El cajón del desastre


Fritz Glockner

17/11/2010

NO HUBO MANERA


Por más que le buscaron, por más que se fueron al fondo de sus conocimientos, los cuales por cierto han de ser muy profundos, por más que la ronda de los héroes se llevó a cabo, no existió justificante que permitiera festejar con verdadero sentimiento el próximo 20 de noviembre; y no es para menos, los panistas se han visto sentados en una silla donde han tenido que alabar a sus enemigos históricos, y eso ha de incomodar a cualquiera ¿no?


Para tapar el ojo al sentimiento de la nación, simplemente se volvió a organizar un desfile, ahora con personaje protagónico del ejército de nueva cuenta, siendo que el 20 de noviembre se daba cabida a las expresiones sociales y civiles, a deportistas, pero claro, Calderón y su gente ya desgastaron esa opción a los pocos días del bicentenario, y ahora no les queda de otra de insistir en que los militares se encuentran en la calle, provocando daños colaterales, persiguiendo a los llamados elementos del crimen organizado, y festejando el centenario.


Es curioso, porque aún y cuando los herederos de Francisco I Madero militan en Acción Nacional, no existe mayor representación, ni identificación del panismo para con el primer movimiento social revolucionario del siglo XX; ¿quién podría ser un guía para ellos? ¿Zapata y su “Tierra y Libertad”? ¿Villa y sus acciones consideradas como de bandolero? Vaya pues, insisto, ni el propio Madero con su “No reelección” termina por convencerles, y es que si durante el siglo XIX existió cierta corriente de pensamiento desde la derecha que diera un pequeño justificante al actuar del partido conservador, para el siglo XX la ineficiencia del pensamiento de derecha ni siquiera les otorgó la opción de beatificar a un ideólogo, intelectual, o líder; y conste que no estoy colocando en este cajón del desastre ideológico al mismísimo fundador de Acción Nacional, Manuel Gómez Morín, quién por cierto perteneciera al grupo de los llamados “Siete Sabios” al lado de Vicente Lombardo Toledano, Alfonso Caso y Antonio Castro Leal entre otros, con los que genero el debate político, cultural, filosófico y social a principios del siglo XX, pero cuyos principios y actitudes morales han quedado en la letra muerta dentro del actuar de los actuales panistas.


A final de cuentas, en algún sentido los panistas tienen razón, ya que los priístas se han apoderado del discurso emanado del movimiento revolucionario de 1910, ellos se adjudicaron la patente, enterraron bajo la misma tierra a los que entre sí se asesinaron, Zapata al lado de Carranza, Villa cercano a Obregón, el propio Cárdenas pegadito con Calles y así en todos los casos, para unificar el discurso y apropiarse tanto del agandalle de unos, como de la simpatía popular de otros, o incluso del comportamiento amoral de aquellos, para justificar la existencia de un partido de estado que ha durado no sólo desde 1929 con la fundación del PNR, sino desde antes, digamos que desde 1920 cuando dejaron de disputarse la presidencia de la república a punta de balazos, aún y cuando el mismo Obregón terminara sus días gracias a una bala que le cruzara la base del cerebro, así como sucediera en 1994 con Colosio; y esa existencia se ha mantenido hasta nuestros días, porque aún y cuando a partir del 2000 se dio la alternancia partidista, es evidente que los panistas han actuado al son que los priístas les chiflan, y no es que esté colocando en un pedestal a los corruptos, asesinos, prepotentes y defraudadores de los gobiernos emanados del PRI, pero sin lugar a dudas los del PAN, han demostrado haber sido excelentes buenos alumnos de aquellas opciones.

 

Y luego entonces ¿por qué no festejar el centenario como si se tratara de una continuación del PRI? La única respuesta que me viene a la mente es esa, la falta de un buen maestro de historia de la totalidad del gabinete de Calderón y de él incluido, lástima que exista aquella frase acuñada de que “todo pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” porque los intereses de repetir historias nos pueden salir demasiado caras a todo México, pero bueno, una vez más no hubo manera.

 



 
 

 

 
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