El cajón del desastre


Fritz Glockner


PARA SORPRESAS


Esas que siempre dicen que te da la vida, hoy al parecer se encuentran por demás escasas, ya que toda información que se revise parece no causar estragos en la conciencia del receptor. Las cifras de ajusticiamientos suben y van construyendo una realidad aparte, ya no nos incomodan, son sólo números, los recientes acontecimientos en el Municipio de Huachinango se minimizan como parte de un hecho aislado, ¿acaso los hechos aislados no son los que conforman el todo de una realidad histórica?


El mundo al revés se ha instalado en el ánimo colectivo, me invitan a presentar mi más reciente novela “Se nos hizo tarde” en la delegación Iztacalco, y de pronto surgen algunas voces que censuran las llamadas malas palabras que conforman parte de mi discurso; pretendo hacer ver que decir tal o cual de aquellas llamadas malas palabras es parte del bagaje cultural, que no están siendo utilizadas para ofender a nadie, que no son dardos de insultos, ni nada que se le parezca, y la turba comienza a enarbolar las buenas conciencias, la actitud rijosa de mis censores me lleva a concluir de la mejor manera mi participación. ¿Qué será más ofensivo? ¿Un chingado, o un muerto? ¿La certeza ficticia del Secretario de Agricultura sobre aquello de que no ha faltado la comida en ninguna de las mesas de los mexicanos?


Me traslado a Chiapas, en San Cristóbal de las Casas Marcos sigue siendo la mejor de las atracciones aún y cuando sus bonos hayan bajado dentro de la popularidad mediática, las indígenas recorren las calles de la ciudad, ya no tan sólo para ofrecer los ya clásicos zapatistas de estambre, chales, o cualquier otra artesanía, sino que ahora hay plumas, llaveros, encendedores con la figura del enmascarado, incluso se oferta también a Tacho y a Ramona, el idealismo de un ejército libertador convertido en símbolo de consumo.


Reviso los periódicos y me entero de que los Chuchos han alcanzado el control absoluto del PRD, al parecer hay fiesta y en grande en la sede del partido albizul, la capacidad de asombro tiene sus límites, y parece que se han alcanzado con creces.


Estamos próximos a iniciar los festejos navideños, y estos sin duda van a permitir que la cortina de humo aumente, ¿a quién le va a interesar la realidad nacional? Si los brindis siempre serán una parte importante para desear mejores tiempos, aún y cuando las bolas de cristal para predecir el futuro estén absolutamente enrojecidas.


De todas estas estampas que acabo de enumerar ninguna genera extrañeza o desconcierto, todo parece previsible, imaginable, remuevo en el cajón de los desastres para intentar localizar una chispa de optimismo; lo revuelvo todo, salta Campanita, esa hada que vuela alrededor de Peter Pan en el país de Nunca Jamás, y mis recuerdos infantiles de cuando me enamore platónicamente de aquel ser alado contribuye para que ahora si exista un poco de sorpresa en mi desgastado ánimo.

 

Opto por conservar el enamoramiento platónico, a pesar de saber que se debe sobrevivir en este mundo al revés, ya que alguien podría decir por ahí que si se gasta demasiado el ánimo, los sueños pueden comenzar a escasear y esa si que puede llegar a ser una mala sorpresa.

    



 
 

 

 
Todos los Columnistas