El cajón del desastre


Fritz Glockner

10/02/2010

EN LAS TINIEBLAS


El lunes pasado fui invitado por Jorge David Cortés y Mauricio Saldaña para presentar su texto Dark Marketing, en el auditorio Luís Aguilar Villanueva de la facultad de Administración de la Universidad Autónoma de Puebla.


La lectura de aquella publicación me ha permitido reflexionar sobre los tiempos históricos que hoy corren en nuestro estado, próximos a padecer un nuevo proceso electoral; y es que el libro es un gran ensayo de reflexión sobre el papel de los medios de comunicación, los publicistas, los creadores de imagen, la propaganda política, la encuestitis y otras vertientes más del quehacer político, social, cultural y posiblemente democrático de nuestro país.


El público asistente a la presentación del libro fue mayoritariamente joven, por lo que tuve que iniciar mi intervención con una serie de reflexiones como puente generacional, ubicando las diferencias entre los años sesentas o setentas y la realidad actual llena de celulares, ipods, correos electrónicos, internet, y diversas formas más de comunicación, he creído que hoy día nos consideramos como entes más informados, pero precisamente el aluvión de monerías tecnológicas a la mano de cualquiera provoca mayor aislamiento social, así como menos capacidad de permitir el acceso a la información real; para los jóvenes considerados antiguamente como generación X, que de pronto ya ni siquiera llegarían a esa definición, sino que de pronto ya estarían llegando al grado de generación WC, les puede parecer inaudito que sus padres hayan podido sobrevivir sin chatear.


El estudio de las campañas políticas y de la propaganda política es relativamente reciente en nuestro país, mientras que en los Estados Unidos aquella experiencia se practica desde las décadas de los años treinta, en México al haber existido un estado todo poderoso, erigido como un gran elector desde el propio poder Ejecutivo, junto con la inexistente competencia electoral no permitió el desarrollo de ningún tipo de análisis electoral, o de la creación de campañas profesionales, las giras oficiales contaban con todo el eco posible a través de los medios de comunicación, incluidos aquellos que pudieran ubicarse en la oposición.


Es por ello que 1988 viene a marcar la historia política de México, la emergencia del Cardenismo colocando en jaque las clásicas prácticas supuestamente democráticas de este país genera la gran primera conspiración, o creación de una campaña oscura en contra del desertor Cuauhtémoc de las filas del oficialismo; recordemos que durante aquel proceso electoral se le negó rotundamente cualquier tipo de aparición mediática al candidato de la oposición, lo que motivo que su figura trascendiera y generara una de las movilizaciones políticas electoreras más impresionantes del siglo XX; los intentos por pretender detener las simpatías a favor del hijo del tata Cárdenas, invitó a despertar mayoritariamente sus adhesiones, para entonces el estado priísta mexicano tampoco sabía bien a bien como generar las llamadas campañas negras, u oscuras como las catalogan los autores del texto, y por ello el chirrión les salió por el palito.


Facturas que evidentemente se cobró el sexenio de Salinas con creces en contra del naciente PRD y del Cardenismo, generando una enorme campaña oscura en su contra, que no sólo se mantuvo en los medios de comunicación, sino que también tuvo un costo de aproximadamente quinientas vidas.


Los autores no dejan de diseccionar que una cosa es la campaña negra, también conocida como guerra sucia, y la propaganda oscura, para la primera existe un tiempo determinado, el cual por lo regular se circunscribe a los tiempos electorales, mientras que la segunda puede surgir en cualquier tiempo, momento, espacio, promovida por diversos grupos, no sólo desde el poder político, sino que también podría ubicarse en las entrañas del poder económico, religioso, social, sindical, etcétera, y por lo mismo estas no cuentan con un tiempo delimitado, más bien concluyen hasta que logran la desaparición, el exterminio del objetivo, llámese un candidato, un líder, un grupo, una iniciativa, incluso una ley aprobada, como bien podría ser el mejor ejemplo la actual cruzada de las iglesias en contra de la legalización de los matrimonios entre homosexuales en la ciudad de México.


Obviamente todo este enjambre también tiene su punto de partida desde la óptica ideológica, o desde la trinchera de cualquier tipo de moral, sobre ésta última me encanta plantear el ejemplo de cómo la moral puede ser de lo más moldeable, dependiendo de la ubicación de la acera desde la cual estemos ubicados; ya que si la vecina se encuentra enamorada de un hombre casado, de inmediato se le podrá tildar de prostituta, pero si es la hermana de uno la que anda saliendo con ese individuo comprometido, entonces se trata de amor verdadero, ¿o no es así?


De igual forma me gusta imaginar la derrota de una campaña oscura promovida por el gobierno en su intento por desacreditar algunas expresiones revolucionarias armadas, específicamente me quiero referir al caso del EPR cuando detonó varias explosiones en los ductos de PEMEX en septiembre del 2007, y de inmediato se pretendió clasificar a dichos hombres armados en el rango de terroristas, siendo este el nivel clásico utilizado en Estados Unidos para denominar al enemigo, al mal, al coco pues, pero por más que diversos intelectuales orgánicos, conductores de los medios masivos y otros pretendieron llevar a cabo esa clasificación, simplemente no pego, la ilusoria opinión pública no compró el boleto.


El texto no deja lugar a dudas de que el medio más idóneo para la propagación de una campaña negra u oscura tiene como origen el rumor, y de éste nos alimentamos como sociedad a cada instante, en cada paso, en cada esquina, el rumor bien podría ser considerado en su origen como los chistes populares, sobre esta idea me encanta la incógnita de saber ¿quién invento al Pepito de los chistes? Así como tampoco tenemos una idea de cómo se genera un rumor.


Pues bien, ahora que ya hemos comenzado a ser testigos de campañas negras, oscuras, blancas, rosas, coloradas, variopintas, moradas, azules, tanto al interior de los diversos institutos políticos, así como en las instituciones en general, propongo que se lea, o por lo menos se hojee el libro de Jorge David Cortés y Mauricio Saldaña, de alguna manera nos va a permitir descifrar varios de los signos que ya han comenzado a desfilar desde las tinieblas.

 



 
 

 

 
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