El cajón del desastre


Fritz Glockner


AL ZÓCALO


Antes de mi choro semanal, les extiendo una cordial invitación para que vayamos a romper la taquilla en el Distrito Federal el próximo fin de semana, pues se estrenará Cementerio Papel, película basada en mi novela y que promete ser una chingonería.


Ahora sí, el tema de la semana:


Puebla es tu casa, rezan los pendones y la publicidad que el H Ayuntamiento poblano ha desplegado por toda la ciudad, y sin duda es una frase atinada, ya que pretende involucrar a la ciudadanía en los problemas cotidianos de la ciudad, las calles, los parques, el pago de los impuestos municipales, la limpieza, el ordenamiento urbano, el tráfico, y todo aquello que nos permita crear un ambiente más habitable para todos.


En contraparte, algunos empleados de la presidenta Blanca Alcalá al parecer no han entendido de la misma manera aquel principio y más bien consideran que Puebla es de ellos, su propia casa, su territorio, donde pueden decidir que si, que no, que es, cómo es y hasta el por qué…


Van nueve meses desde que inició un debate absurdo entre un grupo de artistas y aquellos que aplican a su parecer e interpretación, que por cierto es bastante obtuso, el bando de policía y buen gobierno; los inspectores, o ¿empleados? ¿serán gorilas? ¿alfabetizados? ¿cultos? de la coordinación operativa de vía pública han determinado que los teatreros callejeros son iguales al comercio ambulante, ¿qué vende una artista que escenifica la efigie de Carmen Serdán? ¿sueños? ¿ilusiones? ¿convicciones? ¿revolución? Claro, si de eso se trata, si el despertar de una sociedad depende de la vendimia cultural, y lo que se desea es un pueblo mediatizado a través de los canales de televisión, están en lo cierto aquellos que reprimen a los integrantes del grupo independiente de artes escénicas “La bicicleta”, ya que la subversión es un negocio poco redituable, la rebeldía tiene mucho costo, la libertad de expresión es una actitud que no cotiza en los ingresos municipales, tomando en cuenta aquel pensamiento retrograda hacen bien en equiparar al artista con un vendedor callejero.


Pretender reglamentar las expresiones culturales, ordenar el pensamiento, el derecho a la cultura, la libre expresión, parece ser una idea arcaica, obsoleta, aberrante, es más, simplemente estúpida, Itzell Sánchez y su grupo han sido objeto los últimos meses de una persecución policíaca cada fin de semana que pretenden dar a conocer su expresión artística, y para abonar el camino de la idiotez, durante su peregrinar pretendiendo razonar lo que está sucediendo, se han topado con declaraciones absolutamente ridículas de parte de funcionarios municipales y hasta estatales, quienes no han atinado a clasificar lo que está sucediendo en el centro de la casa, en la sala misma del hogar poblano, el zócalo.


Las artistas con la capacidad y el sentido común han tocado todas las puertas imaginables, para pretender razonar y dialogar en la medida de lo posible: han hecho del conocimiento de lo sucedido en su contra al director del Instituto Municipal de Arte y Cultura del Ayuntamiento, Pedro Ocejo, al secretario de Cultura del estado, Alejandro Montiel, han solicitado una cita con la mismísima presidenta municipal, incluso ante el diálogo de sordos, han acudido a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, y claro la lentitud burocrática ha hecho gala de su mejor arma, el traspapeleo, el tortuguismo, el cansancio y el agotamiento de ánimos, llenos de menosprecio e ignorancia; por fortuna, sabedoras de que la razón se encuentra en su trinchera, no han cejado y continúan dando la batalla frente a un debate absurdo sobre el uso de los espacios públicos en nuestra ciudad.


¿Acaso no es la calle de todos? ¿Dónde quedo la libertad para manifestarse? ¿Qué hubiera sido de los muralistas mexicanos si hubieran nacido en estos tiempos? ¿Por qué los personajes malos de las telenovelas siempre ganan en la vida real? ¿Qué no se trata de nuestra casa?


La tradición popular por divertir, entretener, despejar, cultivar, concientizar desde las calles a grandes sectores de la población, hoy se ve amenazada por un grupúsculo de burócratas descerebrados en todos los niveles de gobierno.


La falta de argumentos lleva a los actos prepotentes, como ha sido el común denominador entre quienes se presentan cada domingo ante las artistas para exigirles el supuesto permiso correspondiente, pareciera que hasta el aire necesita ya de venia de la autoridad para poder circular.

 

Últimamente nuestro país se ha cubierto de un velo retrógrada en diversos rincones municipales, la prohibición de besos en Guanajuato, la prohibición de representaciones artísticas en las vías públicas poblanas, la sanción por expresar llamadas “malas palabras” en las calles del Estado de México, evitar señas obscenas que atenten contra la moral en la ciudad capital, esas buenas conciencias que desean el control humano han dejado ver sus tentáculos, ojala y la razón que tanto se presume haga acto de presencia desde la almohada de los actuales funcionarios públicos y dejemos atrás las batallas en contra de lo irracional, el espacio público sirve para que la convivencia humana se desarrolle con el payaso y su multitud alrededor, con las artistas trayendo al presente a diversos personajes históricos, con la globera y su multicolor fascinante, al organillero y su melodía por cada rincón, el zócalo nos pertenece a pesar de la arrogancia.

 



 
 

 

 
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