El cajón del desastre


Fritz Glockner

27/05/2011

Aterrizando de Argentina


Tuve la oportunidad de haber sido invitado para participar en el primer festival de novela negra y policiaca denominado como Azabache, que se llevó a cabo en la ciudad de Mar del Plata, en Argentina.


Al realizar tan largo viaje solicité a los organizadores la escala de un par de días en Buenos Aires, con la pretensión entre otras, de visitar el mural que pintó David Alfaro Siqueiros y que recién acaba de ser rescatado y que se encuentra resguardado en la Casa Rosada.


Aquella idea no se realizó, sin embargo tuve la oportunidad de caminar como desquiciado aquella capital sudamericana, visitar muchas librerías, comer excelentes cortes de carne y beber vinos de primer mundo.


Tomando un café en plena soledad, observando el movimiento matutino sobre la avenida Entre Ríos, en la terraza del evidente restaurante y cafetería llamado “Carlos Gardel”, comencé a elucubrar sobre lo disparejo de la migración argentina hacia nuestro país, y de México para con Argentina.


Un viejo chiste de la década de los años setenta, decía que al llegar a los restaurantes de la colonia Condesa, evidentemente te iba a atender como mesero un argentino, en cambio hoy, esos mismos siguen ahí pero con la diferencia de que ahora son los dueños de los restaurantes.


¿Cuántos argentinos la han hecho en México? Fue la pregunta que me comenzó a hacer ruido en la cabeza más que el propio tráfico de la avenida Entre Ríos.


Comencé a pensar en oficios en general, y de inmediato me vinieron a la cabeza un par de conductores de televisión; uno para cada compañía del duopolio, luego desfilaron arquitectos, músicos y cantantes, artistas, escritores, comerciantes, periodistas, publicistas, empresarios corruptos, deportistas, y muchos, muchos personajes más que han tenido la oportunidad de hacer algo que se les negó por alguna razón en su propio país.


En esta lista es evidente que no incorporo a quienes llegaron producto del exilio, luego de haber sido perseguidos por la atroz dictadura militar que sembró el terror en diversos países del cono sur; por lo que no entran en dicha catalogación personajes de la talla de: Miguel Bonaso, Adolfo Gilly, Rolo Díez o Juan Gelman.


Pero que decir por ejemplo de Jorge Fernández, quién a los pocos años de haber aterrizado en México de inmediato se convirtió en el portavoz de la información durante el gobierno de Carlos Salinas, por medio de su columna publicada primero en el periódico El Financiero.


Qué decir de la genialidad de un Mauricio Achar, quién descubrió a principio de los setentas que las librerías en México seguían siendo un modelo de tienda de abarrotes tipo emigrante gallego, y de inmediato optó por fundar la famosa Gandhi.


En esa lógica, habría que destacar otra personalidad argentina que logró en escasos años amasar una gran fortuna, gracias a los contratos que recibiera de diversas delegaciones donde gobernaba el PRD en la ciudad de México, para luego vender al mejor postor sus famosos video chantajes, con la imagen ya clásica de René Bejarano y las ligas, evidentemente es el caso de Carlos Ahumada.


En Puebla existe un argentino muy trabajador, que luego de habérsela pasado contando los pesos para la torta, hoy goza de los mejores restaurantes, cuyo negocio no tiene que ver con las corruptelas anteriores, sino más bien con el ingenio y saber ubicar lo que no se está produciendo en nuestro entorno.


Así se podría enlistar a un madral de argentinos cuya migración a nuestro país les ha abierto una mejor existencia, tanto económica, como social y hasta política, de lo que pudieran haber encontrado en la Argentina.


La tierra de Gardel, Mafalda, el Che, Maradona y la hierva-mate ha sabido invadirnos y ocupar distintos espacios en todas las artes, oficios, empleos, comercios, industrias, y luego para que nos andamos quejando de que se sienten los dueños exclusivos del ego.


La representatividad de mexicanos en Argentina la vi muy poca, si acaso la biografía de Paco Ignacio Taibo II sobre el Che sigue en las mesas de venta de la mayoría de las librerías, aun que también es evidente el motivo; por su parte el matrimonio Mastretta-Aguilar Camín se localiza también pero en la mesa de saldos.


Por último, habría que destacar como sin duda alguna la educación sentimental de más de tres generaciones de argentinos está marcada por Chespirito con su “Chavo del Ocho”, ahí si no hubo duda, todos incluyendo a los escritores que acudieron al Primer Encuentro Azabache destacaron la genialidad del cómico.

 

De menos tenemos algo que presumir ¿no?

 



 
 

 

 
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