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Invitado Especal
La Quintacolumna


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Antorcha 

 

 

Sorpresas de la reforma Hacendaria

 

Aquiles Córdova Morán*

 

Con motivo de la propuesta de reforma hacendaria del Presidente Felipe Calderón, se han dado algunas sorpresas que han sembrado desconcierto en los poco informados, como yo, sobre cómo valorar el importante documento de que hablamos. La primera de dichas sorpresas es la argumentación del propio Presidente para defender su iniciativa que consiste, si no entendí mal, en reconocer dos verdades incuestionables, casi del dominio público, pero que muy pocos se han atrevido, desde el poder, a formular en voz alta por temor a ser acusados de “populistas” o de “enemigos de la libertad empresarial”. Esas verdades son, en primer lugar, que la recaudación del gobierno mexicano medida en términos del Producto Interno Bruto (PIB), es inaceptablemente baja en comparación con lo que recaudan otros países con una economía igual o más pequeña que la nuestra; en segundo lugar, que ese raquitismo se explica, en gran medida, por una inequitativa distribución de la carga fiscal (más de la mitad de lo recaudado proviene de los contribuyentes cautivos) y por la gigantesca evasión de los grandes empresarios y financieros. El país necesita crecer, dice el Presidente, y para ello el gobierno debe gastar más en infraestructura y otros rubros indispensables, lo que sólo será posible si se recauda más, que es lo que busca la reforma propuesta.


            La segunda sorpresa no estuvo tanto en los exagerados respingos y lamentos de los empresarios, aunque no deje de llamar la atención su falta de patriotismo y de solidaridad con un gobierno que ellos mismos llevaron al poder e, incluso, su falta de un elemental instinto de sobrevivencia. La novedad reside en la batería de “argumentos” que dispararon y siguen disparando en contra de la reforma. Dicen los señores empresarios  que la famosa Contribución Empresarial a Tasa Única, mejor conocida como la CETU, es un gravamen lesivo para su capacidad de inversión, porque no les permite deducir de impuestos (es decir, no les permite dejar de pagar impuestos por ese concepto) el monto total de salarios que pagan a su plantilla laboral, ni las inversiones en universidades, institutos y otros centros de educación privada, ni tampoco (¡fijarse bien!) sus aportaciones filantrópicas para los que menos tienen. Que, por eso, la CETU va contra la creación de empleos y, además, es inflacionaria, ya que muchos de ellos se verán en la necesidad de trasladarla al consumidor final vía la elevación  del precio de sus mercancías.


            Pero lo que olvidan los empresarios, o lo ocultan deliberadamente, es que la CETU es un mecanismo ideado por el actual Secretario de Hacienda como un candado para evitar, o cuando menos reducir, su abusiva evasión actual del pago del Impuesto Sobre la Renta (ISR), es decir, que es una manera de obligarlos a calcular sin trampas el monto real del ISR, ya que, en caso de que éste resulte inferior al CETU, es decir, en caso de que sea “rasurado” por los “expertos” en chicanas contables con que cuentan las empresas, Hacienda los obligará a pagar el monto mayor, es decir, en este caso, la CETU. Por tanto, quien no quiera pagar la CETU porque le resulte onerosa y descapitalizadora, lo único que tiene que hacer es calcular con honradez su respectivo ISR, que es un impuesto que viene de muy atrás y que la propuesta hacendaria actual no toca ni modifica para nada. Adicionalmente, llama la atención la desfachatez de quienes reclaman exención de impuestos para los centros de educación privada, como si se tratará de refugios para indigentes o de centros de distribución de alimentos y medicinas gratis para quien los necesite, cuando todo mundo sabe que educarse en uno de ellos cuesta un ojo de la cara, que ahí se paga hasta por respirar y que aumentan las colegiaturas y otros pagos por el uso de servicios e instalaciones, sin que nadie los  supervise ni les tome cuentas. Por último, no hay que dejar de lado la queja de que la CETU sofocará el espíritu filantrópico de los empresarios y sus esposas, pues al impedirles deducir de impuestos sus generosos donativos, tendrán que renunciar a ellos. Ya salió, pues, el peine: las “donaciones” no se hacen “sólo por ayudar”, como reza conocido lema de una asociación para la protección de los animales sino porque sirven de pantalla para eludir impuestos por cantidades que nada tienen que ver con el monto de la limosna. Si no fuera así, no les dolería tanto pagar impuestos por las miserias con que engañan a los menesterosos y a su propia conciencia.


            Finalmente, la tercera y última sorpresa fue el encontrarnos, en la misma trinchera de los opositores a la reforma calderonista, a muchos diputados de izquierda y “de oposición” en general. Ha sido bandera histórica de la izquierda mexicana (y mundial) la demanda de un impuesto fuertemente progresivo que grave más a quien más gana, para dotar al gobierno con recursos suficientes para una lucha eficaz contra la pobreza; para obligarlo a una inversión productiva que promueva el crecimiento, que genere empleos y mejores salarios y que dedique más recursos al gasto social. Y resulta que ahora que un Presidente de derecha se anima a tocar a los intocables, sus “enemigos históricos” no la piensan dos veces y se lanzan en su defensa, para sorpresa, como digo, de muchos mexicanos como yo. Se dice que los diputados perredistas propondrán cambios a la reforma que den mejores resultados que la presidencial y sin los daños colaterales de esta última. Ojala sea así; porque de que urge cobrar más impuestos para atenuar la gran polarización del país entre ricos y pobres, de eso no hay duda; como tampoco la hay sobre lo que dijo el Presidente Calderón a los filántropos: como gesto fraternal, como manifestación de una ética solidaria y humanista, la filantropía siempre será bienvenida; pero es claro que eso no es lo que necesita el país para encarar y resolver los grandes problemas que lo agobian.

 

México, D. F., a 1 de agosto de 2007.

 

*Secretario General del Movimiento Antorchista Nacional.

 

 

 

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