Viernes, 14 de Agosto del 2020
Martes, 14 Julio 2020 02:46

Sólo le dan de reír a los enemigos de Morena

Sólo le dan de reír a los enemigos de Morena Escrito Por :   Arturo Rueda

En el pleito público entre Claudia y Barbosa sólo pierde Morena, que ya la tiene difícil para ganar en la capital desde ahora y la situación empeorará con los efectos de la pandemia y de la crisis económica. Morena tiene hoy todo para perder las cuatro diputaciones federales de la capital, las siete locales y muy probablemente la presidencia municipal


 

En el pleito público entre Claudia y Barbosa sólo pierde Morena, que ya la tiene difícil para ganar en la capital desde ahora y la situación empeorará con los efectos de la pandemia y de la crisis económica. Morena tiene hoy todo para perder las cuatro diputaciones federales de la capital, las siete locales y muy probablemente la presidencia municipal

 

La profunda animadversión entre Claudia Rivera Vivanco y Luis Miguel Barbosa ya no tiene vuelta atrás, luego de que la alcaldesa denunció al gobernador en el IEE por violencia política de género y arremetió en su contra en declaraciones a El Sol de Puebla.

 

El conflicto político está bien delimitado: Claudia sueña, quiere reelegirse como presidenta municipal mientras que el gobernador no la quiere ahí… al igual que miles de capitalinos que la reprueban masivamente en las encuestas.

 

Hasta ahí, en esa disputa de estilos y futurismos, el conflicto no es tan diferente como el que tuvieron Mario Marín con Melquiades Morales, Mario Marín con Enrique Doger, o Rafael Moreno Valle con Eduardo Rivera.

 

Sin embargo, el conflicto Rivera-Barbosa tiene un ingrediente diferente: la nula o muy escasa cultura política de la alcaldesa. Su autodefinición como activista en realidad es un primitivismo, una falta de experiencia, carrera, roce o incluso lecturas.

 

Como política, Claudia es una mujer de las cavernas. Es rústica.

 

No es su culpa. Su biografía no indica roce político, ni experiencia en la función pública, ni una mentoría con un político de mediano o alto nivel.

 

 

¿Cómo va a ser Claudia una gran política si nadie se lo enseñó, ni lo aprendió de otro, ni cree en eso, y su escudo permanente es atrincherarse en el “activismo”, cualquier cosa que eso sea?

 

Como carece de cultura política y sola conoce el activismo panfletario de las calles, Claudia no sabe conducir el conflicto con el gobernador. Lo airea, lo hace público, lo demanda por violencia política de género en el IEE aunque sabe que no va a proceder, y por último, lo golpea en una entrevista en El Sol de Puebla.

 

En todos los casos anteriores -Mario Marín con Melquiades Morales, Mario Marín con Enrique Doger, o Rafael Moreno Valle con Eduardo Rivera-, el conflicto se movía tras bambalinas.

 

Se sabía, se aceptaba, se interpretaba, pero todo era un permanente juego de sombras. Un golpe aquí, una sobadita allá.

 

Esto ocurría así porque, a final de cuentas, airear esos conflictos sólo lastimaba su marca partidista a los ojos de la ciudadanía. Entre Marín y Melquiades se aborrecían, pero al final ambos confluían en el PRI; lo mismo que Marín y Doger.

 

 

Igual pasó con Moreno Valle, que nunca destruyó a Lalo porque sabía que afectaba a una base leal del PAN. Así que todo eran maniobras, pero hasta ahí. Había fintas, amenazas que no se materializaron.

 

En el pleito público entre Claudia y Barbosa sólo pierde Morena, que ya la tiene difícil para ganar en la capital desde ahora y la situación empeorará con los efectos de la pandemia y de la crisis económica.

 

Morena tiene hoy todo para perder las cuatro diputaciones federales de la capital, las siete locales y muy probablemente la presidencia municipal. En ese pleito, todos van a perder.

 

Perderá AMLO porque necesita las diputaciones federales para mantener su hegemonía en San Lázaro.

 

Perderá Barbosa si no puede retener la mayoría en el Congreso local, lo cual se empieza a ver difícil.

 

Perderá Claudia, quien será arrojada de la alcaldía, olvidada, perseguida por una simple razón: su horizonte temporal es menor al de un gobernador.

 

Claudia, en su rustiquez, no entiende que los panistas, los morenovallistas, se ríen cuando le dijo al Sol de Puebla que Barbosa “Me parece que sí, algunos perfiles, sí, por supuesto, como el de él, no están acostumbrados a escuchar opiniones, probablemente a debatir algunas estrategias o arrastrar el lápiz (…)”.

 

O sea, ¿el gobernador es qué? ¿Un flojo que no arrastra el lápiz? ¿Un autoritario? ¿Un dictador?

 

¡Ah caray!

 

Si se pudiera, Luis Miguel Barbosa debería denuncia a Claudia Rivera por… violencia política de género.

 

Total, es la clase política rupestre generada por Morena.

 

Ni el PRD era así. Podían ser tribales y sectarios, pero no rupestres, primitivos, chiquititos.

 

Pero ante la provocación, mejor Barbosa guardó silencio. ¿Para qué agrandar un show que sólo le da de reír a los enemigos de Morena?

 

Unas gritan, graban videos y claman violencia política de género.

 

Otros hacen, hacemos, lo que se tiene que hacer.

 

PD. Hay que eliminar ese escudo protector de la violencia política de género. Ellas ya están en un rango de igualdad total.

 

 

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