El cajón del desastre


Fritz Glockner

18/03/2010

LOS ROSTROS DEL FESTEJO


Es el 2010 y cada quien ha optado por festejar a su manera, a su libre albedrío, cuidando evidentemente sus intereses, sus gustos, su ideología, su manera de interpretar a México y la realidad.


Si está uno viendo los canales de TELEVISA, ésta empresa ha elegido presentarnos una serie de estrellas que dejan mucho que decir de lo que comúnmente vemos por las calles de cualquier ciudad, la modelo guapetona se pasea por el tren turístico de Sinaloa, o admira las bellezas naturales de Tabasco, Chihuahua o Sonora, mientras que los indígenas habitantes de aquellas tierras hace ya varios centenares de años atrás, sirven simplemente de acompañamiento ornamental, como si lo que han padecido desde 1513 fuera una anécdota para películas de dibujos animados.


La competencia TVAZTECA, hace el juego de soplar las velitas para que todos los mexicanos nos creamos la falsa percepción de que la fiesta es de todos, utilizando símbolos clásicos del orgullo chabacanero rescatados de personalidades de la cultura y la historia, así como diversos íconos de la cultura popular.


Es curioso que bicentenario y centenario sean hoy fechas sin un sentido de la realidad, que no se convoque a la idea fundamental del ser mexicano, cada quien le ha apostado a su fiesta complaciente; el gobierno federal por su lado, ha optado por programar desde competencias deportivas, pasando por conciertos clásicos de artistas comunes, no existe la reflexión, el análisis, la interpretación de la realidad. ¿Y cómo podría existir algo así? Si el resquebrajamiento de las instituciones parece evidente.


Las historias que se nos contaron de niños han cambiado, hoy la educación primaria pone énfasis en otras temáticas diferentes, el norte del país parece no sostener un diálogo con el resto del territorio nacional, mientras que el centro ve tambalearse la unificación y el centralismo del cual supo echar mano para controlar los hilos de la manipulación, el sur por su lado es una referencia de expresiones folclóricas para regocijo del turismo.


Los historiadores andan muy ocupados ofreciendo conferencias para despertar el interés de la población y que se sumen las voluntades a un festejo que más bien parece velorio ante la información cotidiana que nos llega a través de los medios de comunicación; el discurso político ha dejado incluso, de justificar su actuación en el presente sobre los cadáveres de viejos independentistas y revolucionarios.


No queda duda pues de que este año no habrá una conmemoración, sino muchas, tantas como las realidades que componen un país tan extenso, diverso, convulso como el nuestro, cada quién con su realidad a cuestas, con su pasado bombardeando la conciencia, con sus anhelos desbordados ante la zozobra de que el futuro parece inalcanzable.


Tal vez y sea Carlos Slim el más complaciente festejador de la independencia y la revolución, ya que de no haber existido un pasado emancipador, lleno hoy de corruptelas, traiciones, ambiciones desmedidas y mucha desigualdad social, no habría logrado nunca aspirar a encabezar la lista de los hombres más ricos del mundo; él sí que ha de tener muchísimos dólares para festejar.


Cada rostro en la calle es una interpretación de nuestro pasado, pero sobre todo, un símbolo del presente; donde nombres como los de Hidalgo, Morelos, Aldama, Allende, Madero, Zapata, Villa y hasta Carranza, han dejado de pertenecer a la lista de los santos laicos, y sus figuras plasmadas en estampitas ya ni siquiera tienen demanda en las papelerías, total, ya existe internet.

 



 
 

 

 
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