El cajón del desastre


Fritz Glockner

09/03/2009

LA CRUDA


Ups, si, en efecto, claro, es obvio, que pinche lugar común… ¿Quién no sabe lo que es la cruda? ¿Acaso no es esa sensación de que alguien está moviendo el mundo de más? Por lo que nos lleva a la búsqueda enloquecida de un calmante ¿Quién no ha dicho más de una ocasión: frénale que me quiero bajar? Y peor tantito, ¿quién no ha expresado hasta el cansancio eso de Cruda Realidad?


Pero bueno, la desolación no tuvo puerto, alivio, mejora, sonrisa, por más que me eche un chapuzón de cabeza en el cajón del desastre para intentar titular de manera diferente la presente colaboración, simplemente me ganó el lugar común, si, ¿y?


Durante los últimos días una duda gira por todas las cabezas de los mexicanos: Si la crisis económica tiene su raíz en los Estados Unidos, en el mercado especulatorio de aquel país, si ellos de pronto no tuvieron para detener la caída del sistema económico y financiero, si dejaron las manos libres a estafadores multimillonarios y demás linduras, entonces ¿por qué carajos se devalúa el peso?


La respuesta parece indignante pero nadie le hace caso, la semana pasada se publicó que tan sólo el 0.18 por ciento de la población en nuestro país es dueña de una tercera parte del Producto Interno Bruto… ¡¿QUEEEEEEEEEEEE?! Como se lee, una micro parte de la población es la que domina los dineros del país, y claro esos son los que de pronto saben hacer uso de sus influencias y se embolsan los dólares que el gobierno ordena subastar para pretender sacar a flote la fluctuación del dólar.


No existe intervención pública en la que participe, ya sea para hablar de la guerrilla en México, de la existencia pirata de la película Cementerio de Papel, sobre la novela generacional “Se nos hizo tarde”, o incluso sobre la receta del Pay de Queso que tan exquisito le queda a mi señora madre, cuando de pronto los receptores de la charla preguntan ¿Y? ¿Qué viene? ¿A dónde vamos?


Ya había alertado sobre como en el año 2000, en el mes de junio, cuando el gobierno del Distrito Federal colocó enormes pantallas de televisión en el zócalo de la ciudad capital, para que jóvenes, ciudadanos, burócratas, vendedores ambulantes, curiosos y todo aquel que quisiera fuera testigo del juego entre la selección mexicana y la selección de Italia, creo; la repetición instantánea del ya merito se vino encima, la realidad desanimó a los ahí reunidos, y entonces los jóvenes de clase baja de inmediato arremetieron en contra de todo aquello, o aquel que se cruzó por su paso iracundo, golpeando, destruyendo, quemando todo tipo de puestos de periódicos, vendedores ambulantes, vendedores de piratería; no fueron sobre los comercios o establecimientos del neoliberalismo, posible enemigo de clase, sino contra los mismos de su condición social. ¿Qué tal que le rompieron la madre al tío del cuate que desea salir adelante con su familia vendiendo en la vía pública? Los dejaron sin su escaso patrimonio, ¿y? pues nada, que se vieron peor que los inspectores o policías cuando llevan a cabo razzias para evitar la actuación del comercio informal.


Aquella expresión de frustración contenida desde lo más hondo de las entrañas se ha manifestado ya en estados como Guanajuato y Colima, según el excelente reportaje de la revista Proceso de la semana pasada, en el que se destaca como los habitantes de las colonias marginadas desde hace cinco años asaltan los trenes que se detienen por su zona, para hacerse de un costal de maíz, de frijol, de harina, de lo que sea que transporta el tren, y claro, la reacción de la autoridad ha sido ir por todos, detener, golpear, madrear a quién pase por ahí, tenga o no responsabilidad en las acciones en contra de los trenes. ¿Hemos vuelto a los tiempos de los vaqueros?


La opción por echar al soldado a las calles para que sea él quién supuestamente detenga la ola de violencia, al crimen organizado, las manifestaciones de inconformidad, es la apuesta de las actuales autoridades federales, estatales y hasta municipales, craso error, la institución marcial tiene sus propios códigos, su disciplina, su visión de la realidad, que no coincide con las de la población civil.

 

Entiendan, NO ESTAMOS EN GUERRA, simplemente la olla Express ha llegado al límite y el vapor ha comenzado a salir por donde mejor pueda; el desgaste del tejido social, la crisis económica promovida por aquellos que salen de blanco a protestar por la inseguridad que ellos mismos han creado, minando la estabilidad económica del país, el desempleo galopante, las expresiones desesperadas, los antiguos prepotentes con charola en la mano, hoy sin opción de trabajo y por lo tanto constituyendo sus bandas de secuestradores, todo ha ido creando una cruda de la cual no se le ve salida, y no es una visión catastrofista ni mucho menos, no se está inventando una realidad inexistente, simplemente estoy sumando, uniendo, ser vocero del desastre no es una afición que caracterice a nadie, pero tampoco podemos meter la cabeza en el agujero para evitar ver lo evidente, y es por ello que la cruda está más que latente el día de hoy… Ups, tal vez y una chela deje atrás tanta realidad.

 



 
 

 

 
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