El cajón del desastre


Fritz Glockner

04/06/2010

EL VIAJE DE LOS CRÁNEOS


¿Quién se puede llamar a sorprendido? ¡NADIE! Las recientes decisiones de Felipe Calderón se ajustan a la perfección a su trayectoria, creencia, situación, existencia, ideología, incluida la preferencia sexual; no es curioso, como tampoco debería de extrañarnos, Calderón se siente el heredero del virrey Francisco Javier Venegas y Saavedra, de ahí que haya optado por sacar los cráneos de los primeros independentistas para exhibirlos, así como sucediera en el año de 1811, cuando las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez fueran expuestas para escarmiento de los posibles independentistas, ahora vuelven a exhibirse, mostrarse, amedrentar.


Puntada poco oportuna, cuando se acumulan descabezados cada semana producto la de estúpida guerra en contra de la delincuencia organizada, ahora también son las cabezas de los próceres los que se suman a la estadística Calderónica; necesidad de hacerse de un poco de historia, opción por volver a salir en los noticieros matutinos, urgencia por devolver sentimientos patrióticos perdidos, nacionalismo desdibujado, Calderón no pudo ser más inoportuno, declarar que se van a analizar los huesos, catalogar los restos mortuorios, limpiarlos luego de tantos años metidos en aquel monumento porfirista.


Ya lo han declarado diversos historiadores, ¿qué va a suceder si de pronto nos enteramos que aquellos huesos no pertenecen a quienes en vida llevaron el nombre de Miguel Hidalgo? ¿El de Ignacio Allende? O ¿El de José María Morelos y Pavón? ¿Acaso se va a contratar a los mismos peritos que tuvieron en sus manos el famoso caso Paulette? ¿Qué versión se va a dar a los mexicanos entonces?


La construcción histórica de nuestro país se ha conformado por medio de diversos mitos, dichos, espacios; el Ángel de la Independencia había sido hasta ahora un punto de encuentro, incluso de festejo, no en balde ha terminado ahí la euforia futbolera cuando el marcador beneficia a la selección nacional, pero al parecer ahora puede resultar que los que se dice que estaban ahí, no son los que en algún momento determinado erigieron la nación, sino algunos desconocidos, ¿y entonces? ¿Con que cara se va a continuar venerando aquellos restos? ¿Se van a regresar al monumento? ¿Se dirá la verdad luego de la investigación? ¿Qué nueva historia se va a contar?


Por otra parte, de nueva cuenta se juega con las cabezas de los próceres, hace 199 años sirvieron como ejemplo para demostrarle a quienes pretendieran levantar el grito de libertad el destino al cual podrían aspirar, ahora para acallar las protestas de antiguos trabajadores de Luz y Fuerza entre otros, así como de todas las diversas expresiones de repudio y reprobación que existen en el gran abanico cosechado por la gestión de Felipe Calderón, cuyas aspiraciones de Virrey bien se asemejan a lo acontecido hace 200 años; sin duda el país se encuentra en una situación tan precaria como entonces.


Ante la ineficacia de un programa específico que permita recordar los acontecimientos de hace 200 y 100 años, el Ejecutivo Federal opta por la ceremonia barata, absurda, innecesaria, dejar que los huesos hablen, que los cráneos viajen, que se les cambie de cajita, que se les codifique y que se tenga la certeza de que el constructor del partido de estado (Plutarco Elías Calles) actuó bien en 1925, ojalá y que luego de ser exhibidos en palacio nacional en aquella prometida exposición, los restos regresen a la columna de la Independencia y no vayan a parar de nueva cuenta a la catedral metropolitana.


Con Zedillo los mexicanos creíamos que habíamos tocado fondo, pero luego llego Fox y nos recordó que siempre se puede un poquito más, para arribar Calderón y demostrar que la locura, la mediocridad y la estupidez no tienen fondo, límite, caducidad.


La derecha perdió la oportunidad de demostrar un poquito de sentido común, su ignorancia histórica raya en eventos superfluos, si ya Fox había actuado en consecuencia al expulsar al Benemérito Juárez de Los Pinos, aun que por lo menos en ese acto estúpido se trataba de la pintura del pastor de ovejas oaxaqueño, ahora con Calderón ventilar los vestigios mortuorios de los héroes nacionales deja muchas incógnitas sobre las conciencias mexicanas, o ya en una de esas y que mejor los incorporen al museo de momias de Guanajuato.

 

Vaya tiempos de bicentenario que nos toca vivir.

 



 
 

 

 
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