El cajón del desastre


Fritz Glockner

13/01/2010

Y ahora, ¿quién los para?


Llevan ya varios días protestando, diciendo, amenazando, arguyendo desde su muy particular punto de vista y forma de vida, han levantado la voz desde que la Asamblea del Distrito Federal decidió formalizar dentro de la legalidad la unión entre parejas del mismo sexo, y otorgar la opción para que puedan adoptar infantes.


Situación que ha colocado a la iglesia católica al borde de la histeria, se han desgarrado las vestiduras, han señalado el hecho como una decisión satánica, horrenda, abominable, desquiciada, las declaraciones de obispos, arzobispos, curitas de pueblo, representantes de otras iglesias, incluido uno que otro conductor de televisión como fue el caso de Esteban Arce, quién no pudo mostrar mayor argumento en contra de aquella ley que simplemente esgrimir lo natural, mostrando su pensamiento del siglo XV ante los micrófonos de la televisora TELEVISA.


Curiosamente la iglesia no ha protestado por el alza de los impuestos, situación que deja en extrema indefensión a cientos de miles de mexicanos, así como tampoco por el aumento en gasolina, tortilla, y un innumerable etcétera; así como tampoco por las injusticias cometidas por el ejército mexicano, o bien, como dirían ellos mismos, no ven la paja en el ojo ajeno y los cientos de casos de curas pederastas ha quedado en simple expediente cerrado.


Durante años la iglesia y el estado mexicano habían guardado las formas de su relación, desde las leyes de Reforma de 1857 con Juárez a la cabeza, los juegos de sombra y la simulación habían permitido una buena convivencia entre ambas instituciones, la iglesia hacía como que acataba las normas y las leyes y el estado mexicano jugaba ha que hacía valer el significado del estado laico.


El envalentonamiento de la iglesia mexicana inició con Salinas y sus reformas constitucionales, hasta llegar a los modos ridículos durante el Foxismo, y en la actualidad Calderón se ve amarrado ante los manotazos del cura de la iglesia de la esquina de Los Pinos.


La declaración del fin de semana del Cardenal Rivera muestra los ímpetus con los cuales se desean desenvolver, “nosotros, pastores del pueblo de Dios, tampoco podemos obedecer primero a los hombres y sus leyes antes que a Dios; toda ley humana que se le contraponga será inmoral y perversa, pues al ir contra su voluntad termina por llevar a la sociedad a la degradación moral y a su ruina”. Lo dicho podría interpretarse como que todo aquel creyente va a regirse por las leyes de dios y no de los hombres, por lo tanto ¿para qué carajos tenemos un poder legislativo? ¿Qué se puede legislar, si lo que vale es la ley de dios? ¿Para qué la existencia del estado? ¿Cuál es el estado de derecho?


Ahora mismo me llega el recuerdo de cuando las comunidades zapatistas optaron por organizar sus famosos caracoles, manejados con los propios usos y costumbres de las comunidades indígenas, y la propia iglesia externo que no se podía crear un estado de derecho dentro del ya existente, ¿acaso la declaración del Cardenal no va en la misma tónica? ¿Qué mayor perversidad que permitir que un cura abuse de su investidura y manipulando la fe, la creencia, la existencia del infierno y del cielo convenza a un niño de sostener relaciones sexuales con él? Si tanto se han desgañitado defendiendo a la familia ¿por qué los curas no pueden formar una? ¿Acaso la represión sexual que padecen los sacerdotes no afecta su entendimiento racional?


Se puede disentir sobre la aprobación de tal o cual legislación, sobre la aplicación de tal o cual ley, pero otra cosa es convocar a la desobediencia general a partir de la mentada ley de dios, ante estos dichos el gobierno de Calderón evidentemente ha optado por el mutismo, incluso ante la amenaza clerical de convencer a los feligreses de no votar por los partidos que aprobaron la ley de unión de personas del mismo sexo; ¿no es esto participar en política?


Preocupado el pequeño hombrecito de los Pinos, simplemente sugiere al cuerpo diplomático que hablen bien del país, por que la imagen de éste está por los suelos, habría que decirle al oído, que lo que está por los suelos es su imagen, la imagen del gobierno mexicano, no del país como tal, al contrario, en el extranjero se sigue reconociendo la capacidad de aguante del mexicano de tener autoridades tan desastrosas como las que tenemos.


La pregunta parece no contar con respuesta, ¿habrá alguien que pueda parar los fueros de la iglesia? ¿Serán capaces de reconocer sus propias culpas? ¿Acaso no estamos bajo un estado laico? Hay Juárez cuánta falta nos haces hoy día.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas