Martes, 14 de Julio del 2020
Jueves, 18 Junio 2020 03:12

Se acabó la luna de miel con Puebla

Se acabó la luna de miel con Puebla Escrito Por :   Arturo Rueda

El problema de AMLO, desde el punto de vista táctico, no es que tenga enemigos o críticos. Es la naturaleza de la política. El problema es que López Obrador no sabe qué hacer con sus aliados. Diría un experto: no conduce, deja hacer, pero nadie hace. La 4T es un caos


 

Yo soy de los que opinan que Andrés Manuel López Obrador se encuentra extraviado, no en sus principios irrenunciables a erradicar la corrupción y los privilegios del PRIAN, pero sí en su táctica electoral rumbo al 2021. Su liderazgo ni se ve, ni se siente.

 

La gira irrelevante por Puebla, donde su gran anuncio fue enumerar a los miles que reciben becas, apoyos y programas sociales, así como 223 sucursales del Banco de Bienestar, le sirvió  no para sentir lo tupido, sino lo duro.

 

 

¿Por qué lo duro?

 

Porque a las afueras del Convento de San Pedro Cholula se le juntaron todo tipo de expresiones de descontento. Las legítimas -como los médicos del Hospital General que quieren basificaciones, así como los despedidos en la transformación del Seguro Popular-, las ilegítimas -Antorcha Campesina- y sus enemigos naturales, los fifís motorizados de FRENAA.

 

Cada grupo por sí mismo es irrelevante, pero todos juntos en contra de la Cuarta Transformación sí pueden hacer que pierda la mayoría en San Lázaro el próximo año, como la revocación del mandato en 2022.

 

El problema de AMLO, desde el punto de vista táctico, no es que tenga enemigos o críticos. Es la naturaleza de la política. El problema es que López Obrador no sabe qué hacer con sus aliados. Diría un experto: no conduce, deja hacer, pero nadie hace. La 4T es un caos.

 

 

La disfunción está al interior de la Cuarta Transformación, que se ve potenciada por la realidad agresiva de la pandemia y la consecuente crisis económica, así como la delincuencia incontrolable.

 

La Cuarta Transformación es disfuncional en su seno interno. La fractura interna de Morena se debe a una falta de conducción del líder, que no sabe lo que quiere ni con quién lo quiere.

 

 

Veamos.

 

En lo público, Andrés Manuel fue frío, casi distante, con Luis Miguel Barbosa. Lo mejor que dijo de él es que se trata de un “gobernador con el que nos hemos coordinado”, pero ni un elogio o reconocimiento, espaldarazo, más allá de que el titular de la Sedena confirmó que en la entidad la incidencia delictiva va a la baja.

 

Se entendería que el presidente no tire elogios tratándose de un gobernador de oposición, pero Barbosa es de Morena. ¿Por qué le regateó lo que sí le da a la Sheinbaum o a Cuitláhuac en Veracruz? ¿No sabe que al fortalecerlo a él, fortalece a la 4T?

 

Quizá Barbosa no es cercano a sus afectos -aunque la calidez sí se había mostrado en visitas previas- o las grillas del círculo presidencial ya afectaron la percepción del presidente sobre el gobernador poblano. Puede ser.

 

Pero más allá de los afectos o las grillas, importa la eficacia política. ¿De verdad AMLO cree que puede ganar Morena las 15 diputaciones federales sin el apoyo del gobernador de Puebla?

 

AMLO debe entender que el frenesí por el personaje se agotó, así como la luna de miel con los mexicanos. Y que la única forma de sustituir esa luna de miel es con operación política-electoral para 2021.

 

¿Pero con quién lo hará, si es que no se siente cómodo con Barbosa?

 

¿Lo hará con el cero a la izquierda de Rodrigo Abdala, que ni siquiera ayer pudo brillar pese a tener la operación de la gira?

 

¿Lo hará con Claudia Patética, la presidenta de Puebla más impopular de la historia, que además tiene un pie en la cárcel por actos de corrupción?

 

¿Qué otro operador electoral tiene, un as bajo la manga, o una razón de voto?

 

Ayer incluso era la oportunidad, precisamente, para sentar a la mesa a Barbosa, Abdala, Claudia y quizá a Armenta. Dejar en claro que el mando político le corresponde al jefe político en la entidad. Coordinar la estrategia, enviar públicamente un mensaje de unidad.

 

 

Pacificar la relación entre Claudia Patética, o por lo menos hacer más fluido el de trato la secretaria florero de Gobernación y el gobernador.

 

Pero AMLO vino y se fue de Puebla sin un resultado claro. Una gira improductiva, excepto para conocer que en 2021 se le van a juntar sus enemigos, y sus aliados son un desmadre.

 

Si no lo ve venir, López Obrador va a tener un gran fracaso electoral el próximo año. Y si la cosa se agrava, lo van a echar del poder que tantos años le costó ganar.

 

Las alertas están prendidas.

 

Primera llamada de la derrota que se avecina.

 

 

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