El cajón del desastre


Fritz Glockner

22/04/2010

CARTA A JOAQUÍN


Estimado Sabina, ¿cómo dices que va la vida? Por acá las cosas un poco complicadas como habrás podido comprobar en esta visita que has comenzado a realizar por México promoviendo tu disco “vinagre y rosas”, del cual por cierto me encantó el homenaje que le haces al gran poeta Ángel González con la canción “Menos dos alas”, sin duda se nota la mano del poeta Benjamín Prado, buena mancuerna lograron.


Aprovecho la oportunidad de que andas por acá, y que tienes uno que otro cuate más que ingenuo para solicitarte que intervengas por nosotros los mexicanos; ya ves que a ti sí te hacen caso, y a los más de cien millones de mexicanos nos hacen a un lado.


Antes que nada está el caso de los niños muertos el año pasado en la guardería de Hermosillo, Sonora, a la fecha no sabemos nada de nada, no hay responsables, nadie ha pisado la cárcel, al parecer no existen responsables, creo que las madres y los padres de aquellos bebes ya desearían una invitación a comer para exigir que se les haga justicia.


Luego existen un sin número de casos de jóvenes ejecutados durante los supuestos enfrentamientos entre el ejército y el crimen organizado, curiosamente en la mayoría de estos siempre se ha dicho que los jóvenes eran delincuentes, para luego reconocer que no, que se trataba de personas responsables, buenos alumnos, hijos ejemplares y demás linduras, que de pronto pudiera haber existido un error a la hora de recibir la información y cajetearla calificando a los chavos de delincuentes es entendible, pero que esa haya sido la tónica en todos y cada uno de los casos, es indignante ¿no crees? Los padres de todos ellos quisieron invitarte unos tequilas también para ver si con tu música su dolor encuentra un poco de consuelo.


Para cerrar con broche de oro existe el caso de la familia acribillada arteramente por parte de elementos del ejército mexicano en una carretera de Nuevo Laredo, Tamaulipas, donde fallecieron dos niños de aquella familia, a pesar de que la camioneta que manejaba el padre de los mismos redujo la velocidad al encontrarse con el reten militar y a pesar de ello, una vez que hubieron avanzado, de manera absurda fueron bañados por grandes ráfagas de fuego, creo que para la familia Almanza sería absurdo imaginar el término ingenuidad luego de que sus hijos cayeron muertos ante las balas de los soldados mexicanos.


Así podría continuar enumerando diversos casos, ejemplos, citas, tragedias y demás situaciones, pero para que aturdirte si de todos modos ya se llevo a cabo el encuentro con tu amigo Calderón, no quiero imaginar que van a opinar el resto de tus amigos intelectuales, ya que en una entrevista comentaste que cuando vienes a México te gusta reunirte con Juan Gelman, con García Márquez y con Paco Ignacio Taibo, ojalá que a ellos no los hayas hecho a un lado por acudir a Los Pinos.


Pero bueno, ya que a ti si te hacen caso, y como la comida ya tuvo lugar, ojalá y que te des el tiempo para echarle una llamadita telefónica al ingenuo, incauto, inocente, candoroso o como muchos mexicanos lo consideran y que no lo bajan de tarado, por no incluir un calificativo más fuerte, ya que a final de cuentas es tu cuate y hay que respetar a los amigos de los otros ¿no?, a final de cuentas para eso estamos en un régimen de libertades, para que le recuerdes de paso todos los casos que te comento en los párrafos anteriores.


Pues bien mi estimado Joaquín, hasta aquí la petición, ya que como es clásico en la historia de este país, los mexicanos somos los únicos que no contamos con una embajada de México donde poder salvar la vida, como tampoco tenemos el espacio para que nos escuchen aquellos que dicen ser los representantes populares, y tu gracias a la guitarra y a tus letras has logrado cautivar a una docena de ingenuos, los cuales para desgracia de este país son los que toman en sus manos la aplicación de la justicia, las decisiones fundamentales de varios millones de personas, la conducción de la economía, la determinación de combatir lo incombatible, pero tienen la capacidad de cantar aún y cuando no lleguen ni la una o las dos, ni las tres y así hasta la eternidad numérica.


Recibe un abrazo fraterno.

 



 
 

 

 
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