El cajón del desastre


Fritz Glockner

03/02/2010

CRÓNICA DE UN PASEO ZOCALERO


Siempre es un deleite caminar por las calles del centro histórico de nuestra ciudad, observar las viejas casonas, los edificios coloniales, nuestra plaza principal, los portales con la vendimia alimentaria y sus cafés con las ya cada vez menos tradicionales tertulias.


Para mi desgracia el viernes pasado el suspiro se corto, la ilusión se transformo casi, casi en pesadilla, el anhelo se me atraganto y el placer quedo en un simulacro de eyaculación precoz, cuando pase en frente del hotel y restaurante Royalty de pronto una multitud anónima de camarógrafos, fotógrafos, reporteros, cronistas, espías de gobernación, colados y otros más que ni sabían para que estaban, pero ahí estaban, me corto el paso, aquella aglomeración humana provocó para que volteara hacia el espacio en el que se centraba su atención tan dedicada, y guacalaaaaaaaaaaaaaaa, entonces por unos segundos fui testigo de las tradicionales prácticas políticas chafamex y pri-marinescas, que si de por sí me provocan nauseas cuando llego a presenciarlas por medio de las televisoras locales, las voces de los locutores de radio, o las crónicas periodísticas, el ver aquello en vivo y a todo color, verdaderamente me mantuvo por el resto del día con el estómago asqueado.


El rostro adusto de Jesús Morales Flores daba a entender que ya se lo habían ensartado, mentiría si dijera que me detuve ante aquella ridícula y lamentable escena, digamos que mi impresión sobre aquel sentimiento, del rostro, la expresión y las emociones del mejor conocido como Chucho Morales se sustentan en los escasos segundos que pudo haber durado mi caminar frente a ellos, mientas que la cara de Zavala mantenía esa sonrisa comprada, tatuada, la ensayada en los cursos de la academia del buen comportamiento O´farril, a los dos los vi tiesos, acartonados, nada espontáneos, felices de unir fuerzas, ánimos, proyectos, por el contrario se notaba el calzador para que los dos cupieran en una misma campaña, ambos representando el papel aprendido de la unidad a toda costa, a costillas de mis principios, de mis intereses, de mis aspiraciones, de mis amigos, de mis seguidores, de mi familia, qué gacho ¿no?


Proseguí mi caminar hasta el café donde me dispuse a hojear los periódicos para informarme del acontecer local, nacional e internacional, y ¡chingale! La lectura me dejo más agruras de las que ya cargaba mi escuálido ánimo, para comenzar un diario local insertado en otro de circulación nacional presumía la frase de “El PRI de Bartlett no tiene nada que ver con el PRI actual. Lástima”. De inmediato comencé a recordar la década de los años ochenta, cuando Manuel Bartlett fuera Secretario de Gobernación y gestara el mayor de los fraudes electorales del siglo XX, así como los actos de represión a maestros, líderes sindicales, estudiantes, campesinos, los momentos turbios del inicio de la infiltración del narcotráfico en las esferas del poder y varias linduras más, y mi memoria no me permitió localizar bondad alguna, similar al lamento de aquella idea de la contraportada de aquel periódico, que hoy día Bartlett demuestre que fue mejor gobernador que Mario Marín no le otorga ningún tipo de disculpa, a final de cuentas hasta Mariano Piña Olaya si hubiera repetido en el Ejecutivo local hubiera sido mejor que Marín, el problema es que existan periodistas sin memoria histórica, sin sentido común, o sin ética.


Para concluir el ocultamiento del esplendido sol que brilló el viernes, llego hasta la nota que refiere los comentarios estúpidos del diputado federal por el PRD Ariel Gómez, luego de que se le descontara un día de salario en apoyo a Haití, esa expresión de “negros insaciables” bien se podría inscribir en su currículo, y mejor aún fueron sus intentos por disculparse de aquel abrupto, lástima del salón de San Lázaro, cuántos bueyes tiene que soportar entre sus muros.


Sigue siendo viernes en la tarde, afortunadamente a lo lejos se escucha la canción de Tin Tan sobre el panadero, la cual es utilizada por una unidad móvil para anunciar la venta del pan, obvio que me refiero a los bolillos, las conchas, los cuernitos y demás delicias, y el haber acudido por algunas piezas me ha reconciliado el humor.

 



 
 

 

 
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