El cajón del desastre


Fritz Glockner

11/05/2009

¿Y LA REALIDAD?


Desde que llegue a los Estados Unidos he experimentado una sensación como de que me encuentro metido en una película, tal vez en una serie de televisión, se advierte la sensación como que la realidad está subordinada a todo lo que se nos ha inculcado a través de los medios electrónicos, al éxito mediático con el cual nos han bombardeado los Norteamericanos desde los inicios del siglo XX; me he cuestionado si los alumnos de Dartmouth actúan como los personajes de las series televisivas de las cadenas Fox, MTV y varias más, o si los guionistas y creadores de esas series como “Friends” se basan en los arquetipos de los jóvenes norteamericanos. Varios de mis amigos profesores de aquí me dicen y me aseguran que los jóvenes actúan como las series, o bien, que la influencia que existe entre el medio de comunicación y la realidad es un camino de ida y vuelta.


Las escenas se repiten a cada paso, en cualquier esquina se dan situaciones que he experimentado en la pantalla grande o chica; y de pronto se percibe una sensación como de continua ficción, lo mismo sucede cuando vemos hasta el cansancio una escena grabada y que nos es proyectada hasta el cansancio, que mejor ejemplo que el asesinato de Luís Donaldo Colosio, la primera ocasión que vimos todos la grabación de aquel 23 de marzo de 1994 cuando el tal Aburto avanza hacia la cabeza del candidato y vacía la pistola, el asombro fue la constante, nadie daba crédito a lo que la imagen nos mostraba, pero la repetición absurda nos es ahora familiar, se ha ido la extrañeza, la sorpresa, los personajes nos parecen cotidianos y la realidad se ha vuelto una especie de ficción.


Algo similar sucedió cuando en el noticiero del entonces respetable payaso Brozo, se nos transmitió por primera ocasión las grabaciones del entonces más cercano colaborador de Andrés Manuel López Obrador, Rene Bejarano, recibiendo en una oficina unas bolsas llenas de billetes, y como con avaricia éste personaje guardaba meticulosamente cada uno, y hasta las ligas con las que estaba sujeto el dinero terminaron en una de las bolsas de su pantalón.


A fines de la semana pasada se ha reavivado aquel famoso escándalo con la publicación de las memorias de Carlos Ahumada, empresario argentino de dudosa reputación, quién confiesa haber apoyado por un lado las campañas políticas del PRD, para luego obtener un material fílmico único, para ser vendido al jefe de jefes, al Capone mexicano y así obtener excelentes rendimientos y colaborar en detrimento de la imagen del entonces puntero para la sucesión presidencial del 2006.


Según he leído por Internet, Ahumada saca varios trapitos al sol, menciona la complicidad de Salinas, Diego Fernández de Ceballos, Fox, Elba Esther y otros honorables personajes para minar la imagen de Andrés Manuel, del PRD y reorientar la intención del voto en la elección presidencial, más allá de la propia realidad sobre este pasaje de la historia nacional aún poco esclarecido, lo que de momento me mueve la atención es ¿qué tanto es real Rene Bejarano? Con tanta repetición en la televisión de su voraz actitud guarda dólares en bolsa de papel con liga y todo, ¿qué tanto es real Carlos Ahumada? Con los cientos de videos que él mismo filmara, así como las grabaciones que los cubanos llevaron a cabo cuando lo detuvieron varios meses después de destapado el escándalo, ¿qué tan real es el conductor de un noticiero? Que denunció los hechos de corrupción y que hoy por hoy grita a los cuatro vientos la legalidad de lo ilegal.


Es evidente que la realidad existió, Bejarano se embolsaba una gran cantidad de dinero entregada por Ahumada, pero al ser parte de la imagen televisiva, al repetirse hasta la saciedad nos queda más bien la duda y la pregunta de ¿dónde comienza la realidad? ¿dónde termina la ficción? ¿cuál subordina a cuál?


El dominio de las pantallas, ya sean las grandes o las chicas nos ha recompuesto la propia realidad, la historia, la documentación, la objetividad periodística e histórica; pero al mismo tiempo nos otorga un rincón de ficción, de irrealidad, de subjetividad, y es entonces cuando aquellos personajes más bien parecen personajes de una novela de Kafka, o parte del elenco de una película de Orol, no lo se, creo que habrá que darle una checada con ciertas pausas a las palabras impresas por Ahumada, ya que hemos sido testigos de sus filmaciones, y ahora sería bueno conocer el testimonio, aún y cuando éste evidentemente esté conducido para continuar con el doble juego característico del empresario argentino.


Mientras seguiré sintiendo que a mi alrededor viven los personajes que de vez en cuando me han entretenido a través del televisor, el problema es que aquí no hay subtítulos y todo lo dicen en ingles, huy, que hueva.

 



 
 

 

 
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