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_Un día por la ciudad 

 __Melusa Gómez

 

El centro de la ciudad tiene diferentes coloridos en los puestos de periódicos Cambio Foto / Tere Murillo

Resulta que hoy hay más de un tema que ronda por mi cabeza para comentar con ustedes. Así que vamos por partes.


Hace algunos días, por asuntos familiares, tuve que visitar el centro de la hermosísima ciudad de Puebla. Al decir el centro me refiero a la 10 poniente y sus alrededores, porque si las calles visitadas son la 2 o la Reforma, la historia es totalmente diferente. Es insólito el abandono, tráfico y desorden que reinan en esa zona. Los camiones manejan indistintamente por la derecha que por la izquierda y además lo hacen en una misma cuadra unas 2 ó 3 veces. Es decir, pasan de un lado a otro de la calle (de por sí llena de gente y  puestos). Los agentes de tránsito por esos rumbos ni se asoman, es la ley del más fuerte, que podríamos traducir en el menos preocupado de darle un rayón a su coche o meterse en un lío en esa zona tan bonita y tan segura. Pero eso no es todo, no les he hablado aún de los descarados que por poner sus intermitentes, creen que pueden dejar su coche en prácticamente cualquier lado y bajarse a hacer lo que necesitan en la tienda que está justo frente a su vehículo. ¿Ellos creen que los que nos metemos a un estacionamiento a tres cuadras del lugar lo hacemos por idiotas o por educados? Caminar entre gente, puestos y música a todo volumen a nadie le gusta (creo).


La cosa es que cuando yo ya había terminado el encargo que me llevó a la 10 poniente, di vuelta para salir del berenjenal aquel y me topé con un señor bajando de su elegantísimo “Audi A3” y pretendiendo dejarlo en segunda fila. Ya loca por la desesperación de la experiencia vivida los minutos anteriores, la que esto escribe se detiene, baja el vidrio y educadamente le pregunta al mentado señor: “¿no crees que ahí estorbas?” Me quedé  perpleja y sin más que decir al recibir como respuesta un descarado y cínico “no”, además de ver cómo se alejaba el señor valiéndole absolutamente madres estorbarle a todos los que pasábamos por la calle. ¿Y los de tránsito? Muy bien, gracias, los podemos ver siempre de dos en dos por las esquinas no conflictivas de la ciudad.


Hablando de otra cosa, este fin de semana asistí a dos eventos sociales. Uno fue una reunión en Africam Safari que tenía como objeto juntar a un buen de gente para participar en una subasta de dos cuadros y recaudar fondos para luchar por el jaguar, animal hermoso que está en peligro de extinción. Pudimos ver un poco de todo, y como ahora está de moda, no faltó una niña de aproximadamente 12 años que nos dio un discurso sentido y concientizador a los adultos para que dejemos de destrozar el mundo en el que vivimos.


En el momento en que nos trajeron algunos canapés, la gente del zoológico también les puso algo de comida a los animales, justo frente a nosotros, así que por primera vez en mi vida, compartí la comida con unas jirafas.


Y sólo como dato anecdótico, me gustaría comentar que entre los ahí presentes se encontraba Raúl Salinas de Gortari. Sí, el tan nombrado hermano incómodo que sonriente se paseó y convivió con sus conocidos en el lugar. ¡Ay nanita, qué miedo!

 

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