Antorcha


Aquiles Córdova Morán*


VERACRUZ, OTRA VEZ


Con motivo de la queja pública de los antorchistas veracruzanos por la nula atención a sus demandas, el gobernador Fidel Herrera Beltrán tuvo a bien reunirse con ellos y, en su presencia, ordenar a sus subalternos aplicar recursos más imaginativos para solucionar lo que ahí se le expuso. Pero las posteriores “reuniones de trabajo” con las dependencias se convirtieron en torneos de discursos huecos, evasivas y vagas promesas de solución futura, evitando siempre ponerles fecha de cumplimiento. Ante eso, los solicitantes tuvieron que volver a hacer pública su queja y convocar a una concentración masiva en Xalapa. El propósito no era otro que hacerse oír nuevamente por el señor Gobernador. A manera de respuesta, Ricardo Ramírez Juárez, columnista del diario El Gráfico de Xalapa, que ha tomado a su cargo la tarea  de injuriar, calumniar y amenazar con la represión oficial a los inconformes, volvió a arremeter, con todo su arsenal de injurias, obscenidades y bajezas, a los inconformes y a su líder histórico, Samuel Aguirre. De paso, propinó una repasada al que esto escribe por su artículo, publicado en este mismo espacio pocos días antes, con el propósito de poner en claro los hechos aludidos.


El nuevo “artículo” es tan repetitivo y tan carente de ideas, que bien pudiera yo dejar ahí las cosas. Pero no quiero que mi silencio se interprete como muda aceptación de las imputaciones que en él se hacen y, por eso, diré dos o tres cosas sobre el engendro.  Comienza Ricardo Ramírez afirmando que la nueva protesta antorchista debe verse como la insistencia de Samuel Aguirre en desestabilizar al “gobierno de la fidelidad” (con lo cual vuelve a delatar la mano que lo mueve y le paga), y eso no es cierto. Las demandas irresueltas que constituyen el fondo del conflicto tienen cuatro años (los mismos que lleva el gobierno del licenciado Fidel Herrera) y no pueden, por eso, ser tildadas de inventos recientes para armar chantajes; y el motivo inmediato y directo de la nueva protesta que sataniza el columnista de marras, es exactamente el que dejo apuntado más arriba y ningún otro, abierto o encubierto. Y eso lo saben bien el señor Gobernador y sus funcionarios. En seguida el columnista, distorsionando completamente el pliego de demandas que se discute, pone el grito en el cielo porque, dice, todo eso vale ¡150 millones de pesos! Primero, afirmo que está intencionalmente abultado el número de plazas que este señor maneja y, en seguida sostengo que, aunque así no fuese, no veo el delito en solicitar empleo para quienes carecen de él, en un país donde se encuentra desocupada más de la mitad de la Población Económicamente Activa (PEA). Y menos cuando tales empleos son para mejorar la educación de nuestros jóvenes, que es otro de los graves problemas del país. La cifra de 150 millones sí es real (¡Claro! Se la proporcionó quien hizo el cálculo por parte del gobierno), pero llamo a reflexionar sobre lo siguiente: si quisiéramos tasar en dinero las necesidades y carencias de los veracruzanos más humildes, ¿a cuántos miles de millones de pesos ascendería la cifra final? Si se ven así las cosas, resulta evidente, hasta para el más lerdo, que esos 150 millones de que se asusta el columnista no son sino una gota de agua en medio del gran desierto de pobreza que rodea a muchos veracruzanos.


Ricardo Ramírez insiste en que todo es un chantaje de Samuel para conseguir una diputación federal. Pero en Veracruz hay decenas, si no es que cientos, de aspirantes que están haciendo todo lo que pueden para conseguirla, y nadie los ataca simplemente porque sabe que eso no es ningún delito. ¿Por qué, entonces, casi se pide la horca para Samuel? Evidentemente porque, además de aspirar (real o supuestamente) a una diputación, al mismo tiempo demanda soluciones para los desamparados y eso, para la soberbia en el poder, es “dar patadas al pesebre”. Diré, sin embargo, que ignoro si alguien ofreció a Samuel, en otro momento, una diputación federal que hoy quiere negar atacándolo como se viene haciendo. Pero lo que sí puedo afirmar es que Samuel sabe muy bien (y así se lo debió decir al hipotético oferente) que ni los antorchistas veracruzanos ni los del país le permitiríamos, jamás, que cambiara las necesidades y carencias de sus compañeros por una curul. Así que pueden dormir tranquilos quienes se consideren “con más méritos” para esa sinecura.


A mí se me acusa de “senecto” porque cumplo 67 años “en este mes de julio”, y se me invita a dedicarme a mejores cosas que defender a Samuel (por ejemplo, a ganar dinero fraguando y publicando ataques por encargo). Mi edad es correcta, aunque el columnista equivocó la fecha de mi cumpleaños (por donde se puede ver la confianza que merecen sus “investigaciones”), y nunca la he negado porque el tiempo pasa para todos, incluido el irreverente columnista; pero, respecto a su consejo, diré que el señor no sólo no sabe escribir, sino que tampoco sabe leer. Mi artículo no está destinado a defender a Samuel, como lo puede comprobar cualquiera, sino el derecho de todos los mexicanos a organizarse y protestar públicamente de acuerdo con la Constitución. Se me acusa de andar mendigando una diputación y de celebrar entrevistas clandestinas con cierto aspirante a la gubernatura de Veracruz. Lo primero es simplemente falso; lo segundo pudiera contestarse diciendo que yo no tengo dueño ni ostento en la frente el hierro de ningún amo y que, por eso, soy libre de entrevistarme con quien yo decida, sin tener que esconderme de nadie. Pero como se lastima también a una figura  pública, yo, que soy ajeno a toda vileza, me siento obligado a declarar que jamás he mantenido ninguna entrevista privada con el licenciado Miguel Ángel Yunes Linares. Es más, estoy seguro que el aludido ignora, incluso, que yo  existo en el mundo. Y quien diga lo contrario, miente ahora y mentirá siempre en el futuro (como dijo don Quijote) cuantas veces lo diga, donde lo diga y como quiera que lo diga. Vale.

 

* Dirigente del Movimiento Antorchista Nacional




 
 

 

 
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