El cajón del desastre


Fritz Glockner

08/04/2010

DAR ALMA AL NARCOTRAFICANTE


Ultimamente no sé porque pero he llegado tarde a casi todo, y conste que dije a casi todo, digamos que me he sentido ausente y tampoco precisamente en cuestión física, sino más bien en algunos aspectos mentales, informativos, o las cuestiones de moda, de lo que todos están hablando o conversando; es por ello que no fue sino hasta el día martes que tuve en mis manos la revista Proceso en la que viene la estupenda crónica de Julio Scherer de su encuentro con Ismael El Mayo Zambada.


Afortunadamente aquella crónica recupera al antiguo Scherer, el periodista casi poeta, donde la narración permite el gran viaje a la información, a la imaginación y la grandiosa recreación.


Sin duda alguna el Mayo Zambada supo a quién citar para su encuentro fuera de la clandestinidad, tenía conocimiento de a que personaje estaba convocando y los resultados que de esta entrevista  resultarían, apostó a su humanización, a dejar a un lado la imagen clásica y popular del narcotraficante sanguinario, sin alma, desgraciado y asesino, donde el imaginario colectivo nos ha provocado la idea del famoso Pedro el Malo de los dibujos animados de Disney, donde siempre será malo, malo, malo, sin tonos y colores intermedios; y la crónica del director fundador de la revista Proceso expuso la idea del hombre acorralado, casi, casi y a un hombre común y corriente que lo único que hace es cuidar el negocio, que se priva de muchas actividades públicas y convivencia familiar, que incluso declara tener miedo y que se encuentra atrapado en sí mismo, digamos que Scherer le otorgo un poco del alma que se le ha escatimado.


Como describe el texto, el encuentro se llevo a cabo en algún sitio dentro de una sierra del territorio nacional, y no así en la clásica mansión imaginaria, sin muestras de la prepotencia económica, con el derroche de lujos, ni los aspavientos ostentosos clásicos que se le adjudica a los narco nacos que de pronto no saben en qué gastar tanto dinero.


El golpe mediático estuvo calculado, y asentó duro y tupido, no sólo por esta humanización trascendental, sino por las escazas declaraciones, por evidenciar la amistad, el carnalismo existente entre Zambada y el Chapo Guzmán, digamos que el primero supo elegir a la perfección al nuevo creador de su próximo corrido.


Dentro de las declaraciones oficiales en el sentido de que se va ganando la guerra, el Mayo simplemente deja ver que los herederos vienen en camino a la hora de que los actuales líderes caigan en desgracia, ya sea por arresto o dentro de algún enfrentamiento, hace ver que el tema del narcotráfico está por demás incrustado en la base de la sociedad misma, así como la corrupción y que no hay manera de modificar aquella situación por más estadísticas de bajas humanas que se sumen día con día, y más aún ofrece datos y argumentos sobre la razón por la cual el gobierno tiene dicha guerra por demás perdida, y en su declaración tampoco se deja entrever la actitud prepotente o envalentonada, sino simple convencimiento de la realidad, ingrediente del cual parecen carecer la mayoría de los integrantes del gabinete de Calderón, comenzando por él mismo.


El encuentro de ambas personalidades no tiene desperdicio, el narco necesitado de alguien que le otorgase eco, y Scherer consciente de su oficio en el que siempre ha estado dispuesto a reunirse con el mismo diablo; el primero deseando una mano que delinee su figura, que plasme su retrato como lo hacían los poderosos en el siglo XIV, mientras que el segundo es el gran conocedor de los pinceles que logra la palabra impresa.


La publicación ha levantado más de una ampolla, y es obvio, no olvidemos el berrinche de Calderón de hace varias semanas, reprochando que los medios informen sobre los acontecimientos relacionados con el narcotráfico, la pregunta por demás se antoja única, ¿quién elige la historia para narrar? ¿Cómo se decide que historiador va a dejar testimonio de las huellas impresas? Uno era para el otro, la fotografía es elocuente, no hay duda, por más que se satanice, se critique y hasta se difame, Julio Scherer sigue construyendo la memoria informada de éste país, y el Mayo como buen norteño pone su apuesta sobre la mesa.

 



 
 

 

 
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