Martes, 22 de Septiembre del 2020
Lunes, 03 Agosto 2020 04:11

Un pequeño homenaje al Dr. Callejas ¡Sonrían, yo invito!

Un pequeño homenaje al Dr. Callejas ¡Sonrían, yo invito! Escrito Por :   Arturo Rueda

No sé hasta dónde sea mala fe o simple agotamiento del personal del sector salud, o la inercia burocrática del IMSS y de SSA, pero si los hospitales no se han saturado es porque los enfermos o no son internados, y ya que lo son, se mueren muy rápido. Mi amigo Juan José sólo duró dos días. Dos, el Dr. Callejas fue un héroe porque donó miles caretas.


 

Para Romina e Isaac Callejas

 

 

Me gustaría escribir este día sobre el primer año de gobierno de Luis Miguel Barbosa. Elogiar su estilo austero y firme. O sobre la estulticia de López-Gatell en Puebla, que no pudo esconder su rostro de candidato en Cuetzalan, tal como yo lo había advertido. O que México ya superó a Inglaterra en el conteo fatal. O sobre el adiós de dos periódicos venales como Síntesis y 24 Horas.

 

No puedo hacerlo porque tengo el corazón apachurrado por la muerte de mi amigo, el Dr. Juan José Callejas Esponda, héroe en toda la extensión de la palabra.

 

Cada muerte por el coronavirus es una tragedia que el conteo diario de los fallecimientos ya no alcanza a reflejar hasta que la lotería mortal toca nuestro entorno cercano.

 

Como el COVID-19 se lleva lo mismo, a los buenos que a malos, en esta ocasión la bala pegó en un poblano de excepción: el Dr. Juan José Callejas Esponda, quien dedicó los últimos meses de la pandemia a recorrer el estado y donar más de cinco mil caretas a sus compañeros del sector Salud.

 

¡Sonrían, yo invito! era su frase. Con esa alegría y optimismo, aunque no era de muchos recursos económicos, recorrió más de 300 unidades médicas rurales y hospitalarias para donar caretas al personal médico. Sabía que sus hermanos de profesión no estaban recibiendo material necesario para protegerse. Quería ayudarlos a salvar su vida, y él terminó ofrendando la suya.

 

En ese ir y venir por todo Puebla seguramente se contagió. Llevó la enfermedad a su humilde vivienda aquí en Puebla capital, también su mamá se enfermó del virus.

 

En la última semana la deficiencia respiratoria de Juan José se agudizó y como jubilado del IMSS, quiso internarse en La Margarita. No lo recibieron, argumentando que el hospital se encontraba saturado.

 

Regresó a su casa esperando que los síntomas se mitigaran. Desde la Secretaría de Salud le enviaron un tanque de oxígeno para su mamá y todavía grabó un video para agradecerle al Dr. Martínez. Era evidente que le costaba trabajo respirar.

 

Unas horas después, su estado se agravó y sus familiares llamaron a una ambulancia que les quiso cobrar cinco mil pesos para llevarlo a La Margarita. Tuvieron que esperar unas horas para que se apareciera una de SUMA y finalmente se lo llevaran, ya en estado grave.

 

El miércoles 29 finalmente ingresó a La Margarita. Lo internaron con su teléfono y aprovechó para grabar un último video mensaje para sus familiares. “No le tengo miedo a la muerte, no abandonen a mi familia, nos vemos en las estrellas”. Lo trasladaron a San José, no se sabe por qué. En el IMSS ya no informan de nada.

 

De origen oaxaqueño, vino a Puebla a estudiar medicina y se quedó aquí. Pasó muchos años adscrito a la unidad en Chiautla de Tapia donde hizo su carrera. Se jubiló muy joven del IMSS, pero todavía atendía en la clínica de San Bartolo.

 

Deja en la orfandad a su hija Romina de sólo 14 años. De pequeña sufrió leucemia, que superó y acaba de terminar la primaria. En la secundaria ya no contará con el apoyo y optimismo que contagiaba su padre.

 

Su otro hijo, Isaac, es apenas dos años mayor y cursa la secundaria. Ya tampoco podrá recibir su apoyo.

 

Por cierto, a la familia le entregaron el cuerpo de Juan José para cremarlo, pero no el teléfono celular. Se lo chingaron en el IMSS, no aparece por ningún lado. Malditos rateros.

 

En la funeraria Cristo Rey, además, les cobraron 18 mil pesos para cremarlo y todos los trámites. Nadie del gobierno les dio un peso de ayuda. Por lo menos no se han llevado el tanque de oxígeno para su mamá Giselda, pero ella ya no quiere comer, devorada por la tristeza que le causa la muerte de su adorado hijo.

 

Con el corazón apachurrado, les cuento de Juan José como un humilde homenaje que nos deja dos lecciones.

 

Una, todo lo que el gobierno nos dice es pura basura sobre la capacidad hospitalaria. El Dr. Callejas buscó ser internado desde el viernes 24 de julio. En La Margarita no lo quisieron recibir ni siquiera porque era jubilado. Pasó una semana en casa, agravándose sus síntomas y contagiando a más familiares. Finalmente fue recibido para morir internado en San José. No hubo un mínimo esfuerzo por salvarlo, como sospecho, pasó igual con los más de dos mil 600 muertos que tenemos en Puebla, los 46 mil en todo el país.

 

No sé hasta dónde sea mala fe o simple agotamiento del personal del sector Salud, o la inercia burocrática del IMSS y de SSA, pero si los hospitales no se han saturado es porque los enfermos o no son internados, y ya que lo son, se mueren muy rápido. Mi amigo Juan José sólo duró dos días.

 

Dos, el Dr. Callejas fue un héroe porque donó miles caretas. Alguien me dijo que ser héroe es muy pendejo, porque su deber era resguardarse para evitar contagios. Que si hubiera actuado de forma egoísta, o más inteligente, sin jugarle al chingón, estaría vivo cuidando de su mamá y sus hijos.

 

Pero yo me pregunto: ¿cuántas vidas salvó mi amigo Juan José con las cinco mil caretas que regaló, mientras Fernando Treviño de Coparmex no ha donado ni una hamburguesa?

 

¿Por qué murió el Dr. Callejas y el de la Coparmex, que no ayuda a nadie, sigue vivo?

 

¿De plano hoy todos tenemos que jugarle al egoísmo ramplón y dejar de ayudar a los demás?

 

¿A eso nos redujo el coronavirus?

 

Descansa en paz, amigo. Nos vemos en las estrellas.

 

¡Sonríe, yo invito!, como me decías cada que me escribías para contarme de tus aventuras.

 

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