El cajón del desastre


Fritz Glockner

19/05/2009

PARA LEER


Se supone que el conocimiento nos llega a través de la lectura, incluso se ha llegado a subordinar y a menospreciara el resto de los beneficios que conlleva cuando se toma entre las manos un libro, que serían: soñar, viajar, imaginar y no sólo conocer.


Siempre he destacado la actitud libertaria que nos invade al ser niños y reconocer que hemos dejado atrás las cadenas del ser analfabetas, emocionados leemos todos los anuncios a nuestro paso, reconocemos la independencia que se ha logrado ya de los adultos por que ya se pueden descifrar los símbolos impresos, y de ahí en adelante se supondría que seremos dueños de las magníficas historias y anécdotas que antes dependían de la narración de hermanos, padres, vecinos, amigos, maestros; pero cual será la decepción porque no será así, ya que cuando se cree que se es libre para leer todo lo que nos venga en gana, comienza la tortura por alcanzar el conocimiento y las réplicas son constantes: “leer para aprender”, “lee para que seas alguien en la vida”, “si no lees no sabes” “si lees estarás informado”; sacrificando como ya mencione la opción lúdica, el sueño, la ilusión, las historias, la alegría por la vida y la literatura en pos del saber.


Lo académico toma la batuta y entonces se subordina el sueño al conocimiento, y claro la lectura obligatoria y, como actividad en general comienza a ser rechazada por niños, jóvenes y evidentemente adultos; esta premisa no tiene nada que ver con el exabrupto que algún día durante su periodo como Presidente de la República vomitara Vicente Fox a una señora que le reclamaba algo durante una de sus giras, y en un intento por desacreditar aquella versión le cuestiono que de dónde había sacado esa supuesta falsa información, para lo cual la señora replico que lo había leído, y el representante del estado mexicano no pudo responder nada más mediocre que algo así como: “señora mejor no lea para ser feliz en la vida”…


¿Recuerdan este bochornoso pasaje de la historia nacional? ¿Cómo fue posible que el Presidente de México dijera algo similar? O sea que para Vicente Fox la lectura sería no sólo la negación del sueño y la ilusión, sino que también la ausencia del conocimiento y peor aún, asimilar felicidad con mediocridad llegó a niveles deplorables.


Todas estas reflexiones vienen a colación por que durante la semana que acaba de pasar he quedado estupefacto al leer desde Dartmouth la prensa mexicana; primero porque la Universidad de Emory en Atlanta le otorgó el Doctorado Honoris Causa a ese personaje que plantea la no lectura para ser felices; claro está, investigando aquí y allá me he enterado que esa universidad gringa está financiada por la empresa refresquera Coca Cola y obvio, ¿cómo no alabar a un producto viviente de las aguas negras del imperialismo yanqui? Evidentemente no ser podría esperar algo mejor de los cocacoleros, pero imagino que más de un exalumno y tal vez parte de la academia de ese centro universitario estará apenado por aquella decisión ¿o ni siquiera?


Otra historia de ex presidentes mexicanos tuvo que ver con el primero “si es un transa, narco, desgraciado” que emitiera Miguel de la Madrid para con Carlos Salinas de Gortari, y unas cuantas horas después el: “ups, dice mi mamá, la cual ya no vive, pero me mandó a decir por la ouija que siempre no, que es buenísima persona, que el peloncín aquél me cae de pocas tuercas, o qué ¿dudarían de mi buena decisión de haberle dejado en mi lugar?”. Problemas de memoria, demencia senil, recuperación post traumática por una enfermedad que no tiene que ver con la gripa de Porky, en fin, que el ridículo esta colocado de nueva cuenta en los anales de la historia patria; ¿qué bella colección de ex presidentes tenemos verdad?


Por último leo que un comando de 80 sicarios logró la liberación de 53 presos de un penal en el estado de Zacatecas, gulp, ¿y luego dicen que se va ganando la guerra contra el narcotráfico?

 

Leer nos ofrece conocimientos, sin duda alguna, pero también información, la cual en ocasiones parece extraída de una fantasía calenturienta de algún escritor chaquetero, y afortunadamente sueños, ilusiones, fantasías que no habrá de subordinar por nada ni nadie, seamos alegres, pongámonos a leer un chingo de novelas…

 



 
 

 

 
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