Sábado, 15 de Agosto del 2020
Lunes, 27 Julio 2020 03:22

Un médico humilde hace más que todos los empresarios fifís

Un médico humilde hace más que todos los empresarios fifís Escrito Por :   Arturo Rueda

Un médico poblano de recursos modestos les puso la muestra: el Dr. Juan José Callejas Esponda le donó al personal del sector salud cinco mil caretas ante la carencia de insumos oficiales. ¿Y sabe qué obtuvo como premio? Contagiarse del COVID-19 por andar en la calle donando caretas. También se enfermó su mamá. ¿Y sabe qué fue lo peor? Que no hubo espacio para él ni para su mamá en el IMSS La Margarita por saturación.


 

La cúpula del empresariado poblano tendría que entender que reapertura no es lo mismo que reactivación económica. Verse en el espejo de la CDMX, que hace un mes cambió a semáforo naranja para reabrir restaurantes y comercios no esenciales, pero eso no significa más comensales ni más ventas. 

 

En el sector de centros comerciales y restaurantes, el semáforo naranja de la CDMX es una simulación para complacer a López Obrador. Además de las limitantes de aforo, los restaurantes lucen vacíos y todos los comercios no esenciales tienen la orden de cerrar a las 5 pm.

 

Así que tanto el CCE, como Coparmex y Canirac en Puebla deben preparase de otras formas para afrontar lo que viene en la eventualidad de que pudiéramos cambiar a semáforo naranja: restaurantes sin comensales y tiendas sin compradores, limitados además por los aforos.

 

Los restaurantes en CDMX, por ejemplo, no tienen ni 20 por ciento de comensales en las mesas. Incluso si pudieran reabrir al cien por ciento, no hay forma de atraer a la gente a los negocios.

 

Ya ni hablar del cine: pueden reabrir, pero no hay películas. Eso le pasó a Tlaxcala que tiene que re exhibir éxitos cinematográficos del pasado como Los Vengadores y Coco, pues la industria de Hollywood está paralizada.

 

Se entiende la urgencia de reabrir, pero hay que entender a profundidad por qué falló la reapertura de CDMX.

 

Una parte de la sociedad tiene miedo a contagiarse y a enfermar.

 

Otra, simplemente no tiene recursos ni confianza para consumir. La pérdida de empleos y el cierre de cadenas productivas son brutales.

 

En la mitad de ambos extremos, los que tienen menos miedo y un poco de ingresos, van a preferir consumir en la informalidad. Comprar en el ambulantaje, los tianguis y comer en los puestecitos de la vía pública.

 

Todo esto viene a colación porque un nuevo membrete de la IP, Alianza Empresarial por la Reactivación Económica, lanzó una campaña mediática para usar 15 días el cubrebocas. Supongo piensan en una vía rápida para obtener el semáforo naranja.

 

No deja de ser loable su campañita mediática, pero como dice el gobernador Barbosa, no han donado ni una hamburguesa.

 

Las campañas mediáticas del cubrebocas ni van a provocar la reapertura, ni la reactivación que pasa por canales diferentes. 

 

El gobierno estatal podría ordenar hoy mismo la reapertura, pero no va a detonar la reactivación y sólo va a agravar la pandemia que había desacelerado en las dos semanas previas.

 

Si la IP quiere contribuir, lo mejor que podrían hacer serían donaciones de material y medicamentos tanto para el sector salud como para las familias de los enfermos.

 

Un médico poblano de recursos modestos les puso la muestra: el Dr. Juan José Callejas Esponda le donó al personal del sector salud cinco mil caretas ante la carencia de insumos oficiales.

 

¿Y sabe qué obtuvo como premio?

 

Contagiarse de COVID-19 por andar en la calle donando caretas. También se enfermó su mamá. ¿Y sabe qué fue lo peor? Que no hubo espacio para él ni para su mamá en el IMSS La Margarita por saturación.

 

El doctor Callejas Esponda es médico general en Chiautla de Tapia pero se ha movilizado a todo el estado. El héroe sin capa, apenas hace ocho días contrajo el virus, ahora padece de síntomas leves a moderados, respetando la cuarentena desde su domicilio ubicado al norte de la capital.

 

Pero ahí no termina la triste historia, pues su mamá de la tercera edad también está infectada. Ella lleva 14 días con la enfermedad, ahora sufren un calvario para encontrar tanques de oxígeno y medicamento en la capital.

 

"Oxígeno hay pero al día ocupamos un tanque, el costo de renta es muy elevado y no todos tenemos para pagar un tanque, o es uno o es otro, mi mamá con todas las medidas salía a comprar despensa, estaba muy protegida, pero en la colonia donde vivimos se aglomeran las personas, hay tianguis, pudo ser ahí. No sabemos en dónde pasó pero mi mamá empezó a toser, tuvo dolor de pecho, dolor de cabeza, fiebre y por ello está en cama, luego yo empecé a perder el olfato y el gusto", compartió el doctor Callejas.

 

¿Alguien podrá ayudarlo? 

 

¿De qué sirven las campañitas mediáticas de los empresarios si no han donado ni una careta, ni recorren hospitales para ayudar a médicos, enfermeras, personal de salud, o a las familias de los enfermos?

 

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