El cajón del desastre


Fritz Glockner

10/02/2009

Y EL LÍMITE


El límite pocas ocasiones aparece, la relación que guardan la ficción y la realidad en nuestro país es caótica, uno ya no sabe si se está hablando de algo que alguien inventó, o realmente hay que creer, por ello me he negado rotundamente a propalar lo que de pronto parece simple decir: “somos un país surrealista” ¡nooooooooooo¡, por favor, el surrealismo es toda una corriente estética, artística, incluso hasta ética, y lo que sucede en México es más bien tragicómico, absurdo, ininteligible, y en ocasiones obsceno.


Es a partir de esa premisa que escribí la novela “Cementerio de Papel” donde pretendí evitar que la realidad subordinara a la ficción, o viceversa, ubicando nombres de personajes reales cuya actuación social, política, policíaca, se viera reflejada en la historia de nuestro país, siendo como el nombre del antiguo director de la Dirección Federal de Seguridad, Miguel Nazar Haro, aparece tal cual, o la luchadora social, hoy senadora de la República, Rosario Ibarra, también hace acto de presencia con apellido y todo, para ubicarlos en situaciones de ficción, donde supuestamente el primero pretende borrar las huellas de su paso por dicha corporación policíaca, para evitar que la ley caiga sobre sus espaldas, luego de que se hicieran públicos los legajos e informes de la DFS al ser depositados en el Archivo General de la Nación, edificio conocido como Lecumberri, que fuera cárcel de 1900 a 1976.


Siendo esta ironía la que me llevó a reflexionar como era posible que de nueva cuenta, todos aquellos que tuvimos a un familiar convertido en huésped de tan distinguida prisión, volvieron a habitar las mismas celdas, crujías, pasillos de antes, salvo la diferencia de que ahora sus nombres, acciones, hechos, eran descritos desde la vigía del estado mexicano.


Hoy, como muchos de ustedes saben, Cementerio de Papel ya es película, y desde el viernes pasado no hemos dejado de invitar a los amigos, conocidos, cuates, familiares, vecinos, enemigos, para que acudan a las salas de cine del Distrito Federal para evitar que la escasa taquilla haga de las suyas y lleve al cementerio de las cintas la producción cinematográfica que con tanto esfuerzo levantaron Mario Hernández, el director y Jorge Rubio y Servando Rodríguez, los productores, con la pretensión de mostrar las atrocidades cometidas en contra de los luchadores sociales de las décadas de los años 60, 70 y 80s, aún y cuando la realidad todavía no sea muy benévola que digamos, baste hacer un recuento de los últimos daños: Atenco, Aguas Blancas y muchos etcéteras.


Al parecer hacer cine en México es cuestión de héroes, ya que el último eslabón de la cadena se quiebra de una manera apabullante, y es que una vez que has logrado reunir los requisitos, armar un elenco de primera, articular todos los detalles de producción y filmación, quemarse las pestañas durante la post producción y obtener un trabajo final, la batalla por encontrar distribuidos es agotadora, y ya que lo tienes, llega el turno del exhibidor, el dueño del cine, ese que sólo desea que en sus pantallas se presenten historias bobas de amor, de karatekas invencibles, y se reservan el derecho a ningunear el trabajo de los nativos, de sus connacionales, ubicando la proyección de las cintas en donde menos hay posibilidad de éxito de taquilla, este caso es evidente cuando no se cuenta con el apoyo de los grandes consorcios económicos, o políticos, por supuesto que esa no fue la suerte de Arráncame la vida, que como todo México sabe, ha sido una de las producciones más caras en la historia del cine, aún que parezca chusco aquello de que una película que critica la prepotencia del poder de los años cuarenta, sea financiada en parte, por la prepotencia del poder actual, una vez más, el límite no se encuentra.

 

El chiste es que a pesar de los obstáculos, la cinta ha comenzado a rodar, la experiencia se ha presentado diferente a lo que uno estaba acostumbrado, el apoyo demostrado por diversos sectores ha sido increíble, incluida esta casa editorial, para quienes expreso mi más grande agradecimiento, y no queda más que esperar que la voz de los personajes Primitivo, Claudia y Jacinto, den a conocer esa parte oscura de nuestra historia nacional y que de seguro muchos espectadores creerán que es una exageración, que esas cosas no suceden, o no han sucedido en México, pero bueno, no será sino una vez más la certificación de que entre la realidad y la ficción la línea en nuestro país es muy delgada.

 



 
 

 

 
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