Miercoles, 21 de Octubre del 2020
Lunes, 28 Septiembre 2020 02:56

No se pelean Morena, sino la candidatura presidencial 2024

No se pelean Morena, sino la candidatura presidencial 2024 Escrito Por :   Arturo Rueda

Bertha Luján y asociados, entre ellos Gabriel Hernández y Ramírez Cuéllar, que conforman el grupo golpista a la hegemonía presidencial, lo diagnostican correctamente: la llegada de Mario Delgado a la dirigencia nacional es un acto preparativo de la posible candidatura presidencial de Marcelo Ebrard en 2024


 

No está en juego la próxima dirigencia nacional. Nunca lo ha estado. La terrible disputa al interior de Morena tiene que ver con la colocación del tablero sucesorio de Andrés Manuel López Obrador rumbo al 2024, con la estación intermedia de la revocación de mandato en 2022.

 

Bertha Luján y asociados, entre ellos Gabriel Hernández y Ramírez Cuéllar, que conforman el grupo golpista a la hegemonía presidencial, lo diagnostican correctamente: la llegada de Mario Delgado a la dirigencia nacional es un acto preparativo de la posible candidatura presidencial de Marcelo Ebrard en 2024.

 

 

Constituye, pues, una ventaja táctica temprana que Ebrard se haga de la dirigencia nacional. Ventaja táctica que, con el pasar de los meses, podría convertirse en definitiva.

 

En esa lógica, los golpistas de Morena reclutaron a un político al borde de la tumba, Porfirio Muñoz Ledo, contratado en el final de su carrera política –y de su existencia biológica– para crear el escándalo que abra los ojos a los morenistas radicales: entregar la dirigencia nacional a Mario Delgado es abrirle la puerta de la sucesión a Ebrad.

 

El ex campeón nacional de oratoria de El Universal cumplió con creces su cometido. El camaleónico Muñoz Ledo abrió el fondo de la disputa: no es la dirigencia, no son las candidaturas del 2021, ni siquiera los millones en prerrogativas.

 

 

Lo que Luján, Ramírez Cuéllar y compañía quieren es arrebatarle al Presidente la prerrogativa de diseñar su sucesión presidencial. Eso no significa definir al candidato desde ahora, pero sí comenzar la reconfiguración de su tablero para enfrentar todos los conflictos que vienen.

 

Parte de esa reconfiguración, por supuesto, entraña afrontar con éxito la revocación de mandato prevista para 2022. Lo que se veía como un trámite comienza a nublarse con la misma velocidad que se nubla el panorama económico y los conflictos sociales estallan sin mediación ni control desde Gobernación.

 

Hasta ahora, AMLO ha navegado sin los dos brazos fundamentales del presidencialismo mexicano diseñado por el PRI: Gobernación y la dirigencia del partido. En la primera, colocó un florero por gusto propio, pero a medida que los conflictos se acrecientan, requerirá un rediseño político que pasa por un nuevo titular.

 

En el caso de Morena, su partido se debate entre asumirse como partido en el poder o seguir actuando en la línea de oposición de los movimientos sociales.

 

Desde fuera parece un conflicto sin sentido. Pero los Luján y compañía desean que Morena sea más movimiento social que partido, mientras que Mario Delgado llevaría la línea presidencial de hacerlo más partido que movimiento social.

 

En esa disputa teleológica, el actor invitado es el camaleónico Muñoz Ledo, que lo mismo sirve a su protagonismo personal desde los años setenta del siglo pasado hasta su ruptura con el PRI en la Corriente Democrática, pasando por su cercanía con Vicente Fox, el panismo, y hasta Mancera.

 

Porfirio, hay que recordar, se ve a sí mismo como un Danton de la Revolución Francesa. Tribuno excelso, habilidoso en la intriga palaciega, y amo de la maroma fundamental: servirse a sí mismo, al mismo tiempo que sirve a la República. Es su fantasía personalísima.

 

Como ya no tiene nada que perder, Porfirio aceptó jugar el papel de ariete de los golpistas Luján y compañía. Lo hace de forma excelsa, pues apenas con unas entrevistas reconfiguró su papel mediático para ganar en la pesca turbia que se avecina.

 

AMLO, sin embargo, sigue decidido a mantenerse al margen –por lo menos en público– de la disputa por Morena, aunque su simpatía por la candidatura de Mario Delgado es evidente. Por su parte, Luján y Cía. interpretan esa simpatía como una preferencia temprana por Marcelo Ebrard rumbo al 2024.

 

En esa disputa, Ricardo Monreal ha decidido firmar una alianza táctica con Ebrard para hacerse a cuatro manos de la dirigencia. Llegado el momento, interpretará el coordinador de los senadores, se jugará la final entre ambos, desplazando desde ahora a Claudia Sheinbaum.

 

Lo único cierto es que al interior de Morena comienza a vislumbrarse en el horizonte el 2024, sin saber si AMLO quiere un delfín, una delfina o una reelección para consolidar la 4T porque su sexenio es sexenio perdido.

 

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