Jueves, 28 de Enero del 2021
Miércoles, 25 Noviembre 2020 03:32

A todos los corruptos les llega su hora

A todos los corruptos les llega su hora Escrito Por :   Arturo Rueda

El dinero con el que Lastiri se enriqueció demencialmente salió de Sedesol y de Sedatu, pero en cuanto salió a la luz el escándalo de La Estafa Maestra, siempre negó tener relación con ese desvío de recursos en un esquema criminal. Pensó de que tanto negarlo le íbamos a creer.


 

Son tiempos difíciles para los corruptos. Las reformas legales en materia de transparencia, nueva contabilidad gubernamental, sistema anticorrupción y criminalización del uso de facturas falsas en la última década poco lograron hacer con lo que Peña Nieto identificó como “la cultura” del mexicano.

 

Pero algo está ocurriendo. Algo se mueve cuando los corruptos deciden salvarse delatando a sus cómplices, entregan a sus jefes, detallando los modus operadi, mostrando las pruebas, explicando los esquemas de desvíos. Lo que ahora se conoce como el criterio de oportunidad.

 

 

Empínalo a él pero sálvate tú es la nueva máxima. Y frente a la delación, ningún corrupto está a salvo. Los eslabones débiles de la cadena pueden hundir a los eslabones fuertes.

 

La moda del testigo colaborador la puso Emilio Lozoya con la corrupción de Pemex y los dineros de Odebrecht.

 

Le siguen ahora Emilio Zebadúa, dispuesto a sacrificar a Chayito Robles. Ella, abandonada y viendo perdido su caso, decide sumarse a la trama de delaciones que siempre tienen una dirección: Luis Videgaray, el hombre fuerte de Enrique Peña Nieto, como el hacedor-decisor de los actos de corrupción en ese sexenio.

 

Nadie duerme tranquilo.

 

Véase el caso de Juan Carlos Lastiri, espécimen menor de la política poblana conocido como “el pelón” o “el campesino holandés”, pero que en el momento en que se encaramó en el gabinete de Peña como subsecretario de Chayito Robes, se convirtió en “Don Juan Carlos Lastiri”.

 

Entre 2012 y 2018 operó para Robles y repartió dinero a diestra y siniestra. Su patrimonio creció descaradamente, compró residencia en La Vista, decenas de terrenos en Lomas de Angelópolis y amasó tanto dinero que incluso el hampa le robó varias de decenas de millones que guardaba en efectivo.

 

El dinero con el que Lastiri se enriqueció demencialmente salió de Sedesol y de Sedatu, pero en cuanto salió a la luz el escándalo de La Estafa Maestra, siempre negó tener relación con ese desvío de recursos en un esquema criminal. Pensó de que tanto negarlo le íbamos a creer.

 

Después de perder el Senado y deambulando por abajo del radar, Lastiri fue secuestrado unas horas en su natal Zacatlán y eso le costó todavía unos millones de pesos la liberación. Planeaba regresar a la vida política y por eso Néstor Camarillo lo metió por la puerta de atrás de la CNOP.

 

Pero ahora la justicia lo alcanzó por señalamiento del ex oficial mayor Emilio Zebadúa que, contra las cuerdas, decidió empinar a su jefa y a todos los cómplices que recibieron dinero de la Estafa Maestra tanto para enriquecerse como para la operación electoral de 2017 en Estado de México y 2018 para la campaña de Meade.

 

A Lastiri y a otros tres ex funcionarios los acusan de robarse, bajita la mano, mil 267 millones de pesos.

 

En esos mismos años, a nivel local, cobró importancia la figura de Eukid Castañón, que acumuló mucho poder, mucho dinero, mucha obra pública. Todo lo canalizó a través de la Estructura Maya.

 

Ahora lo único que Eukid acumula son varios procesos penales por delitos graves. No será el único, pues con la detención de su contadora Lorena Jaimes pueden sobrevenir nuevos señalamientos, así como más pruebas que empinen a los otros 64 integrantes de la Estructura Maya.

 

Al momento de terminar esta columna, me acuerdo que Mario Marín lleva prófugo más de un año.

 

No, definitivamente no son tiempos fáciles para los corruptos. A todos les llega su hora. Como a Don Juan Carlos Lastiri, que ahora puede ser un campesino holandés en prisión.

 

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