Viernes, 01 de Julio del 2022
Lunes, 21 Febrero 2022 04:03

Los parquímetros de Europa para la ciudad de Los Ángeles

Los parquímetros de Europa para la ciudad de Los Ángeles Escrito Por :   Isaac Emmanuel Palestina Duarte

Frente a un debate público tan contaminado y ante tan pésima comunicación institucional se agradece y debe ocuparse toda provocación como la que me hizo Arturo Rueda para escribir este texto.


 

Esta semana el ayuntamiento de Puebla, encabezado por Eduardo Rivera, planteó la posibilidad de implementar parquímetros en el centro histórico de la ciudad y en zonas de alta movilidad urbana. Las resistencias no se hicieron esperar, más bien por el desconocimiento de la política pública que por un análisis fundado sobre externalidades positivas o negativas, como incluso recomendó en su tradicional conferencia de las mañanas el gobernador. Ni siquiera el debate fue promovido con la seriedad de la implementación de una política pública por los integrantes del ayuntamiento y, para colmo, el mismo alcalde de la ciudad justificó la posible medida con el tradicional clasicismo y eurocentrismo de la clase política poblana de la vieja guardia y así como si estuviéramos en pleno porfiriato, argumentó: “Es una política pública que tienen ciudades como Londres, París, Washinton, etcétera”.

 

            Frente a un debate público tan contaminado y ante tan pésima comunicación institucional se agradece y debe ocuparse toda provocación como la que me hizo Arturo Rueda para escribir este texto.

 

            Lo preocupante es, como dicen el gobernador, Rueda y muchos de los que nos consideramos ciudadanos del centro histórico de Puebla por sus restaurantes, cafeterías, bares y tan rica vida cultural y de memoria histórica, que con esta miopía política en lugar de implementar una política pública con transparencia y eficacia que atienda a las necesidades de movilidad urbana, se utilice perversamente para continuar con la tendencia privatizadora del espacio público en las zonas del centro de la ciudad, provocando pérdidas irreparables, congestionando aún más las calles, desplazando a los franeleros, mismos que se sabe, el ayuntamiento los considera, al igual que a los ambulantes y trabajadoras sexuales, invasores del espacio público. Muy ad hoc con la hipocresía del conservadurismo la política pública de ordenamiento comercial del centro histórico es esconder lo feo, lo que nos hace ver como una ciudad de pobres. No así reconocer las problemáticas y enfrentarlas sustantivamente.

 

            Sin embargo, en defensa de la política pública de los parquímetros sostengo que puede ser una medida eficaz para recaudar impuestos y utilizarlos en el mejoramiento urbano (sin clasismo ni elitismo) así como para establecer herramientas de presupuesto participativo para que las y los ciudadanos podamos decidir nuestras prioridades de mejoras materiales, echar marcha atrás de la tendencia privatizadora del espacio público en por lo menos los últimos 30 años de gobiernos municipales y estatales, democratizar el espacio público y permitir que tanto ciudadanos como turistas puedan acceder por un tiempo al goce y disfrute de la ciudad, sin que locatarios te agredan por quitar sus cubetas o escaleras, además, aumentar la vigilancia de las unidades móviles, de peatones en zonas concurridas y promover en la ciudadanía nuestra identidad poblana, la democracia participativa y el uso transparente de recursos públicos. Pero quizá esté pidiendo demasiado.

 

            El gobierno municipal tiene en prospectiva que asumir el costo político de decisión tan impopular y atender la recomendación respetuosa hecha al Presidente municipal Eduardo Rivera de que si quiere atenuar ese gravamen, mejore su comunicación institucional, puesto que tiene ante sí una propuesta rica de fundamento teórico y práctico. Hay expertos en movilidad y diseño urbano. Vaya, que no improvise y gobierne, es decir que planee, administre y ejecute.

 

La política pública de los parquímetros no es la única posibilidad para resolver este problema y menos aún debe implementarse para que la ciudad se vea más ‘Europea’ ni para desplazar a la vida ambulante del primer cuadro histórico de la ciudad por el sólo hecho de ser pobres. Bastaría, por ejemplo, con aplicar los reglamentos vigentes de la ciudad. Tiene razón Arturo Rueda, no se necesitan parquímetros, sino ideas y buenos argumentos.

 

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