El cajón del desastre


Fritz Glockner

10/08/2009

DE SUEÑO


Sin querer deje a Martín, el personaje principal de la más reciente novela de Ruíz Zafón, “El juego del Ángel”, colgado de una varilla a no sé cuántos metros de altura, sin saber como el sueño me venció, a pesar de lo interesante de la trama literaria, estaba en el vuelo de Aeroméxico número dos de Madrid a México, regresaba de haber participado en la Semana Negra de Gijón, de pronto aquel cansancio no se vio interrumpido por los posibles gritos del personaje a punto de perder la vida, sino que más bien eran los chillidos, casi aullidos de un bebe que se incomodaba de estar encerrado en aquel medio de transporte.


A mi alrededor una centena de quinceañeras regresaban también a México, de seguro todas ellas ilusionadas de haber recibido de regalo de cumpleaños el viaje anhelado a Europa, varias mostraban las huellas del cansancio, otras conversaban de sus experiencias, las había con cara de no saber a dónde iban a llegar de vuelta, me quede pensando en las cosas que se hacen en un viaje de estos, ¿hay chambelanes? ¿van a Europa a los quince años porque ya son mayores? ¿ese era el regalo que esperaban al llegar a la edad de la supuesta ilusión?


Al despertar una gran confusión llegó sin preguntar, ¿qué le pasaría a Martín, el personaje de la novela que traía entre las manos? ¿a qué hora estaríamos llegando al DF? ¿aguantaría el viaje a Puebla de inmediato? ¿estarían satisfechas aquellas adolescentes con el viaje realizado? ¿por qué lloraba tanto aquel bebe? ¿qué nuevas pesadillas podrían estar aguardando a la vuelta de la esquina?


El clásico cuento de Tito Monterroso vino a mi mente con una docena de variaciones:


-Y cuando despertó… la corrupción seguía ahí.
-Y cuando despertó… la impunidad seguía ahí.
-Y cuando despertó… los narcotraficantes seguían ahí.
-Y cuando despertó… el número de muertos aumentaba cada día.
-Y cuando despertó… Calderón diría que ya no hay crisis.
-Y cuando despertó… los priístas poblanos estarían locos por la sucesión.
-Y cuando despertó… Carlos Salinas estaría paseando como si nada por México.
-Y cuando despertó… Andrés Manuel continuaría su lucha a pesar de los pesares.
-Y cuando despertó… el PRD estaría más ahogado que nunca.
-Y cuando despertó… Marín seguiría en el poder.
-Y cuando despertó… Michael Jakson ya no estaría ahí.
-Y cuando despertó… despertó…


¿Despertar? ¿dónde se habían alojado los sueños? ¿serían similares mis sueños a los que traerían aquellas jovencitas en sus maletas? A estas alturas ¿quién podría continuar apostándole a soñar? ¿acaso no se supone que con los sueños es posible cambiar el estado de las cosas?


Caí en la cuenta de que el futuro no existe hasta que éste se convierte en presente, antes es una simple elucubración, una apuesta sin cartas verdaderas de por medio, es obvio que lo podemos imaginar, que realizamos elucubraciones sobre él, que tal vez y hasta lo intuimos, muchos acuden a una vidente para que más o menos aplique el sentido común y reciban como respuesta lo que desean escuchar sobre el amor, las finanzas, lo laboral, lo económico…


La aeronave aterrizo y con ella mi cajón del desastre, el trabajo realizado por tres semanas fuera de mi país, evitó que tuviera tiempo de revisar la prensa mexicana por internet, ya que al intentar saber algo de nosotros por medio de la prensa española uno se percata que no les interesamos como lo suponemos, en México cada semana existen unas tres o cuatro notas informativas sobre España, Francia, Alemania, pero de nosotros se pueden localizar escasamente un par de ellas al mes, si bien nos va, y por lo regular son noticias atroces, esa desinformación provocó por un lado que imaginara que las cosas habrían cambiado en una de esas, ¡que! ¿Soy bastante iluso? ¿ingenuo? ¿tarado?


Insisto en suponer que sólo a través de los sueños es posible imaginar una situación diferente a la que persiste en martillarnos la cabeza cada día, esa realidad desastrosa que se encarga en convertir los sueños en pesadillas.


Como en cada viaje, el cajón viene cargado de nuevas experiencias, de sonrisas halagadoras y otras búsquedas, lo malo es despertar y sabe que el dinosaurio de Monterroso sigue ahí.


Lo bueno es que una sonrisa siempre será trascendente…

 



 
 

 

 
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