El cajón del desastre


Fritz Glockner

23/08/2010

Y VOLVER, VOLVER…


A México otra vez, es toda una experiencia; durante el viaje que recién acaba de concluir, padecí el síndrome del puesto de periódico, de pronto sentía una necesidad por adquirir un diario para leer las noticias, claro está en cada instante Cecilia me veía con cara de: “¿Qué carajos le vas a leer a un periódico italiano o francés?” y fue cuando caí en la cuenta del pinche vicio informativo.


Tampoco voy a mentir diciendo que la obsesión de saber que carajos pudiera suceder en México opacó el placer de andar de pata de perro visitando museos, calles, monumentos religiosos, y un interminable etcétera. Pero como que de pronto daban ganas de saber qué ha sucedido con el caso Diego Fernández de Ceballos; cómo asumieron la derrota los priístas de Puebla y Oaxaca; en qué nivel andan las ínfulas de los vencedores; ¿Ha dejado de presionar la iglesia católica al estado laico?; ¿Habrá descendido el número de asesinados en las calles de Chihuahua, Michoacán, Guerrero, Sinalóa y otros tantos estados de la República?; ¿Habrá tomado conciencia ya Calderón que la guerra absurda contra el narcotráfico está perdida de antemano?


Aterrizar y acudir como desahuciado al primer puesto de periódicos para ponerse al corriente de los días de desinformación, ha provocado una terrible depresión en mis terminales existenciales. La sorpresa buena fue la renuncia de Gómez Mont a la Secretaría de Gobernación; de ahí en fuera el ser testigo de nueva cuenta de la prepotencia del arzobispo de Guadalajara Juan Sandoval Íñiguez convoca como siempre a la sorpresa acumulada, ¿acaso no existe nadie que pueda ponerle un alto a tan desagradable figura?


Como ya todos saben, el famoso fanfarrón de Guadalajara difamó al Jefe de Gobierno del Distrito Federal y a la totalidad de los Magistrados de la Suprema Corte de Justicia, sacándose de la manga una expresión popular como la de “maicear”, la cual sin duda alguna ya pertenece al diccionario de la fe católica; junto con la botarga mayor, al unísono de inmediato se sumó el vocero del cardenal Norberto Rivera, para externar que lo sucedido con la aprobación de las bodas entre personas del mismo sexo y su derecho a adoptar infantes hace más daño que el narcotráfico ¿dónde queda el sentido de la realidad de estos personajes de la alta iglesia católica? ¿Qué opinión externaron sobre los miles de casos de curas pederastas? ¿Qué hay de la actuación de la iglesia con la bendición a las dictaduras militares? ¿Cómo es que se la pasan defendiendo la unión entre un hombre y una mujer si ese fue precisamente el inicio del llamado pecado original? ¿Cómo es posible que aún sobreviva la irracionalidad? ¿Dónde están las autoridades del estado laico mexicano, que permiten dichas intromisiones en las cuestiones del César?


Ya se había insistido en que no hay quien detenga la andanada pro cristera encabezada desde hace ya varios años por la jerarquía católica, se habían resguardado por unos días luego de los escándalos de abuso sexual comprobado en miles de parroquias, ejemplos de los cuales gana la medalla de oro evidentemente el fundador de los Legionarios de Cristo Marcial Maciel; pero como siempre, cuando la memoria se convierte en anécdota desmadrosa y la impunidad hace acto de presencia, de nueva cuenta han salido por sus fueros los hombres con el crucifijo al cuello.


Si realmente viviéramos en un estado de derecho, se respetarían las decisiones de las instituciones existentes, por más que estemos o no de acuerdo, el disentimiento, la tolerancia, el debate de las ideas son muestra del desarrollo de una sociedad democrática, no así los exabruptos, la calumnia y la difamación irracional, artificios utilizados cotidianamente por los representantes de la iglesia católica en nuestro país, conscientes de que las autoridades actuales no van a llevar a cabo el más mínimo reclamo ante sus supuestas opiniones, en aras de la mal entendida libertad de expresión.


Volver es siempre emocionante, regresar a las calles de uno, al ambiente, a los olores y los sabores, a las expresiones con sus usos y costumbres, lástima que dentro de todo esto la palabra impunidad siga siendo una constante musical de la realidad.

 



 
 

 

 
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