El cajón del desastre


Fritz Glockner


LA ALCURNIA


Dicen Por ahí que Puebla es de las ciudades cuyos pobladores se la pasan más preocupados por sentirse de la realeza, que por cualquier otro problema nacional, como si eso fuera un problema; en alguna ocasión llegue a leer el resultado de una encuesta, en la que se planteaba que la mayor angustia, o mejor dicho, el mayor de los deseos de los habitantes de Puebla, tenía que ver con ostentar un apellido que diera alcurnia, que al pronunciarlo se sintiera que las campanas de la catedral sonaban, que los ángeles acarician las palabras, que los chiles en nogada se le deben a la receta familiar…


Los complejos por no haber sido la capital del país desde la época colonial aún siguen rondando por las esquinas de la ciudad y en el ánimo de los habitantes poblanos, tal vez y por ello el éxito de las diversas publicaciones donde se resalta la boda, el cumpleaños, los quince años, la diversión en el antro, junto con todas esas expresiones de las páginas de sociales, con crónicas al lado de Cuquis, Mago, Chonis, Luigi, para poder presumir que se estuvo ahí, que el roce social importa, aún y cuando no se tenga para pagar la cuenta, la renta, la tarjeta, la deuda de por vida.


Como diría mi amigo Moisés, esas publicaciones bien podrían ser la guía de los secuestradores, aún que apostaría que en más de una ocasión éstos se llevarían un chasco, por comprometerse a preparar un operativo en contra de alguien que no tuviera para pagar el rescate y oooohhhhh fraude.


Una señora de bien ver que lleva tres años radicando en nuestra ciudad ha padecido las angustias y frustraciones de los poblanos, las amigas han insistido en presentarle todo tipo de galanes para que reinicie una relación sentimental, la crónica de sus experiencias es un buen síntoma del porqué de pronto somos conocidos en el resto de la república como PIPOPES, y no precisamente por ser Piezas de Porcelana Perfectas; resulta que el primero le dijo que se preparara para irse al infierno, siiiiiiiiii, ese de diablitos, mucho calor y ausencia de aire acondicionado, por la simple y sencilla situación de que se ha divorciado en dos ocasiones; otro dejo de llamarle cuando se percató que estaba leyendo el best seller Código Da Vinci, uno más luego de hacerse pasar como español, seseando donde no debía, demostró su incapacidad para cambiar una llanta ponchada, por último hubo uno que presumió sus canciones en todo el trayecto. Aquella mujer cada fin de semana va al DF a narrar sus aventuras sentimentales con los poblanos del siglo XVI, aquellos que pareciera que ayudaron a los ángeles a trepar la campana María en la torre de catedral, o por lo menos su mentalidad así lo demuestra.


Por último, otra señal genial de nuestra ciudad, es como somos los únicos que ponderamos, condecoramos, reconocemos a los malos de la historia, existe una calle llamada Gustavo Díaz Ordáz, a pesar de la prueba histórica sobre el mandato de aquel tristemente poblano, de todos modos los actuales regidores se han negado a modificar el nombre de la calle, siendo estos tan cómplices y torturadores como aquel de boca grande, el centro de convenciones perpetúa el nombre de William Jenkis cuya fortuna creció a la par de la sangre derramada de cientos de campesinos, pero su trayectoria de charlatán, asesino, fraudulento y demás ya quedó en el olvido para convertirse en una finísima persona; Manuel Espinoza Iglesias es otro empresario cuyos bienes siempre tuvieron un origen poco honesto y sin embargo también se le recuerda en alguna que otra calle de la ciudad, total, ya entrados en gastos, ¿por qué no modificamos toda la nomenclatura y recordamos a Victoriano Huerta, Porfirio Díaz, Antonio López de Santana, Carlos Salinas, Carlos Slim, Vicente Fox? Total, si la alcurnia se alcanza a pesar de haber transado y la angustia es pertenecer a una supuesta élite social, sin importar el pasado, las acciones deshonestas, las transas y los asesinatos ¿qué más da?


Pobres angelitos han de estar llorando su desgracia luego de tanto esfuerzo.

 

    



 
 

 

 
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