toda su familia: por decisión propia aunque por complicidades por el poder, Lozoya fue un factor corruptor para lograr los votos de aprobación de la reforma energética. La delegación de cómplices no lo exonerará de sus propias culpas morales y éticas.

 

Pero nadie está descubriendo el hilo negro. El 12 de mayo de 1990, como parte del eje neoliberal del proyecto de gobierno de Carlos Salinas de Gortari, la Cámara de Diputados aprobó la iniciativa de ley para privatizar la banca que se había expropiado para el Estado el 1 de septiembre de 1982. Lo significativo del caso que muchos diputados priistas y de oposición que votaron por la expropiación en 1982 también lo hicieron por la privatización, algunos ya sin estar del PRI en 1990 y otros hoy en el PRD y hasta en Morena, casi todos a cambio de dinero.

 

La purificación de políticos corruptos realizada en la actual administración es el indicio del destino de Lozoya Austin. Por lo tanto, la lucha contra la corrupción no ha servido, ni servirá, como mecanismo de destrucción del viejo régimen para la edificación de uno nuevo. Y lo grave es que muchos corruptos del viejo régimen siguen en activo en el gobierno actual, sin preocuparse por limpiar sus biografías.

 

Así que nadie verá tras las rejas a Peña Nieto ni a Luis Videgaray por el factor de impunidad de régimen.

 

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PIB. Quiérase o no, el PIB será el eje fundamental de la crisis mexicana. Ya va en -10% y seguirá bajando para quedar en alrededor -14%. Y la capacidad de reactivación en 2021 estará limitada por el nulo apoyo gubernamental a sectores para la reactivación. Por eso algunos inversionistas están evaluando una recesión con PIB negativo para 2020, 2021 y 2022.

 

Política para dummies: La política es el arte de atravesar pantanos con alas inmaculadas, porque la política es el pantano.

 

http://indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

 

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